McDonald’s: a la tercera…

Hoy, por primera vez (y afortunadamente supongo que última), hemos ido con unos amigos, a la salida del cine, a un McDonald’s y les he sacao a mis hijos, pobrecicos míos, un “happy meal”. Joaquín, quitando previamente el pepinillo (que lo odia) y poniendo cara de conformao, se ha comido la hamburguesa y las patatas porque es una cosechadora; si lo dejaras, se quedaría a la altura’l betún el Chaplin en “La quimera del oro”, cuando se comía una bota hervida:

La Julia ha dejado todo prácticamente sin tocar, que es muy princesa. Yo creo que ninguno de los dos me volverá a pedir que vayamos a un garito de esos. Para mi alegría, of course.

Cuando vivía en Barcelona, pasaba cada día, rumbo al metro o de vuelta, al lado de la puerta trasera de un McDonalds aguantando la respiración: la tufarrina a aceite, o más bien a grasa indefinida estadiza, rancia y requetefrita era tan ajjjjquerosa que daba repelús. Yo llegué a Barna con 27 tacos, no había puesto los pieses jamás en uno de esos y ni ganas que tenía. Con la experiencia de la tufarrina diaria aquella, pos menos.

Pero va y un buen día vino a la empresa donde yo curraba, que era una franquicia americana con nombre de secta (New Horizons), un gacholi de la “casa madre”, que estaba en Santa Ana (California). Se llamaba Baker de apellido, ahora no recuerdo el nombre. Y a los jefes de la empresa barcelonina no se les ocurrió nada mejor para llevarlo a comer… ¡que ir a un McDonalds! ¡Maaaaa…! ¡En la patria del “pa amb tomaquet”, de los ricos guisotes de “mar i munt”, de la escalivada, de la tan cacareada dieta mediterània, llevarse a un americano a un garito americano de comida rápidaaaa! El asunto nos da idea de la talla que tenía el personal de por acá, pero corramos un tupido velo.

El caso es que me comí una hamburguer y, contra todo pronóstico y prevención por mi parte, ni vomité ni nada, ni sonaron trompetas apocalípticas, ni me partió un rayo… Pero es que yo también soy formato cosechadora, de algún lao se le nota a mi chico que es mío, aunque paezca que ha salido en todo a su padre y que yo lo único que hice fue ejercer de carcasa nueve meses.

Bueno, pues eso, que no me pasó nada. Pero disfrutar, lo que se dice disfrutar con la comida, pos tampoco. En la “Guía Menjonín” no aprobó ni de lejos. Vamos, que suspendió con nota inferior a cero.

Hubo una segunda vez que estuve dentro de un McDonalds, en esa ocasión en Zaragoza, en el de la Plaza España (que ha cerrado, loados sean los dioses), para comprarle una hamburguesa tamaño familiar a mi cuñada, que no podía salir de casa y le apeteció. Compramos, pagamos, nos fuimos, la otra se lo comió como una santa. Chispún.

Y hoy me he visto en una encerrona, digámosle. Que no ibas a montar un pollo anti McDonalds yendo en grupo, y pues oye, piensas, tal día hará un año. Me he sentido fatal, porque a mis chicos les he comprao el japimil y yo me he limitao a tomarme una cocacola de esas de a granel en vaso con tape y pajita central. Puajfrrs, qué madre. He visto el color de la hamburguesa cuando el Quinito ha levantao el pan pa quitarse el pepinillo… y si eso era carne, que venga Bololo y lo vea.

Nada, que han llegao los dos a casa y se han comido unos canelones. Esos son mis chicos. Al “Mierdonals” le van a dar, definitivamente. A la tercera ha ido la vencida. Nos pueden esperar sentaos, que… never more. Que por estos pagos sabemos comer, oigan.

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16 respuestas a McDonald’s: a la tercera…

  1. miguelgato dijo:

    Yo solo hi estao una vez (en el de la plazaspaña) hace muchos años y con una tajada como un piano. Tras leer la carta y ver qué era cada cosa, recuerdo que me dió la risa tonta, acompañada de las pepadas que se te ocurren cuando vas ciego, contagié la risa tanto al segurata como a la camarera y tuvieron que desaparecer de su puesto pa descojonarse.
    Cuando volvieron (tras largo rato) ya se había formao cola y con glarimones en los ojos me pregunta la chica: “¿se ha decidido ya?”. Y le dije: “no me gusta nada de lo que tienes en la carta, ¿no tendrás mac migas?”.
    Recuerdo vagamente que entonces la desbandada fue total, segurata, camarera y clientes, tol mundo descojonao. Al final acabé comiendo mac nuggets, useasé pollo rebozao, mi señora que entonces era novia no pudo ni comer del descojone.
    Creo recordar que cuando me fui me aplaudieron y tó, yo ya te digo que no lo recuerdo muy bien pero la Cebada cada vez que se acuerda aún se rie.

  2. Muy buena entrada! A ver si empezamos a ver un poquitin mas alla de en lo que se ha convertido McDonalds, comida chatarra para seguros dolores de barriga.

  3. unjubilado dijo:

    En ocasiones, si no me pongo mis anteojos, no llego a leer con la precisión necesaria, pero creo que ahora he leído bien.
    McDonald’s: a la tetera…
    He consultado en la red y dice tetera : 1. f. Vasija de metal, loza, porcelana o barro, con tapadera y un pico provisto de colador interior o exterior, la cual se usa para bloquear a McDonald’s
    – Jubi, deberías de llevar siempre las antiparras puestas… es que yo he leído otra cosa.
    Tranquilo que no vamos a ir a un McDonald’s

  4. laMima dijo:

    Por cierto, me encanta esa escena de Chaplin. De auténtico “gourmet”.

  5. Harry Sonfór dijo:

    Ay, que no sé cómo decirlo sin que suene fuerte… que no sé cómo voy a explicarlo sin herir alguna sensibilidad, sin despertar alguna susceptibilidad… Bueno va, que lo suelto: que a mí me parece que la fachada más bonita de toda la ciudad es la del McDonald’s de Los Enlaces. La más bonita y la mejor aprovechada, la que más ha respetado la esencia del edificio. Ese muro alto de piedra con la M amarilla de McDonald’s me parece un regalo para la vista. Congruente y evocador. Respetuosa con lo que lo rodea (sin embargo, el letrero de la empresa del automóvil que hay en el mismo muro me parece bien feo). Vaya, que me dan a elegir entre derribar todos los edificios de Ricardo Magdalena o derribar el edificio del McDonald’s de Los Enlaces y ya tienen la respuesta. ¡Magdalena, prepárate, que desneomudejerizo la ciudad en un plis plas! Y luego, también, está el nuevo local en PLA-ZA, un auto-McDonald’s, que también es bien bonito. Ya, lo de la comida me da igual. Total, si no tengo nada para comer allí, pero las fachadas de los locales, bien bonitas.

  6. Inde dijo:

    ¿Lo ve, Don Harry? Si estamos de acuerdo… ¡El McDonalds es todo fachada! Pero por dentro…

  7. moises pola pola dijo:

    pués no entiendo que pasa. Todos ponemos a parir a los “fast food” pero en el gremio de la restauración, se comen la crisis “con patatas”. Son los únicos que habían aumentado sus ventas el año pasado.
    Por cierto, los miembros de “slow food” de zaragoza hicieron un curioso homenaje la semana pasada a Labordeta.

  8. unjubilado dijo:

    Al hilo de lo que comenta moises pola pola…
    Cena homenaje al cantautor aragonés Labordeta.
    http://zaragoza.slowfood.es/2011/06/20/cena-homenaje-al-cantautor-aragones-labordeta/

  9. elToño dijo:

    Pues yo, la mayor caguera de mi vida la tuve despues de comer en un chino

    • Inde dijo:

      Y a veces, después de beber agua de manantial. De tó pué pasar. Pero el color de la hamburguer ésa del japimil ya es un augurio bastante evidente…

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