Protesta por el incendio en Tauste

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Lo repito, por si no se ve bien: la cita es el domingo, día 30, a las 11 de la mañana, en la Caseta del Jabalí, sita en el monte de Tauste.

(No hace falta GPS: se toma la dirección al cementerio y, en lugar de ir al cementerio, se sigue el camino en dirección al monte, que es ancho y con buen firme; tirar millas todo recto hasta que se ve, en el mismo camino, la indicación pertinente que pone “Caseta del Jabalí”).

Se trata de una concentración ciudadana, promovida por la propia gente, no por partidos políticos, ayuntamientos ni instituciones de ningún color (que lo que tendrán que hacer es reaccionar, responder, no movilizarse: eso lo hacemos los ciudadanos, justamente, para que ellos hagan algo).

La gente está indignada por cómo se han hecho las cosas, por el hecho de que el incendio, al iniciarse en zona militar, no se controlase a tiempo. Usté por aquí no pasa, quítese que ya lo apago yo, ponte bien estáte quieto, sí mi brigada… y aquí que nos hemos quedao sin medio monte.

Las cosas se han hecho mal y hay que decirlo. Y pedir responsabilidades.

Para la convocatoria se ha recurrido al viejo sistema de “corre la voz”, que ahora se llama “pásalo”. Estamos colaborando todos, en la medida en que podemos, para difundirla. Pero habrá que colaborar también después (sobre todo los que no podáis venir) para difundir el evento como noticia, de forma que se enteren bien tanto la ciudadanía como las instituciones.

Para que salga en la prensa, supongo que habrá que enviar una nota a EFE. Ajjjj…

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2 respuestas a Protesta por el incendio en Tauste

  1. marisa dijo:

    No puedo estar en la concentracion. pero creo que se deberia de convocar en las puertas del ayuntamiento o delegacion del el gobierno .la prensa mañana tendra otra noticia y de esto nada de nada . Hay que apretar las tuercas a los gobernantes para que pidan compensaciones ,un saludo

  2. F BERNA dijo:

    ¡Hola a todos, queridos amigos!
    ¡Muchas gracias por venir! Y no solo a mis paisanos de Tauste sino a todos los que compartís con nosotros este mismo horizonte desde otros ángulos, a la gente de Pradilla, de Remolinos, de Alagón y de Torres. Y a la buena gente de Zaragoza, también, y de Aragón entero, que ha seguido con dolor y rabia estos días las amargas imágenes del fuego en estas planas.
    Ha ardido nuestro monte, se lo han dejado arder como si nada y ni siquiera nos dejaron entrar a apagarlo hasta que era tarde, demasiado tarde, para todos. Mirad a vuestro alrededor ahora: ¿dónde está ese muro infranqueable que separaba nuestro monte del campo de maniobras? La ceniza se extiende uniforme a nuestro alrededor, negra y sucia, manchando por igual las vales y los cabezos a izquierda y a derecha. Los pinos están igual de calcinados en ambas laderas; las aliagas y las tamarices no se preguntaban, mientras ardían, quién tenía que venir a sofocar el fuego.
    Pero aquí había un bosque. Un bosque ralo, de carrascas bajas y resecas y de tomillos y de ontinas; un bosque duro y sediento, como es toda nuestra tierra, pero lleno de vitalidad y de futuro. Un bosque que heredamos de nuestros padres y que ya no vamos a poder legar a nuestros hijos. Vivimos en una tierra pobre, siempre lo ha sido, y no nos vamos a quejar por ello, como nunca lo hemos hecho, pero no vamos a dejar sin más que la desidia y el silencio nos arrebaten la riqueza que nos queda.
    Por eso hemos subido aquí arriba ahora. Para decir que no vamos a callar por más que se quiera que estemos callados. Que vamos a hablar por más que a quien manda no le interese escucharnos.
    El fuego de agosto pudo haberse evitado. Fueron la desidia, la irresponsabilidad y la descoordinación las que convirtieron un pequeño fuego en el interior del campo de tiro de San Gregorio en un pavoroso incendio que hubiera podido acabar con toda la sierra. Y lo hemos sabido desde el primer momento, aunque nadie fuera de aquí se haya atrevido a decirlo en voz alta.
    Quieren hacer desaparecer lo que ha podido verse en toda España y han decidido hacerlo con el disolvente más poderoso que existe: el silencio.
    Pero nosotros no vamos a callarnos, porque ese silencio sería culpable cuando el verano que viene, qué lo impide, tengamos que correr otra vez aquí contra las llamas.
    Parapetados en su impunidad, los responsables del campo de maniobras han intentado tergiversar lo sucedido, pero nosotros estábamos aquí y sabemos lo que ha pasado.
    Escondidos detrás de sus poltronas, ni siquiera aquellos que ocupan puestos de responsabilidad gracias a nuestros votos se han atrevido a venir a echarse la foto junto a la hoguera. Pero no los necesitamos, quienes teníamos que apagar el incendio estábamos aquí y lo apagamos sin ellos.
    Ahora quieren hacer creer que no ha pasado nada, que todo se arreglará, que no volverá a repetirse: pero nosotros vamos a seguir aquí para recordarles a todas horas lo que pasó, para comprobar que estas tierras vuelven a cubrirse de verde y para asegurarnos de que no van a seguir mandando si no cumplen sus promesas.
    Exigimos que el Ministerio de Defensa se responsabilice del adecuado mantenimiento ecológico del campo de maniobras así como que se haga cargo de todas las labores de reforestación de la superficie quemada y de la compensación adecuada a los ayuntamientos afectados.
    Y sobre todo exigimos que el Departamento de Medio Ambiente se responsabilice de la correcta intervención en la extinción de incendios en toda la superficie arbolada por encima de cualquier otra consideración.
    Pero queremos también disculpas: disculpas por la imprudencia cometida por parte de los altos mandos del campo al permitir la extensión y descontrol del incendio; disculpas por parte de las autoridades políticas del Ministerio de Defensa por los daños y el peligro causado a las localidades afectadas; disculpas por parte de las autoridades del Gobierno de Aragón por la manifiesta descoordinación inicial en las labores de extinción.
    Y por último Gracias. Gracias a todos los profesionales, militares y civiles, y a todos los voluntarios. Por eso quisiera para terminar que diéramos todos un gran aplauso a quienes en esas amargas horas estuvieron aquí combatiendo al fuego. Y un gran aplauso para todos nosotros, que no vamos a olvidar lo que ha pasado y vamos a conseguir que estos tristes campos de ceniza y polvo vuelvan a ser el Monte Alto que todos conocíamos desde la infancia.
    ¡Gracias!

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