Pregúntame

“Pregúntame cosas”, me decía mi madre cuando murió la suya. Y yo no sabía el qué ni entendía aquello. No era posible entenderlo, en aquel momento y a mi edad. “Me habría gustado que mi madre me contara tantas cosas…”, insistía ella. “¿Pero qué cosas, mama?”. Yo imaginaba, adolescente y novelera, algún misterio familiar, algún secreto que nos tendría que haber desvelado mi abuela pero que se había llevado a la tumba. Mi madre cortaba mis fantasías: “No, pues no sé. Cosas. Cosas que ahora querría preguntarle y ya no puedo”.

Yo la miraba reconcentrarse, prendida de aquel interrogante vacío. Pero no podía hacerme a la idea del porqué de aquella inquietud, ni era capaz de preguntar. 

Hoy la entiendo y sé que se trataba de cosas pequeñas y cotidianas, detalles hermosos que podrían haber sido suyos y que se le escaparon para siempre. Hoy sí sabría qué preguntar. Claro que lo sabría, mama. Pero me pasó como a ti: se me hizo demasiado tarde.

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7 respuestas a Pregúntame

  1. anagadner dijo:

    También a mi

  2. Marga dijo:

    Y a mi (me has tocado todo)

  3. elToño dijo:

    Me identifico totalmente. Ando hasta preguntando a familia por la identidad de personas desconocidas que aparecen en las fotos de mi padre

  4. castrum valdejassa dijo:

    Tuve la gran suerte de hacer un libro de fotografía antigua, y mi desconocimiento de las familias, me llevo a pasar muchas tardes delante de las fotos con mi madre y otros familiares y amigos. Entonces me paso algo parecido pero con mis abuelos, si estuvieran cuantas cosas les iba a preguntar, ahí es cuando reconocí que tenía muchas cosas que preguntar, cuanta ignorancia tenía de las cosas de la familia, cuantas preguntas se quedaron sin contestar.
    Mari gracias por volvernos un poco mas humildes y humanos con nuestros propios padres, abuelos, …

  5. laMima dijo:

    Me parece que está en la naturaleza no saber preguntar cuando podemos tener respuesta, como si esas cosas que queremos aprender tuvieran que ser escurridizas para darles valor. Tremendos somos.
    Imagino a la Cati pidiéndote preguntas.. y tu cara de asombro.
    Eso, estas letras que nos has dejado ahora son parte de las cosas pequeñas que hemos de guardar dentro. Anda que no sabes guardar tesoros tú….

  6. elbarzal dijo:

    Aunque no preguntemos todo creo que observamos, nos mimetizamos, absorbemos, incluso inconscientemente. Y un día no sale renegar, gesticular, o escoger la palabra y el tono que ella utilizaría y la reconocemos en nosotras mismas. Aún puedo preguntarle a mi madre y sé que no le pregunto todo, pero creo que, aun así, me quedaré con lo esencial y siempre irá conmigo. Y la sabré reconocer. No sabes cómo me ha llegado lo que has escrito.
    Un abrazo.

  7. admin dijo:

    Los piropos: los piropos que me salen del higadillo para mis hijos, son los que ella me decía a mí. Atraviesan capas de años y de borra y de tontadas y de rémoras, y salen a la superficie frescos, recién hechos, para que ellos me los oigan pronunciar, como en una cadeneta de cariños, porque son suyos.

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