Ayer, la clase de mi chico hizo una actividad que se llamaba “guardianes del planeta” y que consistía, como otras veces, en limpiar los recreos de papeles y tal. Hete aquí que uno de los niños encuentra, entre los setos, un pajarico en chichetas (o sea, recién nacido; lo solemos llamar “pajarico chincheta”, pero lo correcto es esto otro). Ay, se lo quiere llevar a casa, que él tiene una jaula con dos pajaricos más, y así lo cría. Pero salen otros diciendo que no, que el gorrioncillo no es de jaula, es de árboles, y si lo encierra se lo va a cargar. ¿Y entonces cómo hacemos? Pues no sé, pues hay que hacer esto, pues no que lo otro…
Se monta la discusión entre los críos. Viene la maestra. Se entera del asunto. Le carga la discusión, y la cierra: coge al pajarico con un pañuelo de papel, lo estruja entre las manos, crraks, se lo carga, lo mete en una bolsa de plástico, le echa dos nudos y lo tira a la papelera. Sefiní. A clase.
A la una de la tarde salieron los críos todavía impresionaos, directos a contárnoslo a las madres. La mayoría dijimos “¡Hala!”, “¡Mecá!”, o cosas parecidas, y nos llevamos a los críos p’a casa, supongo que, como en mi caso, hablándoles de otra cosa.
A ellos, supongo también, se les pasó la impresión en un rato. O no, vete a saber. A mí todavía me dura, sobre todo pensando en que aquello sucedió en una actividad que se llamaba “guardianes del planeta”…
Hala jolines…. ¿en que estaba pensando esa tía?.
Voy a decir que menuda manazas…por no decir otra cosa.
Muy suave, Ima. Creo que todos, niños y mayores, alucinamos un poco bastante…
¡Besos!
Seguramente el pobre chincheta no estaría vivo de ninguna de las maneras y que “muerto el perro se acabó la rabia”,perooooo…….
Si todos los guardianes del planeta son como esta profesora ya nos podemos dar por jo….Quizás fué un mal día de la profe,pero no me agradaría mucho que a mi niña le tocara una guardiana de la misma promoción.
Ay, Moi. Menos mal que ya se acaba el curso, buf…
No me lo puedo de creer. De crío (bien sabes que soy más de pueblo que un ribazo) un adulto me ofrecía mil pesetas de los años sesenta si me cargaba a un pajarico así. No pude, no es que sea yo bueno, es que ni lo intenté. Cuando se lo contaron a mi padre, me atizó 2000. Son lecciones que no se olvidan.
Ole por tu padre, Santi.
A los críos los tenemos despistaos. Me decía el Joaquín: “Jope, mama, es que nos dicen una cosa y ellos hacen otra… Que cuidemos a los animales, que cuidemos a los animales, y luego mira”.
Pues como con eso, con muchas otras cosas, me temo.
Ole por tu padre otra vez.