Azul Patricia

Cuando estaba en lo mejor, he tenido que dejar la lectura: han dicho mi nombre por la megafonía ésa de los centros de salud que no se entiende un carajo salvo que digan, precisamente, tu nombre, y hala, a cerrar el libro y a pasar a la consulta.

Me he quedado justo a mitad del cuento “Azul ruso”, que es el que da nombre al último libro de Patricia Esteban. Si me hubieran dicho, hace sólo unos meses, que me iba a fastidiar tanto dejar a medias un cuento en el que una mujer convierte en gatos a los hombres que entran a su casa, todo ello en un ambiente siniestro, me habría dado la risa floja: “Ese tipo de historias no me interesa”, habría sido mi respuesta.

(Claro que si me hubieran dicho, pocos meses e incluso días antes de que ocurriera, que yo me iba a enamorar como una burra del que hoy es mi santo, y que la cosa me iba a durar toda la vida, también me habría tirao po’l suelo: “¿Yo, con ese tipo tan serio? ¡Buah!”. Y mira. Está claro que no tengo ojo clínico para apreciar lo bueno así, de entrada, antes de ejercer de Santo Tomás.)

En el caso de Azul Ruso, el libro, la verdad es que jugaba con ventaja: ya había ejercido de Santo Tomás antes, con sus otros dos libros anteriores, Manderley en venta y Abierto para fantoches, y ya me había “colao” por sus historias de tal manera que aunque me hubieran dicho que el libro nuevo de Patricia Esteban iba de física cuántica me lo habría jamao sin dudar.

Este post debería haber sido escrito (de hecho empezó a serlo, aunque por problemas técnicos se me quedó a mitad, como la lectura del cuento de hoy) la noche misma de la presentación de ese libro en la librería de Los Portadores de Sueños, que fue la semana pasada. Tenía muchas ganas de contar que Patricia estuvo muy bien acompañada, en cantidad y calidad de personal; que era muy divertido echar la mirada hacia la calle y ver, al otro lado del enorme cristal del escaparate de la librería, una aureola de gente que llenaba la acera porque no cabía dentro, hasta el punto de que los que pasaban casualmente por allí se requedaban un poco a ver si es que dentro ocurría alguna cosa extraordinaria, e incluso algunos (mayormente, abuelos) preguntaban si daban algo.

También, que la intervención más brillante de la noche fue la de la propia Patricia, a la que se le nota que es buena profe y, por ello, que sabe hablar en público captando su atención de manera natural. No lo digo en demérito de los otros dos intervinientes en el acto de la presentación, el escritor Manuel Vilas y el editor Juan Casamayor, pero es que no hay color. Me perdonen estos dos últimos la incorrección, que el uno escribe muy bien y el otro edita muy bien.

Ay, déjenme un poquito afilar el colmillo, va.

En la presentación, a Patricia la llamaron repetidamente “bruja” y ella asentía con la cabeza, sonriente, mostrando estar de acuerdo. Vale, un poco bruja sí es; pero yo afinaría un poco el matiz. Es una bruja en el sentido de que sabe componer historias, recrear ambientes y dar vida a sus personajes de un modo que parece mágico, al margen de que escriba sobre un acicalador de muertos o sobre los colores de las mariposas en el campo (aunque esto último todavía no lo ha hecho, que yo sepa). Quiero decir que no tiene que ver con el tono “fantástico” o incluso tenebroso de algunos de sus relatos.

Yo creo que Manuel Vilas estaba aún flasheao por la lectura reciente de los cuentos de Azul Ruso. Que le pasó como a todo el mundo: que te sumerges en esa historia, te dejas llevar y te cuesta salir, los cuentos te impactan, permanecen en tu cabeza mucho después de haber sido leídos, tu imaginación vuelve a ellos una y otra vez.

Fuera, en la calle, fumándonos un cigarro mientras esperábamos a que se despejara un poco el mogollón de amigos que acudían a la autora para que les dedicara el libro, para entrar luego a hacer lo propio, alguien me dijo que “se notaba mucho que eran historias escritas por una mujer, y para mujeres”. Vaya, que la de Patricia Esteban era algo así como “literatura femenina”. Obviamente, me lo decía un hombre. Mostré mi desacuerdo. Pero, claro, yo soy una mujer. Quizá algún lector (hombre) de este blog debería dar su opinión al respecto de esa idem. A mí me parece una tontería, aunque, en el fondo, quizá eso pueda explicar la alusión (ésa sí muy masculina) que uno de los presentadores del evento hizo sobre el tratamiento que en el libro se da a los personajes-hombres, en el sentido de que, a su modo de ver, éstos no salen muy bien parados. “Bueno”, le apostilló Patricia; “a las mujeres no les va mucho mejor…”. Y es cierto. Quizá es que todavía al “sector masculino”, o a una parte de él, le choca que los hombres en los cuentos no salven del dragón a la princesa y acaben, como máximo final feliz al que aspirarse pueda, casándose con ella.

De todos modos, sigo estando en desacuerdo con esas etiquetas de “literatura de género”. Y, menos, en el caso de Patricia.

Bueno, vale: ya tengo el colmillo romo.

Si yo me hubiera visto en el brete de tener que presentar Azul ruso, no habría sido capaz de decir otra cosa que “Léanselo, por favor, háganme caso, que es un libro cojonudo”. Habría quedao como cagancho, pero los lectores, haciéndome caso, habrían venido luego a darme las gracias. Se disfruta. Mucho.

[La foto buena, o sea, la primera, es de Primo Romero.]
Esta entrada fue publicada en Canela de la molida y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Azul Patricia

  1. 39escalones dijo:

    Piazo libro. Piazo cuentos.
    Besos.

  2. entrenomadas dijo:

    jajaja, me ha gustado mucho este post. No sabía de esa discusión sobre el asunto ovárico de la escritora. También comparto lo de la “bruja”. Prefiero la palabra “alquimia”. Por cierto a los hombres se les dedica con mucha más facilidad que a las mujeres. “Ese escritor es un alquimista de la palabras”, oigo con frecuencia. Yo diría que Patricia lo es de la palabra y del mundo de los sentimientos heridos. Una pócima, páginas y como resultado un bello y nervioso cuento.

    Un beso, Inde

    Marta

  3. patro dijo:

    Querida Inde, muchas azules gracias. Ojalá todas mis lectoras sean tan estupendas y generosas como tú!!!! Un abrazo enorme y hasta la próxima, Brioleta!!!

  4. laMima dijo:

    Tengo Azul Ruso preparado para este puente. Me apetece leerlo allí, en la montaña, (no quería el hospital, no) sé que me sabrá mejor.
    Me hace falta irme con ella a ese mundo de gatos y vidas azules. Si.
    Por cierto, ¿que no es bruja?..vale, tienes razón: lo que pasa es que es lista. Solo ella llevaba tirantes el otro día mientras los demás nos cocíamos arrebujados unos con otros por verla.
    Ay, reconozco mi testa al fondo en la foto del gran Primo y me digo…que bien asistir a momentos así.

  5. patro dijo:

    Sir Alfred y Marta, lectores como vosotros son un sueño que se hace cine y poesía cuando una menos lo espera. Gracias por estar siempre, de verdad. Me encanta la definición que ha dado la dama de las islas y los inviernos de la mendas!
    Mima, espero que la montaña y el azul te sienten muy bien, es un placer haberte conocido, a ver si coincidimos en más fiestas alegres. Un abrazo enorme, Patro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *