¿Que rulen? No: mejor, que salgan

Mi amigo Flip me manda, vía FB, un enlace a una página que dice: “Si habéis terminado de leer ya el Códice Calixtino, que rule“. Lo manda con la sugerencia de que hagamos algo parecido con otras obras de arte que están por ahí expuestas “de forma provisional”… 😉

Vale, nos reímos pero algo así debieron de plantearse hace un tiempo las administraciones catalana y aragonesa respecto a las piezas de las parroquias aragonesas que están en Lérida. No funcionó, claro, porque ni los aragoneses se resignan a ceder un derecho que les ha sido reconocido por todas las entidades que tienen capacidad para juzgar sobre el tema, ni los catalanes están dispuestos a desprenderse de esas piezas. Pero también hay que tener en cuenta que esas piezas no son cacahuetes, ni castañas pilongas, ni paquetes de calcetines que puedan trasladarse sin problemas de acá para allá cada cierto tiempo. Son obras de arte antiguas, delicadas, a veces muy grandes (por lo que requerirían montaje y desmontaje)… y eso acabaría haciéndolas papilla.

Definitivamente, no: que no rulen.

Mejor, que salgan.

“¿De dónde, tienen que salir?”, dirán ustedes. Pues de los almacenes de los museos, que guardan cerradas a cal, canto y polvo rancio mucho más material (a menudo, muy valioso y bello) que el que exponen en sus salas.

Llevo tiempo dándole vueltas a este tema, y definitivamente no lo entiendo. He acabado por pensar que no tiene ningún sentido. ¿A qué viene la cerrada defensa que se hace siempre hacia la sacrosanta “unidad de colección” de los museos? “¡Las colecciones no pueden disgregarse!”, claman a toda hora los directores de los museos. “¡Hay que preservarlas porque contribuyen a la conservación, difusión, deleite, culturización y yo qué sé qué cantidad de cosas buenas más!”, añaden (más o menos).

Pero uno se pregunta de qué manera pueden contribuir a todo eso la amplia parte de esas colecciones que ni se exhibe ni tiene visos de hacerlo en el futuro. ¿Qué hacen todos esos tesoros artísticos dejando pasar los años encerrados en la oscuridad de un almacén?

Los fondos del Museo de Lérida están compuestos por 1.810 objetos. Desde Aragón se reclaman 113, muchos de los cuales no están expuestos (como tampoco lo están muchos otros más que nadie reclama). Pero desde luego que no es el único caso: el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) expone también menos de una cuarta parte de sus fondos (expone 200 de casi 700 de arte románico que posee, por ejemplo; y de gótico, menos de 400 de las casi 1.300 que atesora… que en total, de todas las secciones, son más de 215.000. Y ya sé que ahora esas “salas de reserva” son visitables; pero lo que se ve sigue siendo una pequeñísima parte).

Lo mismo se podría decir de prácticamente todos los museos. También, es obvio, de los aragoneses: el de Bellas Artes de Zaragoza guarda en sus sótanos desde hace décadas no menos de 75 piezas de pintura gótica, muchas de ellas, según se afirmaba en un estudio hecho en 1999, en un estado de conservación no precisamente óptimo. Por lo que respecta al de Barbastro, reclama las 113 piezas de Lérida pero no se plantea exponer más que unas pocas decenas…

¿No estarían mejor esas piezas en sus lugares de origen (cuando es posible) que sepultadas en las catacumbas?

Los museos son una buena cosa, da gusto verlos, resultan una gozada en su mayoría y realizan una magnífica función. Pero deben realizarla, esta función. Y no son intocables. No “se les vale” todo por el mero hecho de ser un museo. Tal vez habría que repensarse muchas cosas sobre ellos, y racionalizar su funcionamiento, lo que no tiene por qué significar, ni mucho menos, una merma en su presencia social y en su sentido. Más bien se trataría de todo lo contrario, de potenciar ese objetivo al que pretenden servir: difundir el arte y la cultura, dar a conocer el patrimonio histórico artístico y promover su valoración y disfrute por parte de la sociedad.

Pongamos en valor todo ese patrimonio, ¿no?

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2 respuestas a ¿Que rulen? No: mejor, que salgan

  1. Jaime Carbonel dijo:

    Pues sí. Además eso, bien planificado, podría suponer la creación de unas rutas que potenciaran el turismo a través de esas localidades, que seguro que también tienen otros encantos que mostrar. Seguro que hay mucha gente que no es muy dada a entrar en museos, pero les encanta viajar por el medio rural y ver las cosas dentro de su propio entorno.

  2. Jesús Láinez dijo:

    Estaría muy bien, pienso yo, que cada pieza estuviera en su lugar, sería un magnifico complemento de tiempo y de lugar para nuestras iglesias,etc.
    Pero tambien creo que tiene que ser una labor complicadísima, pero complicadísima, averiguar y atribuir lugares de procedencia y autores a todas las piezas.
    Ya sabemos, por otras entradas de este blog, que era tan dificil cumplir con las férreas normas estilísticas, con las que tenían que trabajar los pintores góticos, que hasta Pedro Espallarges se equivocaba a veces ( igual no las conocía todas), el pobre hombre todo el día nervioso pensando que con un trazo mal dado ya teníamos montado el follón.
    Doy gracias a dios, por tener grandes profesionales en la materia, a uno y otro lado del Cinca, cuya única religión parece ser la objetividad y que, si llega el momento, estoy seguro que, consensuadamente, poquito a poco (porque hay mucho curro), se irá haciendo la faena.

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