No teníamos pupitres

En los últimos meses se prepara en mi pueblo (aunque por lo que a mí me llega, al menos, no debería decir “se prepara” sino “Marimar Pola prepara”) la celebración de los 25 años de la quintada de 1965. Hasta el otro día yo no había participado en nada; y lo que hice fue, simplemente, subir unas cuantas fotos al grupo de FB que se creó al efecto. Además de pagar, en última instancia, los dineros para ir a la cena el mes que viene.

No he tenido muy claro si ir o no, durante todo este tiempo. Aparte de que he llevado tanto jaleo laboral que no podía dedicarme, se puede decir, ni a pensar en ello, no sabía si tenía muchas ganas. “Si no adelgazo, no pienso ir”, decía cuando me preguntaban; pero la razón de fondo no era esa. En realidad, no sabía si me apetecía reencontrarme con un mundo de nostalgia de otros tiempos que me ha costado mucho dar por cerrados. Al cabo, iré. Supongo que me alegraré de ver a gente que hace mil años que no veo, y que además la gente estará llena de buen humor. Gente maja, compañeros de mil historias que se me hacen tan lejanas.

He visitado de vez en cuando las fotos del feis, y ha habido dos que me han llamado especialmente la atención, que me han recordado mi brevísimo paso por el colegio de monjas, cerrado hace tantos años:

No teníamos pupitres. No teníamos casi de nada. Una batica, un banco, una cartera, y dentro de la cartera un lapicero, una goma, un saca… ¿Qué hacíamos, qué nos enseñaban, cómo pasábamos el tiempo?

Como se puede ver, éramos una caterva de criaturas (¿ratios por aula?: el número de niños que había, y punto) al cuidado de una monja. Hay que recordar que los del 65 fuimos el punto álgido del baby boom de los sesenta, y anduvimos durante toda la EGB a razón de unos 40 alumnos por clase.

Es inevitable comparar esas aulas con las de mis críos ahora; y la alegría con la que han ido mis chicos a la escuela con el miedo que yo pasaba de pequeña. Cierto que hay muchas cosas por mejorar en el sistema educativo actual, cierto que el nivel de los chavales de hoy es bastante bajo, cierto que las sucesivas reformas educativas han tenido resultados desastrosos en varios aspectos… pero cuánto hemos cambiado, también, para bien.

Pasé muy poco tiempo en aquel cole de las monjas. Me ponía mala a cada rato, iba dos días a clase y me quedaba quince o más en casa, hasta que finalmente me pasaron a “las Escuelas”, la escuela pública, y allí me quedé. Nos reímos en casa diciendo que a mí “no me sentaban bien las monjas”. Bueno, simplemente había crecido y me había hecho más fuerte; pero en las Escuelas las maestras civiles daban unas tortas igual de gordas que las religiosas. Las aulas, eso sí, eran más alegres, aunque solo fuera porque los ventanales eran enormes y daban a un patio de recreo muy grande y con árboles.

Ah, no, cualquiera tiempo pasado no fue mejor. No digo que no haya que seguir peleando por mejorar la escuela, por elevar el nivel educativo, por conseguir una educación cada vez de mejor calidad; pero echar la vista atrás nos permite darnos cuenta de lo que hemos avanzado. Estoy segura de que mis hijos tendrán una sensación muy distinta a la mía cuando, de mayores, repasen las fotos de sus tiempos de escuela.

Nos vemos en la celebración del mes que viene, compañeros, colección de chavalines de escuela sin pupitres.

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8 respuestas a No teníamos pupitres

  1. unjubilado dijo:

    ¡Qué recuerdos! Claro que los míos son de varios años antes que estos.
    Colegio particular, con pupitres y una palmeta que nos hacía ver las estrellas cuando nos desmandábamos un pelín.
    El colegio ha desaparecido, no puedo celebrar con nadie mi estancia en él.

    • Inde dijo:

      Jubi, lo de la palmeta también lo viví yo, aunque no en el cole de las monjas, sino en 2º de EGB, y era una regla de madera que tenía Doña Irene, que nos hacía cantarle la tabla de multiplicar con las manos extendidas. Al primer fallo, zas! Le tengo yo un paquete al ocho por ocho desde entonces…

  2. laMima dijo:

    Llevo un rato devanándome los sesicos intentando recordar si yo tenía pupitre. Aquí estamos mi santo y yo en ello; él si recuerda esas mesas de madera que escondían un cajón de sastre…yo no. Pero tenía mesa, casi lo puedo jurar.
    ¿Te daba miedo el cole?, a mí no. Y eso que tengo alguna historia rocambolesca..pero no, no tengo mal recuerdo. Solo imágenes que me has traído con este post; las regletas de sumar, la virgen tiesa del patio de piedras, Sor Carmen Pombo, el nuevo colegio “civil” con las escaleras desgastadas…..
    Pa escribir un libro.
    Gracias.

  3. Inde dijo:

    Sí que me daba miedo, sí. El de las monjas tenía unas escaleras altísimas y un patio con paredes también muy altas que me acojonaban mucho. Y algunas “sores” también acojonaban lo suyo. Otras no: Sor Puri, Sor Carmen, sobre todo Sor Carmen, que se reía tan bien, eran amorosas. Pero otras… huy, huy. Y bueno, no eran ellas: era el sitio, aquel colegio donde yo me sentía perdida, lo que me asustaba. De los pocos recuerdos que tengo, sé que me pasaba el rato preguntando por mi hermano, y mi hermano, que dónde estaba mi hermano. Buf, fíjate que todavía…

  4. entrenomadas dijo:

    Jo, qué guapo texto.

    Yo tenía pupitre, pero también tenía un profesor horroroso, pero mucho. Mis recuerdos no son buenos, en absoluto y había tortas como las que comentas. Me alegra que vayas y que disfrutes de ese tiempo que has descrito tan bien. Yo no podría, no creo, no, sé que no. Me despierta envidia, pero de la buena, es decir endivia.

    Disfrútalo.

    Kisses,

    Marta

    K,

    Marta

  5. moises pola pola dijo:

    Hola Mari sancho, soy Moises pola. Sigo tu blog de vez en cuando, y nunca me habia decido ha hacer ningun comentario. Esta vez lo hago para decirte que me hubiera alegrado verte en la fiesta de los quintos, a ti, y a otros que no vinieron como Miguel Angel, pepe,…. y a todos los que porque no pudieron o no quisieron, faltaron a la fiesta. Por el nombre de tu blog y tu trabajo se te ve muy unida a tauste y me siento orgulloso de que jente como tu haya nacido en este pueblo. Al final de la velada hubo unas palabras de Mari mar, muy emocionantes en las todos nos sentiamos muy unidos por el simple echo de compartir pupitre, cuando nos llego en el colegio. Un beso.

  6. Inde dijo:

    Un beso enorme para ti, Moisés. Me has emocionado, compañero. En honor a ti, y a tantos otros de mis compis que aprecio muchísimo, va el siguiente post que me pongo a escribir a continuación (aunque no sé si podré terminarlo hoy o lo acabaré a partir de mañana, porque estoy rendida y a estas horas no doy luz).
    Un beso enorme, Moi.

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