"Sólo quiero un niño normal…"

Eso es lo que Jorge oyó decir a su madre, escuchando la conversación de los mayores detrás de una puerta. Y se puso muy triste.

“Sólo quiero un niño normal…” ¿Acaso él no era normal? ¿Por qué? ¿Sólo porque le gustaba el mar?

Claro que a Jorge no le gustaba el mar, sin más, sino que vivía a diario dentro de él, pues estaba convencido de que el mar estaba en su cocina. Una cocina que tenía las paredes blancas de la mitad para arriba y azules de la mitad para abajo, y del mismo color azul era el suelo. De modo que Jorge entraba cada día allí con las gafas de buceo puestas, descalzo y dispuesto a nadar. Dibujaba peces y pulpos en las paredes, y conchas y estrellas de mar en el suelo. Para disgusto de su madre, que se daba un soponcio cada vez que se encontraba con todo aquello.

Su madre se desesperaba y se enojaba con Jorge, sí.
Pero Jorge no se enfadaba.
Jorge tenía mucha paciencia y sabía que uno no se tiene que enfadar
a menos que haya una razón muy importante para ello.
Y los peces y los pulpos marinos no eran una razón de peso para enfadarse.
Por eso, con mucha calma, trataba de tranquilizar a su madre.

–No te preocupes, mamá. Ya se irán los peces a dormir cuando anochezca.
–¡Grrrurrrughuskigj!– respondía ella.

Elene, la madre de Jorge, consiguió quitar, con un quitamanchas supermoderno que compró en el supermercado, todos los dibujos que su hijo había hecho en la cocina. Pero eso no acabó con la fantasía de Jorge, que seguía viendo el mar donde él quería. Y en algún lío que otro se metió por ese motivo.

Elene está convencida de que su hijo “no es normal”. Y preocupada. El padre no le da tanta importancia. Pero ella insiste en que aquello se tiene que acabar, así que decide pintar la cocina de otro color.

Así se acabarían los mares y las historias. “Sólo quiero un niño normal”…

Los padres temían que Jorge se enfadara por aquello. Pero la imaginación de Jorge no podía borrarse con un quitamanchas hipermoderno ni con una simple capa de pintura.

No os cuento el final de la historia, que particularmente me encanta. Y me encanta por dos motivos: porque la imaginación triunfa y porque no tiene moraleja ni moralina ni moraleches. Es, simplemente, la historia de un niño con mucha imaginación y sólo invita, acaso, a reflexionar un poco sobre esa especie de manía extendida entre la “clase paterna” de “tener un hijo normal”.

Los padres somos unos auténticos pesados con ese empeño. Y nuestros hijos, que generalmente no suelen ser normales sino extraordinarios, cada uno por su motivo, nos dan ahí cien mil vueltas porque saben adaptarse a la realidad de una manera más fácil, imaginativa y flexible que la que nosotros usamos, oxidada y correosa por la edad y los prejuicios.

¿Lo mejor de todo? Que no es un libro para padres (cosa que odio), sino un divertido libro para niños; pero que también los padres se pueden animar a leer con gusto porque provoca un positivo impulso de confianza en los chiquillos.

El mar en la cocina, de Harkaitz Cano, con ilustraciones de Lluïsa Jover (MacMillan, 2008)

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2 respuestas a "Sólo quiero un niño normal…"

  1. laMima dijo:

    Bueno, igual es que lo extraño resulta a veces incómodo…o latoso, jajaaja.
    Pero tienes razón, ya lo decían los de Radio La Colifata: “el ser humano es extraordinario”.

  2. Novitta dijo:

    onlaynkino.com –

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