Cádiz, un descubrimiento

Todo el mundo habla bien de Cádiz, y yo no voy a ser menos. Para empezar, porque en mitad de la socarrina con la que nos atravesamos la Península casi de parte a parte, fue una delicia ver, conforme recorríamos los últimos kilómetros, que el termómetro iba descendiendo poquito a poco hasta quedarse en los maravillosos 27º con que nos recibió la ciudad. (En todos los días que hemos estado allí no subió de 29º: yo flipaba de haber ido a encontrar fresquito en Andalucía…).

Para seguir, porque la ciudad es verdaderamente preciosa. Blanca, señora, llenita de edificios hermosos con pequeñas torres que vigilaban la entrada y salida de barcos, porque mantiene la estampa de la época dorada que vivió en el siglo XVIII, cuando por ella pasaba todo el comercio marítimo con las Indias.

Yo me enamoré de la Caleta. Ni pisé la playa Victoria, que dicen que es “la buena”, porque me hice caletera la primera tarde y ya no quise salir de allí. Bañarte en un mar tranquilo, a la sombra del imponente y blanquísimo balneario de la Palma y el Real, teniendo a la vista el faro, el fuerte de Santa Catalina, las palmeras… no, no, no quise cambiar.

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Pero no sólo hubo playa. Cádiz tiene mucho que visitar, que pasear, que disfrutar. Y no estoy hablando aún del pescaíto frito…

Me dio la sensación de que Cádiz, su historia y su patrimonio, son grandes desconocidas en beneficio de las playas y porque no es Madrid, Barcelona o Sevilla, los grandes centros a los que se reduce todo, que parece que no haya nada más ni nada más merezca la pena, a no ser de manera anecdótica.

Pero Cádiz no es sólo la Constitución de 1812 (la preparación de cuyo bicentenario, por cierto, tiene fritos a los gaditanos como aquí estuvimos fritos en la pre-expo). Fue Gadir, y luego Gades, y una rica ciudad islámica, y vivió una turbulenta época en el siglo XVI por los ataques piratas e ingleses, que culminó con su destrozo en el “saco” anglo-holandés de 1596.

Estuvieron a punto de ordenar que se despoblase para fundarla en otro sitio, pero al fin pudo más el amor al lugar de sus gentes y gracias a eso pudo disfrutar de ese esplendor al que antes hacía referencia, cuando fue un centro mercantil de primer orden, llave entre América y Europa…

La ciudad invita a fantasear y a disfrutar, todo el rato. La gente es maja, dulce, va de buen rollo y pega la hebra con facilidad, cosa que me encanta. La relación es fácil y amable.

Por cierto, que tienen un logotipo, “Cádiz sonríe”, mucho más eficaz y bonito que el nuevo nuestro… y me jugaría el cuello a que les ha salido bastante más barato.

Dejo para el final lo mejor, y es que hice siete amigos. Por orden de aparición: María, Mercedes, Ana Mari, Jesús, Lucía, Carlitos y Rocío.

Qué lástima que esa tierra hermosa quede tan lejos de Zaragoza…

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4 respuestas a Cádiz, un descubrimiento

  1. laMima dijo:

    También nosotros volvimos enamorados de Cádiz el verano pasado…que delicia.
    A mí la capital me pareció especialmete hermosa..y, si, la Caleta es increíble jajaja y ¡muy familiar!.
    Yo me volvía de nuevo este año pero parece que nos toca ir para el norte, que también me apetece.
    Pero esa luz de por allí…mmm

  2. Zarkita dijo:

    Una preguntilla, si no te importa…
    Vamos a ir este verano con un peque de 9 meses a Medina Sidonia, donde tendremos el apartamento, pero quisiera saber si conoces playas con sombra para ir con él.

    Muchas gracias y un saludo

  3. suso dijo:

    Hola Mari, he vuelto a leer el articulo y sigo convencido de que deberian nombrarte Caletera Honoris Causa así que cuando me encuentre a Teofila por la calle se lo voy a proponer.
    Ahora lo voy a imprimir para llevarselo a mi madre y a mi abuela.
    Besos y recuerdos para todos.
    Jesús

  4. admin dijo:

    Suso, créeme que igual no había título en el mundo mundial que me hiciera más ilusión. Ya sabes lo que valoramos el mar las gentes de secano… y ese mar que acuna al sol todas las noches ante la ventana de tu casa, llenándolo todo de una luz dorada primero y luego roja, es una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida.

    Besos a María, un abrazo enorme para Mercedes, y un cariño laaaargo largo que llegue intacto hasta cuatro personas muy especiales en Puerto Real.

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