La primavera, la podadora altera

En Zaragoza, como me figuro que en todas las ciudades, hay grupos de jubilados (invariablemente hombres, aunque me temo que seré una excepción dentro de veintipocos años) que ejercen, como es bien sabido, de vigilantes/asesores/comentaristas de obras. Hay otros grupos, sin embargo, quizá menos conocidos pero igualmente activos, de sólo comentaristas (o, al menos, no los he visto ejerciendo de otra cosa) adjuntos al ramo de Parques y Jardines. Son los que cada pre-primavera critican ferozmente el método –inapropiado a todas luces, según les oigo– que usan los responsables de la cosa en la Inmortal Ciudad para podar los árboles.

–¿A qué coño dejan esos chifletes tiesos en las ramas? Menuda mierda de árbol va a quedar en cuanto brote. Pa bien, eso es menester hacelo…

Y ahí, en la manera de hacelo, se enzarzan.

A los jubilados de mi pueblo jamás los he visto en tales menesteres. En alguna obra sí, pero en las podas no. Será que todos tienen huerto, que bastante curro les da eso, o que, si tienen tiempo libre, prefieren ir a un bar a echar una partidica.

Pero desde aquí llamo a la responsabilidad de esos cuerpos cívicos para que atiendan a la manera que tienen en mi pueblo de podar (o lo que sea) los árboles callejeros. Como si no tuvieran bastante, los pobres, con estar raquíticos (los árboles, digo):

Oigan, que llevan así ya un buen tiempo, ¿eh? Que luego, a los de pueblo, nos llaman “cabezas cuadradas” y nos cabreamos…

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