Lo que pone en el papel

He leído esta mañana, vía Javier Valero, un texto de Cristina Fallarás que, en cierto modo, comparto. Es cansino, además de una pérdida de tiempo, tener noticia de lo que hace todo el mundo todo el rato. Pero hay una frase al final de ese texto que me parece reveladora:

“ya a nadie interesa lo que escriban otros,  preocupados por dar cuenta primorosa, minuciosa, de nuestros actos y  nuestros pensamientos”.

Esa frase parece indicar que lo que preocupa a Cristina Fallarás es que, como escribe todo el mundo, queda difuminado, devaluado, lo que hacen los escritores. Si mi percepción es correcta, ese texto hay que llevarlo al repleto cajón de las quejas de los periodistas hacia internet y las redes sociales, medio al que culpabilizan de muchas cosas y sobre todo del riesgo en el que han puesto a sus medios, esos sí cada vez más devaluados. Recuerdo haber oído en la radio hace años a unos tertulianos que comentaban la noticia de que existían no sé cuántos miles o millones de blogs en el mundo: “¡Qué horror!”, comentaba uno de ellos; “¡tantos millones de gentes contando sus aburridas y miserables vidas!”.

Pero internet y las redes sociales son solo una herramienta más, un medio más que no tiene por qué desplazar a otros. Y en ese medio se publica basura y ruido, sí, pero también muchas cosas valiosas de las que no tienes noticia en la prensa, además de excelentes piezas literarias. El sentido crítico que hay que tener a la hora de enfrentarse a lo que se publica en la red es el mismo que ha de tenerse al acudir a las ediciones impresas; anda, que no hay basura ni nada editada a todo lujo y con encuadernación en cartoné. Lo mismo ahora que siempre.

La devaluación de la prensa escrita es cierta y es muy grave, pero se debe a causas de mayor calado que a la competencia de internet. Pero más grave es aún la devaluación de muchas otras letras impresas, que también se ha producido y que va a llegar a la falta de credibilidad total. Me refiero a los documentos: leyes, normas, decretos, acuerdos… que sirven de manera efímera o no valen de nada en absoluto.

Antes, lo que figuraba escrito en un papel era sagrado. La tradición aragonesa sabe muy bien de esto: aquello del standum est chartae (“hay que atenerse a lo que pone en el documento”) ha tenido especial raigambre entre nosotros. Pero ahora nos pasamos por el forro los documentos firmados, las leyes se aplican solo al que no tiene suficiente dinero para zafarse de ellas, lo que hoy se dicta se cambia mañana a conveniencia del que más puede, las sentencias no se cumplen y la prensa no valora su propia importancia, pues ha claudicado y no ejerce su función.

Mi padre solía decir: “Ves lo que pasa en el pueblo y estás viendo lo que pasa en el mundo. Por lo que hace la gente aquí, te haces idea de lo que se hace en cualquier otra parte”. Él no utilizaba la palabra ‘extrapolar’ pero vamos, era eso. Y llevo acordándome de esa teoría de mi padre, y de lo grave que es la falta de credibilidad de la letra impresa, desde que hace unos días fui a ver su huerto.

huerta 3b

Situado en la partida de la Hijuela Baja, muy cerca del río Arba y junto al Camino de las Viñas, ese huerto era una estampa de la Arcadia feliz, como lo son muchos parajes de la huerta de Tauste, que es preciosa. Pero a finales de los años 80 un señor, que rápidamente demostró que se tenía que haber llamado Malvecino, puso a su lado una granja de cerdos. Fue una de tantas explotaciones porcinas que se instalaron sin licencia y que luego “hubo que” regularizar. El Ayuntamiento le dio licencia de actividad en el año 2000. Pero por tratarse de una granja “en situación especial” (es decir, en plena fantástica huerta y muy cerca del casco urbano), se le prohibió tajantemente hacer ampliaciones de cualquier tipo en el futuro. El documento que le otorga la licencia recoge por tres veces esa prohibición: queda muy, muy clarito. Es un documento oficial, firmado y sellado. Se supone que hay que hacerle caso. Nosotros, desde luego, le dimos credibilidad.

Sin embargo, no la tenía. Ya en el año 2007, Malvecino hizo en su granja una ampliación. No muy grande, pero ampliación. Y nuestras protestas no sirvieron para nada. El Ayuntamiento dijo que-yo-qué-sé, que-qué-sé-yo… y punto.

ampliacion 2007

Este año, ya fallecido mi padre, Malvecino ha ido a lo grande y ha hecho una ampliación tremenda, impresionante. Ahí está, refrendada por la ley del más fuerte, que no está escrita pero es la que rige. Yo miro aquel documento que prohibe las ampliaciones, lo tengo delante ahora: lo releo, veo lo que dice tan claramente, y suspiro. Ya no nos podemos creer la letra impresa, ni aunque tenga membrete, firmas y sellos oficiales.

ampliacion 2013

Recuerdo lo que decía mi padre, sí: juzga lo que pasa en general a partir de lo que ves que pasa en tu pueblo. Y me entra un sentimiento desolador, de indefensión e incluso de miedo. Porque si no podemos atenernos a lo que está escrito, a lo que pone en el papel, ¿a qué podemos agarrarnos? Nuestro querido lema, aquel standum est chartae, ya no sirve. No tiene validez. Si se incumple una vez y no pasa nada, y otra y tampoco, y otra más y lo mismo… lo que impera es la ley de la selva. Lo llaman “Estado de Derecho” y no lo es. ¿No da vértigo?

Dejémonos de bobadas, de análisis superficiales y desenfocados. Ni internet tiene la culpa de que la letra impresa esté devaluada, ni solo está devaluada la letra impresa que tiene que ver con la prensa. La situación, compañeros, es mucho, mucho más grave. Como lo son sus causas… y sus consecuencias.

tocinos junto a la huerta

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5 respuestas a Lo que pone en el papel

  1. laMima dijo:

    Lo primero que se me ocurre es dar una soberana patada a ese ayuntamiento que os está tomando el pelo .. pero al final solo tengo ganas de gritar. O de llorar de rabia.

  2. Juan dijo:

    Mari, fíjate que he llegado a tu artículo a través de un seguidor de mi Twiter. Viva internes!!!! Que ya que el papel nos lo pasamos por el forro, a mi lo que me pide el cuerpo es cruzar la valla y darle un par de hostias bien dadas al vecino cabron. Ya ves, hoy no estoy políticamente correcto.

  3. Enrique dijo:

    Mari: como buen esquilador (y observador impenitente) coincido plenamente con tu padre (también lo decía el mío………. ¿porqué será?). Sin embargo soy “don erre que erre” y no cedo en mis derechos si considero que tengo razón. Conozco un caso igual en un pueblo de Córdoba y, al final, le han dado la razón. Eso si, han tardado un montón de años. La administración no suele ser rápida …….. Un besazo para todos.

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