Dineral en libros para el cole

El otro día recogí los libros de mis hijos para el nuevo curso. Los dos están en Primaria y van a un colegio público: el mayor empezará 5º y la pequeña 2º. De la lista de material complementario (lápices, colores, tijeras, pegamento, reglas…) no cogí más que los cuadernos, porque de lo demás tenemos abundante y aprovechable, así que ahí ahorramos un poco (o no tan poco, que cada puñetero boli borrable, por ejemplo, vale una pasta). En total, pagué 270 euros.

Salí de la librería abanicándome. Y eso que me habían hecho un 15% de descuento, que si no habrían sido 320 o por ahí. Y hay que tener en cuenta que para mi crío mayor no tuve que comprar más que cuatro tontadicas, porque los libros-libros los da el cole, que los reaprovecha del año pasado… Vaya, que los llego a tener que comprar todos y me atizan casi los 500, fijo. Y no  te digo nada si añadimos diccionarios, que este año necesitaríamos de lengua, de inglés y de francés, pero afortunadamente también hay en casa unos cuantos.

Una amiga que tiene dos hijos de la misma edad que los míos, y que van a un cole también público muy cercano al nuestro, pagó los correspondientes 300 y pico porque compró lapiceros y colores, y tal (aunque no diccionarios). En la misma librería, así que el descuento era el mismo. Lo digo porque veo que de un colegio a otro la cosa se lleva poco: puedo servir de media, unos cuantos euros arriba o abajo.

Así que me acuerdo a cada rato de esta noticia que publicó hace unos días el Heraldo (que la vuelta al cole iba a ser este año un 40% más cara), y de lo que comentaba en ella la portavoz de la FAPAR, ofreciendo “consejos de ahorro”. Mira, esta vez no me voy a meter con el Heraldo, para variar, sino con esos consejos que ofrecía la FAPAR: se recomendaba “ser racional en el gasto”. “No hay por qué renovar el material cada año, hay que llevar a cabo un consumo responsable y reutilizar lo que ya se tiene y está en buen estado”. Explicaba la portavoz:

“las diferentes subidas afectarán en función de lo que se incluya en las compras de principio de curso y en la racionalización del gasto por parte de las familias”.

O sea, que no compráramos mochilas ni estuches, ni compráramos nada que no fueran libros y material escolar. Tampoco ropa: “A los niños se les viste todo el año”, decía. Ya, digo yo; y dentro de nada tendré que comprar chándales. Y mis cuñadas me pasan mucha ropa, ¿eh? Pero chándales ni uno: normal, mis sobrinos dejan los chándales en el mismo estado que mis hijos, o sea, hechos papilla.

De modo que, aun sin contar con ropa ni material ni mochilas ni estuches ni ná, 270 euros de nada. Casi 50.000 pesetas en libros para dos niños, contando con que a uno se los dan.

Me parecen consejos pobres los de FAPAR, la verdad. Yo habría ido un poco a la yugular, a un factor que sí encarece la “vuelta al cole”, en vez de acudir a eso de “la racionalización del gasto por parte de las familias”, que parece que los padres nos volvemos locos comprando bobadas; que no digo que no haya casos, pero será el que pueda. Y de lo que se trata aquí es de buscar soluciones para la gente que no puede. Lo que pasa es que hay que meterse con las grandes editoriales y con la implicación de los centros. Veamos.

Lo normal, in illo tempore, era que los críos llevaran cada curso los libros de las principales asignaturas, que siguen siendo cuatro como cuando yo era pequeña aunque se llaman distinto: Mates, Lengua, Cono e Inglés. Para Religión llevábamos el catecismo, para Plástica un cuaderno de dibujo, y para Música una flauta (sí, yo ya soy de la generación emisora de pitidos chirriantes con una Hohner). Por lo demás, un cuaderno por asignatura. Prou.

Pero una editorial es una empresa y su objetivo es ganar dinero. De siempre ha habido fichas, pero cuando la Administración asumió la compra de los libros, idearon la edición de “cuadernillos”, tres para cada asignatura (uno por trimestre), donde iban los ejercicios, porque así los niños no tenían que escribir en los libros y éstos se podían reaprovechar. Los libros, no obstante, seguían trayendo ejercicios con sus correspondientes huecos que rellenar (ole, espacio perdido), de forma que los críos acababan trayendo a casa ejercicios de los libros que tenían que hacer en sus cuadernos, y ejercicios de los cuadernillos que se rellenaban en el propio cuadernillo. Un lío y un rollazo. Lo de que, además, la mitad de ellos fueran verdaderas chorradas lo vamos a dejar pasar.

El caso es que ahora la Administración ya no se hace cargo de los libros y los tenemos que comprar las familias. Bien, pues sobran los cuadernillos: y los ejercicios, que vengan en los libros simplemente enunciados, sin espacio para rellenar, y que los críos los hagan en sus cuadernos. Así, los libros se podrán reaprovechar para otros cursos… aunque para esto se tienen que implicar los coles o, en su defecto, las APAs.

De modo que pido a la FAPAR, y a las demás federaciones de padres de alumnos, que sean más exigentes en sus consejos de ahorro: no solo debemos ahorrar las familias, que hacemos el pino con nuestros presupuestos, sino que se deben exigir también medidas prácticas a las editoriales y a los coles.

–Que los profes se comprometan a no cambiar los libros a cada rato.

–Y que no pidan cuadernillos.

–Que las editoriales pongan los ejercicios, si los proponen (que eso también lo podrían hacer los maestros), en los propios libros, pero sin dejar hueco para rellenarlos.

–Que algunas asignaturas (plástica, religión, alternativa, música…) se den, simplemente, sin libro.

–Y que los coles y/o las APAs se remanguen y recojan los libros al final de cada curso, para volver a repartirlos al curso siguiente.

De tanto en tanto nos tocará comprar, pero no todos los años, ni tantos libros y libritos y extras de todo color. Y ninguna de estas medidas rebajará ni un ápice la calidad de la enseñanza… pero los padres lo notaremos, vaya que sí.

ACTUALIZACIÓN: Esto sí es una buena iniciativa, ¡muy bien!

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12 respuestas a Dineral en libros para el cole

  1. laMima dijo:

    Cuando tenga los de Ainhoa te cuento lo que ha sido la dolorosa correspondiente, pero tengo un dilema previo importante.
    Le piden el Diccionario Escolar de la Lengua Española de la editorial X y resulta que en casa tenemos, de su hermano, el Diccionario Escolar de la Lengua Española de la editorial Y.
    Creo que la cosa debe estar en gastarse unos 24,00€ (unas 4.000 pesetillas de las de antes que no estarán de más porque, ojo, tengo que comprar también los libros y material de su hermano, que está en la ESO y todavía no sé de que cifras estamos hablando) o no. ¿Serán tan diferentes?¿me permitirán reutilizar el de su hermano?…tengo curiosidad.
    Apoyo tus consejos a FAPAR, totalmente. Y, de paso, ¿qué tal si utilizamos para los chavales LIBROS de verdad?..

    • Inde dijo:

      Eso, libros de verdad… ¡qué maravilla! Porque los libros para niños tienen que ser entretenidos, ilustrados y alegres, pero no bobos.

  2. laMima dijo:

    Y con sustancia Inde, con algo de sustancia que me desespero comprobando que en cualquiera de ellos no saldrían más de 10 páginas de texto (y lo mismo me he pasado) para que se enteren de alguna cosa nueva.
    En cuanto a eso de los ejercicios…coñe, cuando yo era pequeña nos los ponían los profes..

  3. Javier dijo:

    Mira, por una vez, voy a discrepar un poco…
    Rompo una lanza en favor del trabajo de las AMPAs, que en muchos casos son las que han organizado le reutilización de libros en los colegios, que no sólo impacta en la economía familiar sino en la racionalidad del consumo, a las que por otra parte FAPAR a ofrecido ideas sobre como organizar esta reutilización.
    El de los materiales curriculares es un tema recurrente, pero la discusión no es pedagógica, no en el s.XXI, la discusión pasa por la relación de fuerzas existentes entre los “consumidores” (familias, AMPAS) y los laboratorios farmacéuticos… digo, editoriales de libros de texto, en qué estaría yo pensando; con la administración educativa y los docentes, como árbitro ¿y parte?

  4. Inde dijo:

    Hola, Javier: yo no pretendo criticar a las apas, que por otra parte, como dices (y lo sé de buena tinta, porque yo he pertenecido a la del colegio donde van mis hijos, e incluso la presidí un año), son las que han hecho propuestas sobre la reutilización de libros y se han movido para ello. A lo que voy es que, a la hora de dar consejos ante el problema del encarecimiento de la vuelta al cole por el fin de la gratuidad de los libros de texto, se incida únicamente en que los padres gastemos menos en material. Me parece que habría que enfocar hacia otra parte, simplemente.

    También es posible que la representante de FAPAR dijera más cosas y en el periódico solo se hayan recogido unas pocas…

    El caso es que, insisto, la intención del post no es meterme con las apas, y tampoco con la FAPAR, sino con esas propuestas que me parecen pobres. Yo ofrezco otras de más calado, me parece, pero también más complejas, que precisan de la implicación de todas esas partes que tú hablas: familias/apas, editoriales y coles. En fin, que me parece que, pese a todo, una vez más no discrepamos, jejeje… ¡Besos!

    • Champ dijo:

      I love your tags!! always!!and the pin cushion.. I have tons of those little baskets. never thought of making pin cushion out of them.wonder if they would rust, since I'm that kind of girl. =)Hope it will be OK, (if I ever get in a creasing mood) to borrow your idea…will give you credit of course. blrgainssbseb

  5. myriam enriquez-dominguez dijo:

    Como se dice en los tintines: “y yo aún diría más”: ¿Para qué necesitan los niños libros de texto, que presentan el mundo desde una sola perspectiva? Si la verdad no es única y las fuentes de información son ahora tan accesibles y diversas, ¿no es mejor proporcionar a los niños herramientas para que aprendan a discriminar la información y permitirles a ellos que planteen sus propias preguntas? Por poner un ejemplo, el otro día mi pequeña que va a tercero de primaria y ojeaba el libro de “cono” me preguntó ante un croquis del ojo humano: “¿Pero qué hay aquí dentro, en el globito?”; el libro no traía la respuesta –y yo, que soy de letras, no la sabía-, así que su curiosidad impaciente nos obligó a buscarla en otro sitio; esta vez en la Wikipedia. Así que ¿Para qué quiero unos libros, que encima están editados por empresas ideológicamente posicionadas en el lado de los que, de un modo u otro, nos están machacando?

  6. José Luis. dijo:

    Hay muchos maestros que no utilizan libros de texto. Son los que se comprometen a buscar y producir materiales realmente útiles para los niños. El único problema es que esto conlleva tiempo y esfuerzo, por lo que un librico de texto representa un cómodo atajo.

    También depende de la formación de cada uno, claro, pero este es otro asunto. Mi modesta opinión es que los libros de texto tradicionales resultan horrorosísimos, con mención especial para los de lengua y, sobre todo, conocimiento del medio.

    Otro saludo.

  7. José Luis. dijo:

    Otra cuestión es que los centros están limitando cada vez más las fotocopias y las producción de materiales por parte de los maestros con recursos del centro. Y aquí de nuevo están los maestros que van de compras cada tarde con su dinero o los que dicen andayquelesden.

    Tercer saludo.

    • Inde dijo:

      Hola, José Luis, ¡me alegro de verte por aquí! Sí que hay maestros que elaboran bonitos materiales, es verdad. Mis hijos han ido con algunos de ellos y hacen cosas verdaderamente chulas. Ocurre a veces, también, que se compran los libros y luego apenas se usan; quizá porque cuando se incorpora un maestro nuevo tiene como legado los libros que mandó comprar su antecesor. Un abrazo.

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