El deporte de quemar libros

xerif aledris, portada

El arabista Josef Antonio Conde publicó en 1799 esta traducción de la Descripción de España, del geógrafo árabe al-Idrisí. Tiene cosas sabrosas, de las que he seleccionado tres, que pondré en tres posts. La primera va en la introducción y es el fragmento que sigue, sobre el ameno y recurrente deporte de quemar libros.

La excelente lengua de los Árabes, que llegó á ser casi general en España por algunos siglos, y se hablaba en las riberas del Guadalquivir y del Tajo con la misma elegancia que en el Yemen y á las orillas del Diglat, se fué extrañando de nuestra Península con el imperio de los Musulmanes; y la enemistad y el odio de nuestros antepasados con los Moros, fomentado por el indiscreto zelo de algunos Prelados eclesiásticos, no quedó satisfecho hasta que arrojó de entre nosotros las miserables reliquias de la gente mora (en la expulsion de los Moros del año 1525, y en la de los Moriscos en el de 1614), y al mismo tiempo la industria y población de nuestros lugares, y la agricultura de nuestros campos.

Del olvido é ignorancia de esta antigua y preciosa lengua nacieron aquellos extraños decretos del Cardenal Ximenez de Cisneros, tan fatales para la literatura oriental (de orden del cardenal Cisneros se abrasaron más de ochenta mil volúmenes, como si no tuvieran más libros que su Alcorán): casi todas las naciones eran bárbaras, quando los Árabes eran doctos, y los de España doctísimos. ¿Quantos preciosos tratados consumieron las llamas? ¿Quantas noticias históricas, las más importantes, tratados geográficos, tablas astronómicas, libros de agricultura, de botánica, recetarios de remedios sacados de antiguas experiencias, prácticas de artes é industria, de tintorería y manufacturas de seda, sus observaciones y trabajos de minas, sus estilos de comercio y contribución? Todo lo abrasaron, todo se perdió…

Parece que nuestros Prelados eclesiásticos quisieron vengar el bárbaro ultraje que el Califa Omar hizo á la literatura en el principio del Islam con otro poco menos bárbaro (Amru Ben Alâs quemó en Alexandría la célebre biblioteca del Serapeon, regalo de Marco Antonio á Cleopatra, era la biblioteca de Pérgamo: la otra de Bruchion la quemaron los soldados de César, que era la de Ptolomeo).

 

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2 respuestas a El deporte de quemar libros

  1. laMima dijo:

    Ja, me gusta eso de “casi todas las naciones eran bárbaras, quando los Árabes eran doctos, y los de España doctísimos”.
    Así que yo quemo, tu quemas, el quema. Que doctos todos.

  2. Miguelgato dijo:

    Recuerdo una “anedota” que contaba mi padre sobre un hombre que vivió en Tauste hace años. Era muy instruido, habia sido catedrático y no se qué mas pero cayo en desgracia tras la guerra civil y pasó penurias tras las cuales recaló en Tauste.
    Una noche durante una tormenta del copón se refugió en su casa uno que pasaba por allí (debía vivir en el extrarradio) y pasó un rato con él observando lo diferente que era aquello a su casa. Al día siguiente el refugiado contando sus peripecias cantó alabanzas sobre la hospitalidad y la bondad de este hombre y describiendo la casa dijo:
    “Que pobreza mas grande, no había allí mas que libros”.

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