Francisco Carrasquer y el día de las alabanzas

Qué días de luto y tristeza. Este blog va a acabar pareciendo la sección de necrológicas. :(((( Todavía ando triste (y para días; ya, ya sé, dejémoslo estar) por la muerte de mi padre, y hoy me entero de que anoche murió Francisco Carrasquer. Escritor aragonés, anarquista y libertario, exiliado, poeta, profesor, intelectual válido y comprometido durante toda su vida, que ha sido larga y honesta a carta cabal. Buuuf, qué pena, de nuevo.

No quiero escribir otro panegírico. Me da rabia, especialmente con él, que le llegue el día de las alabanzas. A ver: era anarquista, no pertenecía por tanto a ningún partido, no se codeó con “la pomada” y… bueno, adivinen el resultado. No se le hizo ni la mitad de caso que a otros intelectuales que sí estuvieron en la pole position cuando llegó la circunstancia apropiada.

Vale: se le concedió el Premio de las Letras Aragonesas en el año 2006. Pero recuerdo que ya por entonces escribí un artículo que acababa así:

Su trayectoria no ha estado falta de reconocimientos, y el último, amén del citado homenaje en Tárrega, fue la concesión del Premio de las Letras Aragonesas en 2006, donde se declaró “émulo de los más grandes” y dejó patente su bonhomía, así como su natural buen humor: “Semejante galardón aprieta las clavijas de la conciencia responsable -dijo-. En lugar de dormirme en los laureles, van a ser los laureles los que no me dejen dormir”.

El galardón, que vino cuajado de abrazos, efusiones y apretones de manos, no trajo sin embargo voluntad de publicar sus obras inéditas por parte de las instituciones, a quienes habría correspondido hacerlo, como prueba del reconocimiento que entonces verbalmente se le tributó. Tengo en mi casa un ramillete de escritos inéditos y artículos publicados pero dispersos que él querría ver reunidos en un volumen. Me los ha ido mandando, aun sabedor de que ya no tengo mi antigua editorial, porque confía en que yo pueda intermediar por su publicación ante quienes pueden y deberían hacerlo. Y ése es el objeto con el que está escrito este texto que aquí va redactado.

Francisco Carrasquer es el decano de las letras aragoneses, un gran intelectual y un magnífico escritor. Le debemos algo más que palabras bonitas en los discursos.

Yo intenté que se le publicara lo que tenía inédito, que es valioso. Pero nadie me dijo “ole” y no quieran saber la rabia que me dio. En mi extinta editorial, Alcaraván, le había sacado dos libritos: Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003) y Pondera… ¡que algo queda! (2007). Tuve ese placer y ese honor. Pero aquella editorial era pequeñita, podía muy poco y yo soy muy torpe moviéndome en el ámbito comercial y en el de las influencias, así que aquellos libros alcanzaron poca difusión. Carrasquer habría merecido mucho más.

Era un hombre sabio y bueno, cordial y de gran altura. Creo que el único, o casi, que entenderá lo que digo aquí es el escritor Javier Barreiro, un grande que peleó por él como nadie supo hacerlo.

Lean, por favor y con atención, la definición que Carrasquer hacía sobre lo que es un intelectual, y se darán cuenta enseguida de dos cosas: primero, de la categoría de quien lo escribía y, segundo, de la angustiosa escasez que tenemos de personas, sea cual sea la disciplina que ejerzan, que merecen el calificativo de tales:

“Un intelectual, para definirlo de prisa, es un pensador que, desde su obra de ciencia y arte, por lo común literaria, así como también a través de conferencias, artículos y entrevistas en la prensa diaria y publicaciones especializadas, reflexiona públicamente con fiera independencia sobre la actualidad política, social y cultural de la comunidad en que vive y del pasado, presente y futuro de su mundo. En el más lato sentido, el intelectual es el primer crítico del poder establecido, el promotor inteligente de acciones populares rectificadoras del mal gobierno de la nación y el calificado inspirador de una mentalidad general básica y de una opinión pública cada vez más sanas y más sabias, generadoras de una calidad de vida superior”.

Adiós, Francisco. Ojalá que el día de las alabanzas que te van a dedicar sirva –como sucede a menudo en las familias, cuando una muerte sirve para reconciliar a hermanos que no se hablaban– para que quienes se llaman intelectuales sin merecerlo se miren en tu trabajo y decidan, de una puñetera vez y por todas, mirarse a los ojos de unos a otros, bajar del mundo de las musarañas y ejercer de lo que tienen que ejercer, que se les necesita.

(Nota bene: ceso en los lutos. No vuelvo a escribir una necrológica hasta pasado al menos un año, que se me va a comer la pena y el color negro. Les juro que mañana me pongo un vestido de flores y me voy de juerga; que hasta la memoria de mis “panegiriquizados” me lo agradecerá.)

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Una respuesta a Francisco Carrasquer y el día de las alabanzas

  1. laMima dijo:

    Me acordé inmediatamente de ese post Mari, y del cariño que le has tenido (y tienes).
    Me acordé, sobre todo, de un día que comimos juntas y me hablaste de él largo y tendido … ¡Ay maña!, sí, ponte bien floreada (o colorida, tu verás), dale un reniego a la guadaña y ríe bien alto.
    Que te oiga yo desde casa.
    Besicos.

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