Inversión navideña (en bombillas)

Leo en el Heraldo, sobre Zaragoza:

La iluminación navideña será este año más austera y consumirá menos
El Ayuntamiento recorta un 28% el gasto e invertirá casi 200.000 euros en luces.
Eso, en el titular. Sin embargo, en el artículo se dice:
 
Este año el Ayuntamiento ha decidido no invertir en iluminación, por lo que no habrá nuevos adornos en las calles más comerciales de Zaragoza.
Así que me quedo perpleja. Vamos a ver: ¿el Ayuntamiento de la Siempre Heroica e Inmortal Ciudad de Zaragoza va a invertir 200.000 euros en bombillas o no?
  
La aparente contradicción en realidad no es tal: es sólo que al periodista le ha podido el sentido común, o bien que el político que hacía las declaraciones ha aplicado al tuntún las consignas del muy extendido Manual de gramática parda para hacer declaraciones a la prensa. Porque lo que ocurre es que la palabra “gasto” está proscrita, como muchas otras que a los políticos les incomodan algo, del vocabulario de las declaraciones institucionales; y entonces, a todo coste lo llaman “inversión”. Al fin y al cabo, es de suponer que sirve para alguna cosa.
 
Debe de ser que, como están acostumbrados a tanto gasto superfluo, los gastos que sirven para algo les parecen otra cosa distinta que gastos o costes.
 
La verdad es que la segunda acepción de la palabra “invertir”, según el DRAE, es “Emplear, gastar, colocar un caudal”; pero creo yo que todos tenemos asumido el matiz, nada banal ni  tonto, de que cuando “se invierte” en algo es porque se espera sacar de ello una rentabilidad, de manera que tiene un significado distinto de lo que es un simple gasto.
 
Según la Wikipedia, por ejemplo, “la inversión es el acto mediante el cual se adquieren ciertos bienes con el ánimo de obtener unos ingresos o rentas a lo largo del tiempo. […] Dicho de otra manera, consiste en renunciar a un consumo actual y cierto a cambio de obtener unos beneficios futuros y distribuidos en el tiempo“.
 
Lo de comprar bombillas de navidad, aunque sean de bajo consumo, no me parece una inversión, sinceramente. Se me dirá que es para que aumenten las ventas navideñas y que eso beneficia a los comercios. Jojojo. A estas alturas, las ventas navideñas, el gasto que hacemos todos en esas fechas, se haría aunque se hubiera decretado –dios nos libre– el toque de queda. ¿O es que deberíamos decir nosotros también, los ciudadanos digo, que lo que hacemos en las fechas previas al 24 de diciembre es una inversión? No sé, en el cariño de nuestros familiares o amigos, o de nuestra pareja…
 
–He invertido 120 euros en comprarle un regalo a mi marido, y otros 240 en los juguetes para mis hijos. Y he metido los besos y abrazos que me corresponden por ello en una libreta de ahorro de la CAI, espero que me lleguen hasta el próximo cumpleaños…
 
La verdad es que a cada rato podríamos sacar ejemplos de mayor enjundia sobre el uso torticero de los términos “gasto” e “inversión”; el primero que me viene a la cabeza es el de la “inversión en infraestructuras” a la que alude el Gobierno central cada vez que se habla de construir un pantano en Aragón. Pero no tengo ganas de ponerme seria, qué quieren.
  
Además, a mí las luces navideñas en la calle me gustan mucho. Lo que no me gusta es que me tomen por tonta. Las bombillicas, su montaje, su consumo, su compra, su desmontaje, suponen un gasto. Es así, y basta. Asumámoslo, joder. ¿Nos molan las lucecicas? Mogollón. ¿Cuestan pasta? Pues sí, oiga. Disfrazarlo es tontería.
 
navidad_44
[La foto, tan bonita, es de Primo.]
  
Me ha venido a la cabeza una historia que oí comentar en el programa “La ventana” de la SER el año pasado (ya disculparán que esté todo el rato refiriéndome a la SER, pero es que la tengo cuasi fija en la radio de la cocina y en la del coche y sólo la cambio por música cuando me estomagan, que ocurre de vez en cuando). A lo que iba. En ese programa que digo se habló de una historia que me hizo troncharme de risa en el coche; menos mal que estaba parada delante del colegio de mis chicos haciendo hora hasta que salieran.
  
Se trataba de unos famosos “árboles de navidad ecológicos“, seis en total, que habían puesto en Barcelona. Cuatro de ellos se iluminaban, al menos en parte, mediante unas placas que se cargaban con la luz solar (siempre que no estuviera nublado); pero otros dos de ellos lo hacían “gracias a tres bicicletas que accionaban los ciudadanos al pedalear”. Alguien te invitaba, cuando pasabas al lado, a que pedalearas un rato y accionaras la dinamo que iba acumulando energía para las bombillicas. Barcelona era, así, pionera en la iluminación sostenible y todos los ciudadanos que participaban en aquello se debían quedar –o ese era el objetivo– con la conciencia la mar de tranquila.
  
El caso es que aquellos ecológicos arbolitos costaron supusieron a la ciudad “una inversión de 214.000 euros”. El dato no pasó desapercibido al personal porque resulta que, por mucho que les parezca a los políticos, no somos –o no aún– tontos del todo, de modo que se organizó una estupenda polémica por el gasto en aquellos seis armatostes. O, para ser más exactos, por el intento despreciable de venderle a la ciudadanía una moto seudoecológica que tenía de sostenible lo que yo de obispo.
 
Los arbolitos medían 12 m de alto y, de todos modos, para garantizar su iluminación tenían que estar enchufados a la red eléctrica. Vamos, una cagada con todas las letras. Podríamos poner paños calientes. Pero no, no los vamos a poner.
 
Aquí, como ejemplo, un desilusionado. Aquí, otra. De esta última es la foto:
 
Barcelona a 12-10-2008 11-34-27 AM
 
Unos petostes de 12 m conectados a la corriente eléctrica pero que funcionaban a pedales un par de horas diarias… 😛
 
Barcelona ahorró, el año pasado, 204 MW/h en la iluminación navideña, lo que supuso una reducción del 24,5% respecto del consumo del año anterior (los datos están sacados de aquí, igual que los que van a continuación). La factura eléctrica en esos días descendía, así, de 38.000 a 32.600 euros, lo que era financiado por Endesa. A cambio, los comerciantes debían colocar “un anuncio de la compañía en sus revistas y displays en forma de árbol con el logotipo en los aparadores”.
 
Entendámonos: lo que hacía Endesa con ello era una inversión. En publicidad. ¿No?
 

La decoración cuesta 1,2 millones, de los cuales 200.000 los aporta un patrocinador, y el Ayuntamiento paga la factura eléctrica.”

Vamos, un ahorro de escándalo.

¿O lo que es escandalosa es la cifra a la que asciende el gasto en iluminación navideña?

No pretendo meterme con Barcelona, en particular: en eso, qué pena, no nos diferenciamos nada con los de aquí, acá o acullá. Sólo que ésta fue una historia llamativa.

E insisto en que a mí me gustan mucho las lucecitas de Navidad y no estoy pidiendo que las quiten. De lo que me quejo es de que la clase política nos intente vender motos en forma de supuesta responsabilidad medioambiental. Y de que utilice mal, para su beneficio, las palabras. Las benditas palabras.

Y los conceptos.

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9 respuestas a Inversión navideña (en bombillas)

  1. Badil dijo:

    Bueno, invertir también quiere decir poner del revés.
    Así que en Navidades todos invertimos, de gordo, el estao de nuestras cuentas.
    Del revés total.

  2. admin dijo:

    Jamía, qué razón tienes…

  3. Santi dijo:

    Mari, jamía, mira que suelo suscribir lo que escribes, pero, en esta ocasión, y debido a la escasez de trabajo, déjame que pongamos las bombillicas, que tenemos bocas que alimentar. 😉

  4. admin dijo:

    Que yo no quiero que las quiten, Santi, que no, te lo juro, que creo que he dicho dos veces que me gustan mucho…

    Lo que me revienta es que me vendan papilla ecosostenible hecha a base de mentiras y molida con palabras engañosas. No lo soporto.

  5. Inde, oiga, que estas navidades, como las pasadas, voy a poner bombillas en los dos arboletes pelaos que tengo en el corral. Que es que quedan muy bonitas de ver. Que hacen hasta como que se encorren unas a otras con diferentes programas que se puden elegir dándole a un botón. Yo pensaba que nunca llegaría a eso, pero míreme. Lo hago más que nada a ver si me sacan en el Google Maps. Que si se viene a verlas en esas fechas con la familia y así ya aprovechamos y hacemos una comida navideña (no se quejará, que se lo digo con tiempo).

  6. admin dijo:

    Ole con ole y con ole, Harry. Síiiiii, le digo que sí, que me hace mucha ilusión. Ya llevaremos vinico y cosas ricas, que somos cuatro y menudas bocas. ¡Yupi!

  7. irene dijo:

    Seguí y el link y me di cuenta de que de buena nos salvamos. ¿Viste dónde estaba uno de esos árboles ecológicos? “El primero de estos árboles ecológicos se inauguró ayer en el entorno del Mercat de Santa Caterina, que concretamente se iluminan gracias a tres bicicletas que accionan los ciudadanos al pedalear.” Buenas nos quedarían las pantorrillas si siguiéramos en Barna, no?
    Un beso

  8. admin dijo:

    Más bien, Irene, di que de buena se libraron las bicicletas seudoecológicas esas… Me sé de uno que al volver del Planet Hollywood no sé si se habría aguantao las ganas de meterles una patada, jejeje…

    No te creas que no me acordé de vosotros cuando leí eso, maja. ¡Ay, nuestra Barna! Jopé, qué nostalgia gorda me ha entrao de pronto…

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