Madres y padres que trabajan

Soy de las que opina que aquello de la “liberación de la mujer” que se llevaba en mis tiempos ha resultado una engañufla. Pero no porque el hombre no “colabore” en las tareas del hogar (al menos, por lo que veo en mi variopinto entorno) sino porque la incorporación de la mujer al mercado laboral ha conducido a una realidad, la actual, que consiste en que, en una familia, o trabajan el marido y la mujer o no se sale adelante.

Eso, en general. Claro que hay excepciones, familias en las que un sueldo basta. En mi entorno ya aludido hay algunas: cuando el marido (en lo que yo conozco, es sólo el marido) tiene un trabajo bien remunerado, tipo electricista o labrador que te cagas. Fuera hay casos más espectaculares y bastante más “cool”, pero que sólo me llegan por referencias: ejecutivos y empresarios potentotes, y tal.

El resto, a currar los dos tocan, y no para pagarte un chalé en La Moraleja, sino para llegar simplemente a fin de mes.

Cuando yo era pequeña, la mayoría de las madres no trabajaba. Fuera de casa, quiero decir. A lo sumo, “hacían horas” en tal o cual sitio. Sólo en circunstancias en que la familia se encontraba en una situación verdaderamente mala, la madre se veía obligada a trabajar full time, y eso con suerte.

No niego que haya gente que se deja devorar por el consumismo y quiere siempre algo más y mejor, y se mete en una rueda estúpida en la que se sacrifica a la apariencia lo verdaderamente importante. Pero, para muchísima muchísima gente, la mayoría, eso no es así. En una pareja, trabajan los dos para pagarse la hipoteca y cubrir los gastos normales del mes. Punto pelota, y gracias.

Por eso me jode especialmente el bombardeo que sufrimos cotidianamente los padres trabajadores sobre el “abandono” de los hijos. Resulta que no pasamos con ellos el tiempo que necesitarían. Vale. Seguramente es así, y es una consecuencia muy negativa del modo de vida actual. Pero del modo de vida actual no somos responsables (o no sólo) los probes mataos que hacemos malabarismos para llegar a todo… y no nos quedan más opciones.

Del bombardeo al que me refería antes pongo tres ejemplos, sólo de esta semana:

1. Intentando ser una buena mamá que se preocupa por que sus hijos lean (u oigan leer, que la Julia todavía no sabe), me fui a la biblioteca el otro día y cogí, con mis chicos, varios libros para darles un tute esta semana. Uno de ellos se titulaba Papá y mamá son invisibles (ed. Bruño, autor Alfredo Gómez Cerdá). Juro jurico que no lo cogí con mala baba. Pero resulta que es el típico libro escrito para padres, no para niños, con la consabida moraleja de que los primeros, hoy por hoy, abandonan a sus hijos. Y se insiste varias veces en que los padres del protagonista están todo el día trabajando y dejando solo a su hijo porque viven en una casa muy buena y tienen que trabajar mucho para poder pagarla.

A Alberto, el niño protagonista, sus padres no hacen más que dejarle post-it por toda la casa diciéndole lo que tiene que hacer; o llamándole por teléfono explicándole que van a llegar más tarde porque tienen mucho trabajo, y es que tienen que pagar esa casa buenísima y carísima de la que disfrutan, con todo tipo de comodidades y estupendos sofás de piel.

Sí, es una suerte tener una casa como la suya. Papá y mamá se lo repiten a menudo. Lo malo es que ellos tengan que trabajar tanto para poder pagarla. (p. 57, pero hay referencias a lo mismo a cada rato.)

Lo suyo, y se lo dicen sus padres por teléfono, es entretenerse jugando con los juegos del ordenador o viendo la tele.

Además, no quieren que Alberto se quede con los abuelos:

Algunos amigas y amigas de su colegio se quedan en casa de los abuelos. Sus padres, sin embargo, dicen que los abuelos están anticuados, que son maniáticos y autoritarios.

La opción de los abuelos parecería buena, pero estos padres estalentaos que sólo quieren una casa grande y estupenda tampoco la contemplan.

Hay moraleja. Para los padres, claro; porque dudo de que ningún niño se trague ese pedrusco. Y se refuerza con las actividades de comprensión lectora que hay al final del libro, porque hay actividades de comprensión lectora al final del libro. Que refuerzan la idea de los padres abandonadores, obviamente.

2. Hay powerpoints que circulan por ahí con el mismo tema:

con quien

Donde se nos recuerda, a més a més y por si no había quedado claro: “Los niños, más que casas grandes, necesitan afectos grandes”.

No hago comentarios sobre este power point porque me pasaría tres pueblos, me temo.

3. El País, este sábado, nos advierte de que dejar a los niños con los abuelos tampoco es una buena opción. Que no les dejamos disfrutar de su tiempo libre (a los abuelos), dicen; ni pueden ir al cine, viajar con el Imserso, ver a los amigos o realizar otras actividades propias de “personas mayores implicadas”.

Se califica a las abuelas de “abuelas-esclavas” y se dan ejemplos de yayas que han de hacerse cargo de seis nietos (no habrá muchas con esa cifra de nietos, me atrevo a aventurar, dados los bajos índices de natalidad… de los que también nos acusan un día sí y otro también).

Se trata de un fenómeno que, según la articulista “se ha disparado hasta tal punto que algunos expertos alertan de que se están rebasando los límites”.

Me pregunto qué límites. ¿Alguien acierta a identificarlos?

Sobre todo, cuando se afirma que esas abuelas

no confiesan que están agotadas o que la carga les supera. Sin estar cuantificado [sic], diría que es una situación cada vez más frecuente, aunque las abuelas no lo verbalicen o traten de justificar a sus hijos hasta no poder más. (Joaquín Ibarra, pediatra).

O sea, que las abuelas no se quejan, pero se quejan los pediatras. Y es que la abuela víctima del “síndrome de la abuela esclava”

llega a la jubilación, el momento de pasear y viajar, pero se ve abocada a cuidar de sus nietos para que sus hijos puedan trabajar y ahorrarse el canguro.

Vaya: el asunto es que los hijos son unos roñosos, no quieren pagar canguro y abusan de las yayas.

Pero el problema no son sólo las abuelas que no pueden pasear y viajar, o “implicarse”, sino que se trata además de la educación de los niños. Según Úrsula Oberts, profesora de Psicología de la Ramón Llull,

Si los padres dejan la educación en manos de los abuelos, algo no funciona. [...] Los padres deben recuperar un papel más activo en la educación de los hijos.

Que me digan cómo.

Hala, ahí dejo la pregunta al aire, por si algún psicólogo, pediatra, pedagogo, periodista, sociólogo, médico, político o experto en algo, en general, tienen a bien darme una respuesta.

———————————–

Yo no tengo abuelas de las que echar mano. Mi madre murió hace cuatro años y mi suegra vive a 42 km. Les pedimos auxilio a ella o a mi padre, que vive a la misma distancia (en el mismo pueblo), cuando los críos se ponen malos y no hay otro remedio. (Ellos, encantaos, he de decir.)

Lo hacemos cada vez menos, eso sí: con siete y cuatro años que tienen mis rorros, va pasando ya la época en que ver una moquita saliendo de una naricilla es un problemón familiar. Pero hasta hace poco…

Ojalá hubiera podido tener a mi madre para dejarle a mis críos cuando me hubiera hecho falta: sé que los tres habrían sido inmensamente felices.

EN FIN, dejadme que vuelva a hablar de mi entorno, que sociológicamente podría ser válido ya que es más o menos medio normal:

–Trabajamos porque nos hace falta, y no porque queramos una casa tipo “copón con ruedas” o para comprarle al niño la última consola de diseño (monotema muy del gusto de algunas publicaciones tipo XL Semanal, que de vez en cuando premia cartas sobre el particular de una misma señora, que las guardo).

–Las madres que pueden contar con las abuelas no se sobran: por lo general, acuden a ellas cuando los críos están malos; y si lo hacen de seguido en los tres primeros años de vida, no es porque quieran ahorrarse la guarde o el canguro, joder. La guarde la pagas igual, pero se ponen malos TAN A MENUDO que no sirve de nada. Y si puedes contar con tu madre, dejas a tu hijo en sus brazos, simplemente.

–La yaya, en esas ocasiones, está de acuerdo o no hay caso. Y, en cualquier idem, sus posibilidades de pasear, viajar, ir al cine, estar con los amigos o “implicarse” en algo se ven mermadas, que no anuladas, durante , como máximo, dos años y medio… ¡A TEMPORADAS!

–Antes, ya va dicho, las madres no trabajaban salvo que fueran pobres de solemnidad (caso que no contemplan nunca los habladores acusadores, aunque los había a porrillo desde los tiempos de la Revolución Industrial; y si no, léanse a Dickens). Pero las yayas “se implicaban” con la crianza casi casi full time. O bien vivían todos juntos, con lo cual eran los yayos (y no sólo la yaya) los que se encargaban de los purruches, por definición; o bien vivían cerca y allá que se iba la madre con los pedugos a casa de su madre, o era ésta la que se pasaba el día cuidando de los chicos para que la hija limpiara, guisara, planchara, cosiera y lavara para tenerlo todo a punto. Que no trabajaba fuera de casa, pero dentro de casa tenía faena para dar y tomar, del punto de la mañana a la anochecida.

–Jugar con los chicos, en esos tiempos, era para los padres algo que simplemente ni se planteaba. Ayudarte en los deberes, menos: a la que sabías leer y escribir y hacer cuentas, ya superabas lo que ellos sabían: se acabó la ayuda.

EN FIN OTRA VEZ: que o nos dan una solución para que las familias podamos sobrevivir trabajando sólo uno de los dos progenitores, o dejen de dar po’l saco los sicólogos, reporteros, autores de libros infantiloides y otros sabihondos de tres al cuarto, que los padres bastante tenemos con salir adelante, con nuestros hijicos, dignamente.

E insisto en que estoy hablando de mi entorno “normal”. Que como les vayas con este cuento a las familias de inmigrantes donde los dos padres trabajan en lo que pueden y generalmente en horarios imposibles, sin opción a yaya y puteaos, es como para que salgan con un bazooka contra toda esta panda de vestales ofendidas y guardianas de las esencias desde un despacho bien pagado y con el culo reposao.

Hombre ya. Que se vayan a cascala, joder.

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22 respuestas a Madres y padres que trabajan

  1. laMima dijo:

    Amén, amén y recontra-amén, ya sabes que comparto contigo este mosqueo.
    Lo de los cuentitos con moraleja me parece hasta irresponsable, mira tú, pero lo mejor es cuando una se pone a recordar “todo el tiempo que nuestros padres nos dedicaron a nosotros. Tareas escolares incluidas (y aquí se me afliaría más el colmillo si lo dejara…pero para otro día).” Anda que…
    Lo del abuso de los abuelos existe, me consta algún caso cercano realmente sangrante, pero no creo que sea para dictar norma en los términos que se leen por ahí (anda que no le gustaría a mi madre poder estar aquí con niños de verdad..), que ya se sabe que el sentido común es el menos común de los sentidos.
    Te ha faltado hablar (claro, aún no has llegado) de esa nueva generación de mamás que han podido quedarse en casa cuidando de sus hijicos (y tomando café después de dejarlos en clase, y tres días de gimnasia o piscina a la semana, y quedando divinamente con la profesora porque son las que se pueden quedar a las 15,30h. para darle el regalo, y otro café mientras los peques están en las extraescolares… …) y que ahora, con los mocosos en el instituto, están pensando incorporarse al mercado laboral. Media jornada, ya sabes, cuatro horicas por la mañana para que les de tiempo a hacer la comida. Y te miran (20 años pringada a jornada partida) como si les debieras algo…”chica, mira a ver si sabes de algún sitio, que vosotras lo copáis todo”..grrrrr

  2. unjubilado dijo:

    Estoy de acuerdo con todo. Mi mujer y yo, hemos trabajado toda la vida hasta que nos hemos jubilado, por supuesto hemos vivido todos esos momentos que nos cuentas.

  3. elbarzal dijo:

    Hay una especie de complot para destrozar a los padres y madres: a trabajar como condenados los dos toda la puñetera vida para pagar la hipoteca y encima tener que oír que desatendemos a los hijos. El caso es que se machaca a los padres, se potencia su sentimiento de culpa, pero no se da alternativa viable. O sea, que es sólo pa joder, para que nos sintamos mal. Yo me sentí muy mal muchos años, con el mayor, porque tenia un horario laboral infecto, de llegar a casa justo para ponerlo a dormir, si llegaba. Eso lo he podido resolver a costa de trabajar en algo que no me llena (el caso es joderse, cuando no por un lado, por otro). Aunque lo prefiero. Pero me sigue poniendo enferma esa moralina y esa constante demonización de los pobres padres desgraciados, que además de soportar largas jornadas laborales, tienen que aguantar los sermones estúpidos de “reader digest” ( que tampoco hemos evolucionado mucho) sobre el tiempo
    que no pasan con sus hijos.
    Y sobre moralinas, coincido en lo de los libros infantiles. ¿Para quién narices escriben los libros?? para los niños no, y para fomentar su gusto por la lectura, menos. Yo disfrutaba con mi bocata de chorizo leyéndome Los cinco, Los siete secretos… Joer y ahora vas a la biblioteca y te encuentras con títulos del tipo: “Papá y mamá se han separado”, o “Mamá tiene un amigo”. ¡Pues que se lo explique ella, no el cuento!.
    ¿Pero esto que és???. Y no les des bocata de chorizo, que fomentas la obesidad infantil. Que poco avanzamos, rediós.

  4. Antonio Guijarro Morales dijo:

    SÍNDROME DE LA ABUELA ESCLAVA:
    A veces la propia familia (hijas/os, nueras/yernos e incluso nietos) ejerce sobre sus madres/suegras/abuelas tal grado de violencia/explotación que las conduce a la enfermedad e incluso a la muerte. Las propias mujeres agredidas en estos casos tienden a ocultar o negar la situación por vergüenza, excesiva dignidad y rechazo a acusar a su propia descendencia. Prefieren autoinculparse, atribuyéndose haberlos educado mal y ser incapaces de oponerse a su “esclavitud admitida”. Esto se conoce desde 2001 como “Síndrome de la abuela esclava”. (de Wikipedia)

    BIBLIOGRAFIA:
    – Antonio Guijarro Morales, El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del Siglo XXI. Grupo Editorial Universitario. Granada 2001. ISBN 978-84-8491-124-1.
    – M. Núñez Bello, “Maltrato, la vejez agredida (informe). Sesenta y más (Imserso). Publicación del Ministerio de Educación, Política social y Deporte. Secretaría de Estado de Política Social. Número 272 / 2008, págs 48-53. NIPO: 216-08-017-4.
    – M. Tabuerna Lafaña, “Los malos tratos y vejez: un enfoque psicosocial. Intervención Psicosocial vol.15 no.3 Madrid 2006. ISSN 1132-0559

    El SÍNDROME DE LA ABUELA ESCLAVA en Internet: entre otras numerosas páginas no deje de consultar:
    http://personales.jet.es/aguijarro/abuela

  5. admin dijo:

    Antonio Guijarro: no digo que el síndrome no exista. Como ve, otra madre por ahí arriba (mi querida LaMima) hace referencia a que conoce casos sangrantes. También existen los malos tratos a menores, los robos a mano armada, los asesinatos y violaciones… pero estamos hablando de una generalización que me parece excesiva.

    Usted mismo lo califica de “pandemia del siglo XXI”. También me parece una calificación excesiva.

    En cualquier caso, lo que yo pido es que se explique qué opciones tenemos. Porque cualquiera de las que existen, o que yo conozco, son machacadas sistemáticamente por periodistas, pediatras, psicólogos, pedagogos y otros especialistas.

    Con lo cual, como dice ElBarzal ahí arriba también, lo único que conseguimos es que los padres nos sintamos culpables, fatal, malos de la muete.

    ¿Existe el síndrome del padre machacado, agobiado, culpabilizado de todos los males de la sociedad? Porque yo lo detecto…

  6. Nianankoro dijo:

    Lo que hay es mucho listo con pocos quehaceres que dicta sentencia a la mínima sin talento ni consideración y aquí se incluye a los que citas en el post -periodistas de tres al cuarto, expertos en las más variadas ramas de la ciencia y el estudio y otros seres que no calificaré, que me pierdo- Lo que falta en la educación, como en la vida, es más sentido común, ¿o creen estos sentenciadores que no nos preocupamos de nuestros hijos, que trabajamos por afán de poseer? Venga ya, que la gente normal no somos así. Vale de generalizar.

  7. Roberto dijo:

    Mari, mi madre murió con 50 tacos. Antes de que nacieran mi hija Carmen y mi sobrina Irene. Sólo conoció a mis hijos Roberto y Laura. Los tenía en Málaga, así que los veía poco. No sé qué hubiera dado ella por haberlos tenido más.
    Carmen y yo trabajábamos los dos. Nos lo montamos como pudimos. Y mis hijos, hace poco me lo dijeron -estuvieron los tres por aquí conmigo-, dicen haber estado bien, no nos reprochan soledades y cosas de ese jaez (no veas el alivio que me produjo oírles decir que sentían que lo habíamos hecho bien).

    Han cambiado los tiempos, las cosas, las penalidades económicas, las hipotecas. Muchas costumbres. Y han cambiado las percepciones, velocidades y modos de desembolicarnos.

    No sé qué fórmulas serían de aplicación en tu caso. No sé de esos libros -te conozco y estoy seguro de que te has cabreado con razón con ellos, aparte de que, con las muestras que has expuesto, me hago idea de la sinrazón en todos los sentidos de su publicación-. Sí que te digo, y espero que no lo tomes como añadido al entendido por ti como discurso culpabilizador, que lo que dice Antonio Guijarro es cierto. No he leído su libro, pero que existe el asunto es verdad. Que no es cosa nimia, que no es desdeñable. No sé hasta qué punto es una generalización (¿quieres decir exageración?). No creo que sea exagerar que se detecte un problema. Quizá sea pasarse decir que es una pandemia, en eso estoy de acuerdo, pero que, puesto que es un problema -como lo son los que tú señalas y otros más-, también, lo mismo que el que a ti te ha provocado escribir, merece ser tenido en cuenta y atendido.

    Y que conste que no me afecta directamente lo que aquí se ha expuesto, lo de los padres que trabajan ni lo del síndrome de la abuela esclava.

    Probablemente no sean independientes ni lo sea su solución. Habrá que pensarlo.

    Un beso… y mucho ánimo

  8. admin dijo:

    No, Roberto, no digo que sea una exageración; digo que no se puede generalizar. Hay que dejar las cosas en su punto justo. Ahora va a parecer que si pides ayuda a los abuelos eres un malvado que abusa a tope por no gastarse unas perras y que conduces a tus padres al suicidio. Tengamos un poquito de cuidado, joder, que estamos demasiado presionados los padres, también.

    Hoy por hoy, los padres “normales” no tienen tiempo para ellos: o trabajan o atienden faenas de casa o atienden a sus críos. Y aun así, son los culpables de todo tipo de males:

    –de abandonar a sus hijos y de sobreprotegerlos, a la vez;

    –de dejarles ver la tele, de convertirlos en consumistas, consentidos, caprichosos, violentos, indisciplinados, maleducados, irresponsables, descarados, futuros delincuentes;

    –pero también de abusar hasta la muerte de los abuelos;

    –pero también de aparcar a los chicos en las guarderías desde que sólo tienen meses;

    –pero también de tener en condiciones precarias a los canguros, sobre todo si son emigrantes;

    –pero también de no rendir en el trabajo porque las madres nos ausentamos cuando tenemos que ir al pediatra o a las reuniones escolares;

    –pero también de dar poca valoración al trabajo de los maestros porque no nos implicamos en la vida y las actividades de la escuela;

    –pero también de tener niños obesos porque les damos chuches o meriendas a base de bocatas de chorizo;

    –pero también de agotar a nuestros hijos hasta la extenuación porque los apuntamos a extraescolares;

    –pero también de no enseñarles a aburrirse, con lo cual serán de mayores unos desgraciados que no sabrán tener tiempo libre;

    –pero también de…

    ¿Es suficiente, o sigo? Porque podría seguir un rato largo todavía, créeme.

    Y se acaba agobiando y machacando justamente a la gente que pretende ser responsable y que se preocupa por hacer las cosas mínimamente bien; que a los que pasan de todo, todo esto se la reflanflinfla, y ni se leen nada ni les importa todo esto un rábano.

    Así que, ¿qué conseguimos?

  9. Roberto dijo:

    No tengo intención de darte caña, Mari. Os conozco a ti y a Quino y sé que no sois de “los que pasan de todo, todo esto se la reflanflinfla, y ni se leen nada ni les importa todo esto un rábano”. Lo más probable es que sean ésos los que más tengan que ver con el síndrome de la abuela esclava y otras cosas que has dicho -si no todas-.

    Creo que te sientes agobiada pero no debieras sentirte machacada: no conozco yo quien diga -y no creo conocer ni poca gente ni sólo rara- que quienes obráis como vosotros lo hacéis lo hagáis mal, ni provoquéis síndromes raros a abuelos o a hijos. No debieras sentirte aludida, amante. También Rajoy dice que, porque hubo gente protestando en Madrid el domingo, las cosas hay que hacerlas como esa gente pretende… (bueno, dice pretender).

    Insisto, ¿vas a hacer caso de según qué cerebros? Tú -vosotros, vosotros dos, al menos- a lo vuestro: al fin y al cabo, el cabreo y los planteamientos que te haces dicen mucho de vosotros… a quienes no os conozcan. Está bien que lo manifiestes. Y que denuncies las tropelías que se cometen publicando de determinadas maneras ciertas cosas. Pero, luego, te sentará bien relajarte. Se puede y se debe hacer.

    ¡Vehemente, que eres una vehemente!

  10. Santi dijo:

    mire usted que, habitualmente, estoy de acuerdo con sus escritos, pero este, este, merece ser enmarcado.
    Y se lo digo desde el conocimiento, porque cumplo con todos los requisitos para ser padre invisible, esclavizador de abuelas, y abandonador de hijas.
    Claro, porque vivo en un adosado (que me costaba menos que un piso en Zaragoza), y tengo un coche de casi diez años, porque las abuelas viven más o menos cerca, porque trabajo en una empresa familiar, que ni entiende de horarios ni de festivos, porque mi hija tiene una ps2 que sólo he utilizado yo una vez, porque prefieren salir al patio a jugar con los vecinos. Claro, perdón, si viviéramos en un piso, seguramente no les dejaría salir a jugar a la calle….
    Es cierto todo lo que apuntan pedagogos, psicólogos, periodistas y otras hierbas. Si gracias al euribor (y a la madre que los parió) tengo que dar la mitad de mi sueldo al banco (para que se cobre dos veces, o más, el dinero que me vendió para comprar mi casa), es lógico que con un sueldo no lleguemos. Como, además, el mileurismo es una entelequia, ya que pocos sueldos pasan de 800 € (en comercio es casi el mismo sueldo desde hace ocho años, y los funcionarios, algunos, se quejan de la congelación), pues ya ve usted, haciendo malabares.
    Y, claro, las malditas extraescolares, ¿para qué las queremos? si con el sistema educativo que tenemos, nuestros niños van a salir hablando un idioma y tocando tres instrumentos (o al revés, que lo mismo va a ser).
    Pues eso le decía, antes de perderme en divagaciones, que a mi, los manuales para ser mejor padre, me cabrean. Hasta la supernanny me pone, de mala leche, quiero decir.
    Que a mi me crió mi abuela, y tan tonto no he salido.

  11. Entrenomadas dijo:

    Recuerdo siempre a mis padres trabajando, pero he tenido suerte. Mi padre era sastre y tenía el taller en casa y mi madre trabajaba allí todas las tardes. Los veía al marcharme al cole, al regresar, al merendar y al cenar. Ahora que lo pienso he tenido mucha, mucha suerte. Daría todo por volver a vivir una de esas tardes de taller con mi padre. Lo daría todo.

    Me has dejado rizada con este post.

    k,

    Marta

  12. admin dijo:

    Querido Roberto: ya ves que hay más padres como yo, que se quejan de lo mismo. No es que me sienta especialmente aludida con todo lo que se publica por ahí; lo que me fastidia es la generalización, es ese “en la sociedad de hoy pasa esto y lo otro porque los padres…”. Jopé, que ya sé que hay padres pa echarles de comer aparte; pero también hay médicos que lo mismo, y maestros, y jueces, y dentistas, y agricultores, y de todo. Los ha habido también en otros tiempos, y los habrá. Pero pontificar de esa manera, criticando a bulto y en general, la verdad, me parece muy injusto.

    Nianankoro, Jubi, LaMima, Santi, ElBarzal… ¿a que es un agobio?

    Y bueno, claro que me relajo, claro que sí. ¿Sabéis cuál es la mejor manera? Estar un rato haciendo risas con mis chicos, que son un cielo.

  13. admin dijo:

    Marta hermosa, creo que entiendo bien tu nostalgia de aquellas tardes de taller. A mí me ataca cuando me oigo decirles a mis críos las mismas ternuras que mi madre me decía a mí, con las mismas palabras.

  14. angel dijo:

    os recomiendo un libro. se titula “la cultura norteamericana contemporánea. una visión antropológica” y lo escribió marvin harris en 1981. ya hace casi treinta años este antropólogo describía la gran estafa que nos hemos comido alegremente; en los años cincuenta y sesenta en usa con un sueldo una familia podía mantener tres, cuatro e incluso más hijos y darles una educación universitaria sin hipotecarse para toda la vida. la entrada de la mujer en el mundo laboral se vió acompañada por una brutal precarización en los puestos de trabajo y por una pérdida del poder adquisitivo galopante que hizo que a mediados de los setenta ya eran imprescindibles dos sueldos en una familia de, como mucho, un par de hijos a los que a duras penas se podía pagar una educación no universitaria. lo mismito que vivimos aquí ahora y, encima, con unos mierdas de políticos empeñados en privatizar sanidad, educación y todo aquello que pueda sangrar al sufrido currito.
    pues eso, que lo que cuentas es tan cierto y deprimente que resulta muy masoca ir encima zahiriéndonos como si encima tuviéramos toda la culpa de semejante cabronada. salu2, angel.

  15. admin dijo:

    Joer, gracias, Angel. Pero es que lo fácil y “quedón” es cargarle la culpa al de las espaldas anchas, esto es, al ciudadanico indefenso. Besos grandes.

  16. ¡Padres y madres del mundo! no se preocupen. Si dedican poco tiempo a sus hijos, cuando sean mayores les echarán en cara que sufrieron el abandono paterno; si están todo el día encima, les echarán en cara que eran unos padres absorbentes y repesaos. No hay nada que hacer, es un asunto generacional.
    Lo que me preocupa es lo pesaos que están los medios con lo de los niños. Claro, que no soy padre y no siento lo que sienten los padres por sus hijos (la de veces que me ha tocado oír eso), pero para mí un niño es un cachorro de humano, un preadulto, no más, y los pensantes sociales modernos nos quieren convencer de que son un ente especial, un regalo divino al que hay que comprender día a día como si fuera un marciano recién llegado del espacio exterior. Son niños, cachorros, bestezuelas pardas que hay que domesticar (y amaestrar, y así hagan esto y lo otro) para que se conviertan en adultos provechosos. Este siglo que nos toca nos está llevando a una «infantilización» de todo (el otro día pasé unos sudores malos intentando comprender cómo hay tanta cantidad de humanos adultos que se emocionan con pelis como la del Benjamin Button o con El niño del pijama de rayas. Yo creo que nos estamos atontando, que cada día vamos a peor, cada año más tontos, más infantiles, más tochos, más apamplinaos). Decían que venía el milenarismo y lo que viene ¡Es la neotenia! ¡¡¡Huyo!!!

  17. Miguelgato dijo:

    ¡Joder! tengo que confesar que he tenido que mirar neotenia en la wikipedia, pensaba que era alguna variante nueva de la solitaria que nos infectaba volviéndonos mas tontos todavía. La amplitud de su lenguaje asusta así al pronto.

  18. Mamen dijo:

    Casi no te has dejado nada jaja. Sólo dos cosas que me salen espontáneamente de tu escrito… No se debería trabajar solo para pagar la hipoteca, necesario, casi prioritario, vale, si no quisiera ir un poco más allá: trabajar por el puro derecho a desarrollar todas tus capacidades como persona, para lo que te has formado y crees que puedes contribuir a la sociedad. Así lo creo. En otros países, desde el Gobierno, lo tienen muy claro y existe un apoyo no sólo económico, a este derecho fundamental.
    Cuando se dice que no se atienden a los hijos, lo miro siempre desde la óptica de la calidad…cinco minutos, o el baño, o el llevarlos a la cama, el momento del cuento, al preguntarles qué tal con sus compañeros de clase, si se lo ha pasado bien, si ha aprendido algo nuevo, sea con los abuelos o con los padres, que sean momentos familiares, íntimos…en un ambiente medianamente “normal”, mientras no haya nada exterior que lo impida. Y seguramente, las personas que lean este comentarion pensarán, “pues claro, vaya novedad”, pero cuando estás a diario con muchas familias de muchas edades y situaciones, te aseguro que no es tan habitual esa “calidad”
    Buena semana
    Un abrazo

  19. Badil dijo:

    Solo una cosa tengo que decir.
    Esto es la suma de la iglesia y el Mercado.
    Sólo si somos unos jodidos pecadores e inútiles conscientes se nos pueden vender libros, cursos, terapias, especialistas, fascículos o papeles pintados tranquilizantes para las paredes del cuarto de baño. que también tenemos la culpa del estreñimiento y la diarrea propios y/o ajenos.
    ¿O cree que algún padre o madre egoísta, abusón y desidioso va a leer ni siquiera una sola línea de todo eso?.
    Ya lo he dicho.

  20. Santi dijo:

    Tras escribir mi comentario, reflexioné un poco (ya sé que se suele hacer al revés, pero soy muy desordenado con mi vida interior).
    Cuando me iba al cole, mi padre no estaba en casa. Andaba volviendo de viaje con el camión.
    Cuando llegaba del cole, mi padre estaba en casa. Pero estaba durmiendo, que tenía que salir de viaje con el camión.
    Los sábados por la mañana, mi padre se iba a preparar el camión para el resto de la semana. Los sábados por la tarde me llevaban a los boyscaus.
    Los domingos por la mañana, mi padre dormía un “ratico más”. Los domingos por la tarde se iba a ver al Zaragoza, volvía, cenaba y se marchaba con el camión.
    Y, aún así, recuerdo con mucho agrado los pocos raticos que pasábamos juntos. El único problema es que empecé a recordarlos con agrado después de cumplir treinta años.

    La anécdota: hace años, dirigiendo un campamento, escuché a una niña de unos diez años decir: “Cuando vuelva a casa voy a joderles las vacaciones. A ver si se piensan que me van a educar por correspondencia”.

  21. María Elena García dijo:

    Para los que valoramos el tiempo!!, en España una asociación está luchando por cambiar la jornada laboral a un máximo de 8 horas de trabajo, van a presentar la propuesta al congreso y ahora están reuniendo firmas, os paso el el link donde hay que firmar http://www.horariosenespana.es/manifiesto/firma.php , también hay un grupo y perfil en Facebook se llaman Manifiesto Horarios Racionales

    Saludos,

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