Que Barcelona no quiso quedarse las pinturas…

En El Punt Avui de hoy viene otro artículo, con un corte final. Transcribo a continuación, traducida al castellano, la parte final y seguidamente la comento:

“Barcelona no quería quedarse las pinturas”

En Aragón se insiste en que las reclamaciones para el retorno de las obras no son de ahora, sino que comenzaron en la inmediata posguerra. “Barcelona no tenía ningún interés en quedarse las pinturas. Se estuvo esperando hasta que la pieza se comenzó a deteriorar y, para impedirlo, se tenía que traspasar a un soporte definitivo. En 1949 hacía falta colocarla en un sitio u otro, o se perdía”, explica Berlabé. Este lugar fue el MNAC, con el visto bueno de las monjas del monasterio, sus propietarias. Pero habría podido ser el Museo de Zaragoza si hubiera querido. Berlabé, que está desempolvando documentos para difundir la verdad de un conflicto terriblemente endemoniado, aporta una prueba muy clara –y no es la única–. La ha encontrado en el libro Arte y Guerra Civil, de Luis Monreal, agente del  Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que recoge la propuesta que hizo el propio Gudiol: llevar las pinturas al Museo de Zaragoza siempre que fuera esta institución la que asumiera todos los costes. El caso es que el director del museo “se espantó del compromiso económico y declinó la oferta”, revela Monreal en su libro.

INDICACIONES PARA LA SRA. BERLABÉ, QUE ANDA DESEMPOLVANDO DOCUMENTOS PARA “DIFUNDIR LA VERDAD”:

  1. Enhorabuena por haber descubierto un libro publicado en 1999. También Domingo Buesa publicó hace años un artículo sobre el tema. De nada.
  2. Monreal dice que esa historia sucedió en 1943. No fue así. Fue el propio Monreal quien, como comisario del SDPAN en Barcelona, ofreció al Museo de Zaragoza que se quedara las pinturas. Pero eso no fue en 1943, sino a finales de 1940. No pudo ser Gudiol quien le propusiera nada, por tanto, pues en esa fecha estaba en el exilio; y, además, no era quién para ofrecer semejante cosa. ¿Qué autoridad tenía él? Tampoco la tenía Monreal y por eso la oferta al Museo de Zaragoza se frustró. El caso es que Galiay, el director del museo, accedió a lo que proponía Monreal, no rechazó la oferta ni se amohinó por el coste. Varias entidades e incluso particulares aportaron un dinero que el museo no tenía. Se hizo campaña de prensa, perfectamente consultable. Pero Manuel Chamoso, comisario del SDPAN en Zaragoza, no estaba de acuerdo con ese proyecto. Consideraba, como sus jefes en Madrid y otras entidades aragonesas, que las pinturas tenían que volver al monasterio, cuando estuviera restaurado. Por eso se frustró la operación pocos meses después, cuando al museo zaragozano le faltaban unas 8.000 pesetas para alcanzar la cantidad requerida, que fueron 30.000 pesetas y no 6.000, como Monreal dice.
  3. Está fenomenal que busque documentación para “difundir la verdad”, pero el comienzo ha sido regulero, como ve. Trate de ser más prudente. Se lo digo también porque lo primero que ha lanzado a la prensa ha sido su conclusión: “Barcelona no quería quedarse las pinturas”. Tras una investigación de varios años, créame, le puedo asegurar que la conclusión no es esa. Ni de lejos.
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El MNAC, “la UCI de las pinturas murales”

En el enésimo artículo de El Punt Avui contra el traslado del patrimonio de Sijena a su lugar de procedencia, en el que se aprovecha una vez más para pintar un retrato lo más feo posible de los aragoneses, se dice que el MNAC es la UCI de las pinturas murales. Puede que lo sea en los últimos veinte años; antes de eso, era muy otra cosa. Las pinturas allí no estaban bien conservadas en absoluto, y desde luego no les sentó bien el clima húmedo de Barcelona. Me refiero a todas, obviamente, no solo a las de Sijena.

Os dejo aquí un fragmento de mi investigación sobre el particular, del que he eliminado las notas a pie de página (esas, en el libro, que saldrá en un par de meses), para que veáis lo que decían los expertos, incluido Gianluigi Colalucci, sobre el estado de conservación de las pinturas murales románicas en el MNAC en distintos informes realizados entre 1989 y 1994, durante las obras de restauración del museo:

Entre 1987 y 1995, las pinturas de Sijena permanecieron desmontadas en un área de reserva habilitada en la planta alta del MNAC mientras se llevaban a cabo las obras de restauración y renovación del edificio. Los arcos tuvieron que ser desmontados separados en dos mitades. El proyecto de obras había comenzado a idearse en 1985, pocos años después de la última reorganización de las colecciones y cuando se había desechado la idea de trasladar el museo al Monasterio de Pedralbes por considerar el edificio del Palacio Nacional de Montjuic inadecuado para albergarlas. Las obras finalizaron, para la sección de románico, en 1995.

Se aprovechó el cierre del museo en esos años para proceder a la restauración de las pinturas murales, pero no consta que las de Sijena lo fueran, al menos en profundidad. El entonces director, Eduard Carbonell, hace constar únicamente que fueron “consolidadas”. En 1988 y 1989 se elaboraron informes previos sobre el estado de conservación de la colección de pinturas románicas del museo a cargo de Joaquim Pradell y Eduard Porta. Según afirmaban estos técnicos, era la primera vez que se realizaba “una comprobación exhaustiva del estado de conservación de las obras”, y la valoración que hicieron fue muy negativa. Su análisis se centró principalmente en los ábsides, sobre los que, en las conclusiones generales, destacaban como puntos más preocupantes la fragilidad de los soportes de madera, para varios de cuyos traslados realizados hasta la fecha, que desde los años veinte fueron al menos seis, se habían practicado cortes que permitieran su transporte en camiones, y en los que encontraron carcoma activa que hacía precisa una completa desinfección; debilidad también en los tejidos soportes, “que de progresar su deterioración [sic] destruirán completamente las pinturas”; presencia de sales solubles sobre muchas áreas de las capas de color, que las habían degradado y ocasionado su descohesión; numerosas tachuelas de hierro oxidadas en todas las capas pictóricas y en todos los ábsides, que habían provocado la corrosión de las telas y manchas de óxido irreversibles; defectos y alteraciones en las reintegraciones pictóricas; y abundante “suciedad, mugre, polvo y excrementos de paloma y de rata”, debida al “pobre estado de conservación del edificio”. Este último, por “las numerosas aberturas y grietas” que presentaba, permitía “el paso de pájaros y roedores que anidan muchas veces directamente en el interior de los ábsides”. Finalmente, destacaban que “la mayoría de los daños detectados tanto en los soportes como en las capas pictóricas y resto de materiales” habían sido provocados por “la humedad relativa elevada y los cambios bruscos de ésta”, así como, en los últimos años, “por el incremento constante de la contaminación atmosférica”. Y todo ello, en conjunto, por “la ausencia total de sistemas de control del clima desde la fundación del MAC”.

En abril de 1989, una reunión de expertos en la que se integraron varios restauradores del equipo técnico del museo y otros internacionales, determinó varias recomendaciones sobre el traslado e instalación de las pinturas, así como sobre sus necesidades de conservación; entre ellas pedían que el estudio del estado de conservación de las pinturas se ampliase “a las pinturas murales planas que forman parte, también, de las pinturas del Museo”.

En 1992 se encargó un nuevo análisis del estado de conservación de las pinturas a Marcel Stefanaggi e Isabelle Dangas, que expusieron en sus conclusiones que “el estado de conservación de las pinturas murales románicas del MAC puede ser calificado de deficiente”, reafirmando en líneas generales el contenido del informe de 1989 y añadiendo algunos otros problemas, singularmente la existencia de líneas eléctricas activas clavadas directamente sobre la estructura de los ábsides, sin protección, lo que entrañaba graves y obvios peligros.

Pocos meses después, en agosto, se presentaba un proyecto de restauración de los ábsides del MNAC por Gianluigi Colalucci que, pese a que se denominaba “Proyecto ábsides”, no excluía las pinturas planas. En él se recogía el dato de que los ábsides habían sido trasladados al menos cinco veces y que “no queda constancia de que se haya realizado nunca una restauración a fondo; las únicas intervenciones realizadas se han dedicado a una fijación externa de la pintura con resultados poco menos que desastrosos”, de manera que “tanto el estado de conservación como el estético están pidiendo a gritos una restauración”.

Por último, un nuevo informe realizado en 1994 confirmaba todas las patologías señaladas, en algunos casos agravadas. En este caso se hacía una referencia directa a las pinturas de Sijena:

Hacemos una mención especial de las obras que presentan graves problemas de conservación: arcos de Cardona, arcos de Sijena y un fragmento de pintura de San Pedro de Arlanza. Estas presentan levantamientos de película pictórica con peligro de pérdidas de color, formaciones de hongos, sales y una gran acumulación de polvo y suciedad sobre la película pictórica.

Os dejo también un par de fotografías de los documentos en los que me baso.

Es cierto que hoy por hoy no se reúnen las condiciones adecuadas en Sijena para acoger las pinturas. Se están haciendo obras para conseguirlas. Si no se consiguieran, no habría que trasladarlas. Lo primero, en efecto, es su preservación. Pero, con las debidas garantías, puede hacerse. El propio Colalucci desaconsejaba mover los ábsides de San Clemente  de Taull y demás en los años 90, cosa que debía hacerse con motivo de las obras de restauración; pero lo consentía, porque había de hacerse. Se tomaron las medidas correspondientes, y los ábsides se trasladaron, pese a que estaban en un estado de conservación delicadísimo, muy malo. En algunos casos, la intervención propuesta era más radical y, en este caso sí (no como en Sijena), consistía en arrancar de nuevo las pinturas y otorgarles un nuevo soporte, por degradación del que tenían. Colalucci es un magnífico restaurador pero tiene mala memoria.

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Las evaluaciones del personal del propio museo eran mucho más severas:

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Está bien que las cosas las evalúen los técnicos, estoy de acuerdo. Pero que se acuerden de todos los episodios vividos, y que no se limiten a hacer de voceros de la versión de una institución. Que lo cuenten todo, que lo evalúen todo.

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Sobre el largo abandono de Sijena

Una vez más, y no sé ya cuántas van, se publica en la prensa un artículo sobre Sijena con el objeto de tachar a los aragoneses de descuidados con su patrimonio. El concepto clave vendría a formularse más o menos así: “sois unos desidiosos, el patrimonio os da igual, y solo os interesáis por los bienes de Sijena porque están en Cataluña, ergo por anticatalanismo”. En este caso, el banderín de enganche sobre el que basar ese concepto es el del estado ruinoso del monasterio en los años ochenta, concretamente en 1988, mostrado en un reportaje fotográfico hecho por Montserrat Manent. El reportaje fue fruto de un encargo editorial: los volúmenes de “La Corona de Aragón / La Corona d’Aragó, iniciativa bienintencionada, dirigida por Guillermo Fatás y publicada en 1988, que ya se ve el fruto que obtuvo en Cataluña, a juzgar por lo que afirma la propia fotógrafa: a pesar de que nunca se le había hecho un encargo de tal importancia, y de que nunca le habían pagado tan bien, abomina del resultado, al que no pone más que pegas; le parece extraño, fíjense ustedes, que la editorial que llevó adelante el proyecto ¡tuviera dos sedes, una en Barcelona y otra en Zaragoza!

Bien, se trata de unas fotos que, efectivamente, muestran el mal estado en el que se encontraba el monasterio en esa fecha, “justamente la imagen que desde Aragón no agrada dar a conocer”, “la imagen de un patrimonio histórico de primera magnitud totalmente olvidado durante el franquismo y, lo más sorprendente, hasta bien entrada la democracia”. Hasta entonces, se indica, solamente “se habían hecho actuaciones mínimas para frenar su degradación”.

¿Y qué ocurrió cuando por fin se hicieron obras? Pues que se hicieron “tard y malament”.

Bueno. Que no se actuó en Sijena hasta los años ochenta es casi cierto. El Estado, durante el franquismo, puso cuatro duros bochornosos que además se emplearon fundamentalmente en la iglesia. ¿Aragón se había desentendido? No. Reclamó muchas veces la intervención de Bellas Artes, y hasta de Regiones Devastadas. Tras el desescombro parcial realizado por el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (en adelante, SDPAN) en 1938, quien se desentendió del monasterio fueron los responsables del Estado en Madrid. En 1942 se hizo un proyecto de obras impulsado por el comisario de ese servicio en Zaragoza, pero, pese a tener todas las aprobaciones habidas y por haber, consignada la correspondiente partida presupuestaria y lista para su libramiento, el proyecto jamás se realizó. Protestó la Real Academia de la Historia, la Comisión Provincial de Monumentos de Huesca, por supuesto protestaron las dueñas de Sijena (que volvieron en 1945 a vivir entre las ruinas, para ver si, viendo su precariedad, alguien se conmovía y las benditas obras se ponían en marcha), protestó Mariano de Pano y protestó el propio comisario del SDPAN, que llegó a hablar de “bloqueo”, protestó también el arquitecto autor del proyecto. La situación se denunció en la prensa por Ricardo del Arco una y otra vez.

Pero nada se movió. Francisco Íñiguez, comisario general del SDPAN en Madrid, había desestimado la posibilidad de reconstruir el monasterio ya en 1948. ¿Por qué?

En el 49 las religiosas denunciaban el peligro de derrumbe de un muro y pedían que se actuara aunque fuera sólo para evitarlo. Su denuncia llegó al Ministerio de Educación Nacional pero no se hizo nada. Hasta 1950 no se consigna ni una peseta para restaurar nada. Sijena era Monumento Nacional, pero a la Dirección General de Bellas Artes, encargada de restaurar los bienes culturales deshechos en el país durante la guerra, este monasterio no le interesó. En 1950 se destinaron 50.000 pesetas, con las que, según afirmaba el arquitecto Fernández Vallespín, “poco podemos hacer: más bien se trata de dar una pequeña satisfacción a las monjitas”. El dinero se destinó a reparar parcialmente la techumbre de la iglesia.

En el 52, tanto la priora como el alcalde de Villanueva de Sijena (el pueblo, 500 habitantes, era el único que echaba una mano con lo que podía durante esos años) y el gobernador civil de Huesca volvían a reclamar la restauración de, al menos, lo más urgente (la pared que corría peligro de caerse ya se había venido abajo). El director general de Bellas Artes se trasladó esas reclamaciones a Íñiguez, comisario general del SDPAN, y éste, sin disimular su hartazgo por tantas reclamaciones, contestó:

tengo la honra de informar a V. I., reiterando el informe verbal como consecuencia del escrito de la abadesa de aquel monasterio, que dado el pésimo estado del mismo como consecuencia de los desperfectos e incendios padecidos durante los años de dominación marxista, es completamente imposible que por este Servicio sea atendida ni aun su conservación y menos aún su reconstrucción.

Es difícil ser más contundente.

En los años sucesivos, sin embargo, se destinaron pequeñas cantidades: 81.000 ptas en el 53, 59.000 en el 55, 50.000 en el 59. Todo se fue para reparar la iglesia, que era lo que menos prisa corría porque era la parte menos afectada. Para colmo, el encargado de las obras fue Fernando Chueca Goitia, del que en Aragón tenemos pésimo recuerdo. En los años 60 se restauró el refectorio y en 1972 dos tramos de la arquería del claustro.

Hasta mediados de los 50, el Estado había invertido en la restauración de Poblet (abandonado para la Desamortización, hacía cien años, en estado de total ruina y sin haberse visto afectado en absoluto durante la guerra) más de 3.300.000 pesetas. Que no serían ni mucho menos las últimas. Hay agravios comparativos alucinantes, que todavía lo son más cuando, encima, te acusan de desidia, ignorancia, abandono, etc., etc., etc.

En 1982 Aragón se dotó de un Estatuto de Autonomía. A finales del 83 le fueron traspasadas las competencias en Patrimonio. En el 88, mientras la señora Manent hacía sus fotos, indignada porque en el pueblo le habían hablado, dice, “con indiferencia y menosprecio” (a saber por qué), el Gobierno de Aragón elaboraba el proyecto director de intervenciones en el monasterio. La restauración se inició al año siguiente. Por fin alguien se encargaba de rehabilitar la sala capitular.

La restauración no fue adecuada, sin embargo. Esto lo reconoce hasta el lucero del alba. Pero no he podido evitar reírme al leer en el artículo de El Punt Avui que “se dejaron unas aberturas por donde entraba el agua de la lluvia, de manera que se acabaron de estropear los restos de pintura que no se habían arrancado”.

Hasta ese punto llega la idea fija, obsesiva, enraizada hasta lo más profundo en algunas cabezas, de que los aragoneses somos unos bárbaros. ¿Cómo se van a dejar “aberturas” en la cubierta de la sala? De verdad, ¿es posible que alguien sea capaz de creerse, y luego escribir en un periódico, una cosa así?

Lo que se hizo fue poner una cubierta de madera y cristal. Y, para tapar los cuatro arcos de entrada, puertas también de cristal. Actuación inadecuada totalmente porque si algo necesita esa sala es “respirar”, y si la cierras con cristal consigues que la humedad se acumule en su interior. Que es lo que ocurrió y que se hace evidente, sobre todo, cuando llueve: se recoge humedad. Es un poco ridículo que en el 91 le dieran a aquella restauración un Premio Hispania Nostra; pero fíjense, se lo dieron. Qué cosas.

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Hasta la redacción de El Punt Avui, supongo, lo que habrá llegado son fotografías de la sala del estilo de las que reproduzco aquí, y allí se habrán pensado que esas franjas del techo por donde pasa la luz estaban abiertas. Los brutos de los aragoneses, cubriendo la sala capitular del monasterio pero mal, dejando aberturas para que entre bien el agua de la lluvia y se llene aquello de charcos…

A mí todo esto me da mucha vergüenza, qué quieren que les diga.

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Esta es la pintura de la sala capitular que “quedó sin arrancar”: un repinte ‘tipo tebeo’ o ‘modelo comic’ realizado en el siglo XVIII en la parte baja de uno de los arcos. Por algo se quedó ahí y no lo llevaron a Barcelona. Pero ahí sigue.

En el año 2000 (no en el 2004), el Gobierno de Aragón firmó un convenio con Caja Madrid para llevar a cabo la restauración del conjunto. Las obras se llevaron a cabo hasta el 2006 y se hizo una excavación arqueológica, un estudio de las estructuras en profundidad, la consolidación de la parte ruinosa (la del ala Oeste) y la restauración del resto del claustro. Aquí tienen documentación si la necesitan, que creo que la necesita más de uno.

También les puedo sugerir que entren en DARA y busquen fotos sobre Sijena y su estado ruinoso en los 70. Están al avast de tothom, no se esconden aunque duela.

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Fotos de José Oltra. Fototeca de Huesca.

En el 2015 se acondicionó parte de los dormitorios para acoger las piezas en litigio. Y en el 2016 se ha acometido la nueva restauración de la sala capitular.

“El largo abandono de Sijena” tiene bastantes más matices que los que, con unos prejuicios que hacen sangrar los ojos, cuenta ese artículo. Otro rato, si quieren, les cuento el largo abandono de Poblet, del que hemos mencionado algo antes. Que se lo van a pasar bomba.

Un detallito final: el monasterio de Sijena, nos repiten a menudo, dependía del Obispado de Lérida/Lleida desde 1873. ¿Se ocupó ese obispado de reclamar algo para Sijena? ¿Se acordó de que las monjas que lo habitaban vivían entre las ruinas? ¿Se “mojó” alguna vez por ellas? Una sola vez el obispo leridano escribió al director general de Bellas Artes, en 1945; y lo hizo para pedirle atención al monasterio… planteándole que podría costearse su restauración con el dinero que se obtuviera de las piezas de patrimonio artístico que todavía tenían las monjas. Una cosa de absoluto bochorno. Pero cuando hay que sacarle los colores a alguien, nadie se acuerda de que Sijena dependía de Lérida.

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La voz nunca escuchada de los del pueblo

Mientras investigaba por los archivos para obtener datos sobre Sijena me salían cosas curiosas. Hoy os traigo una. Es una muestra de las protestas que se alzaban desde los pueblos contra el despojo de sus iglesias a manos de obispos, párrocos, anticuarios y jefes de museos, que nunca pensaron en ellos como en otra cosa que no fuera un estorbo.

Las protestas de la gente de los pueblos no es que no fueran jamás escuchadas, sino que, de tan poco que se tuvieron en cuenta, han desaparecido de la memoria y del interés de los historiadores, que por lo general ensalzan a los poderosos cuando tratan este tema, alaban la sensibilidad artística y la cultura de los que tanto atropello cometieron, disculpan sus excesos y hasta las ilegalidades, y culpan indefectiblemente a los del pueblo de “dejarse expoliar”, de “no mostrar interés”, de incultura, desidia e ignorancia. Este tipo de testimonios, como el que traigo hoy aquí, se obvia sistemáticamente porque culpar a los de los pueblos sale gratis: nunca jamás van a devolver el golpe. Y cuando lo intentan también son denostados.

La carta que reproduzco a continuación fue escrita desde Sort el 8 de septiembre de 1929. La firma un ciudadano, F. Pla, que la dirige al “Sr. D. Joan Sacs”, seudónimo de un crítico de arte muy influyente de Barcelona que se llamaba Feliu Elías. Denuncia el expolio de las pinturas románicas de Sorpe, en el Pirineo de Lleida. Y dice lo siguiente (traduzco del catalán y al final pongo fotografías de la carta):

Muy señor mío: Confirmo el telegrama que le he enviado. Es escandaloso lo que pasa con todo lo referente a obras de arte en todo el Obispado de Urgel. Vino aquí el Dr. Guitart [Justí Guitart, el obispo] con fama de buen patriota y regionalista convencido, pero delante de unas miserables pesetas claudica totalmente. Autoriza a venderlo todo, absolutamente todo, solo que pueda reunir muchas pesetas. El Dr. Planes, vicario general, le secunda admirablemente, enviando cartas a los curas para que entreguen los objetos de las iglesias a los anticuarios que son portadores personales de las mismas.

Con hoy, son ya tres días que trabajan limpiando de cal las pinturas murales de Sorpe. El pueblo no sabía nada. Pero al ver el Sr. Armengol Barado, de Sorpe (buen amigo mío, que estaba enterado de lo ocurrido hace dos años), que unos señores junto con el capellán (Mosén Pere Alegret) estaban largas horas encerrados en la iglesia, temió de lo que se trataba, y fue al coro, quedando sorprendido de ver “la de Dios” de pinturas que se ofrecían a sus ojos. Llamó al presidente de la Junta Administrativa del pueblo y a la vez llamaron al señor cura a casa del referido Armengol. Al decirle que el pueblo no estaba dispuesto a dejarse expoliar de sus pinturas, contestó que todo sería inútil. Que los señores que trabajaban para llevárselas eran el secretario y un delegado de la Exposición que venían debidamente autorizados para todo, incluso para utilizar a la Guardia Civil si se les ponían dificultades.

Dicho señor A. Barado, que es el alcalde, y el presidente de la Junta Administrativa han venido a buscarme, después de haber puesto un telefonema al Gobernador Civil, denunciando el hecho y pidiéndole instrucciones, que no ha contestado.

Además ha sido enviado un telefonema al Dr. Guitart [el obispo], protestando por el hecho.

Ya el pueblo se opuso a que se vendiera el San Pedro románico del altar mayor y llegó el señor cura a ofrecerles dos mil pesetas, que rechazaron.

De las pinturas de Sant Pere del Burgal, que creo tiene Plandiura y habían ofrecido 45.000 pesetas para que el pueblo callara, les dieron 3.000 pesetas.

El año pasado robaron del pueblecito de Noris un frontal de altar de talla románica de incalculable valor, pese a que le faltaban ya las figuras de los apóstoles que hace unos años dejó arrancar el cura a un anticuario, que por los datos que he reunido, podría ser uno que le dicen el Gitano de Manresa. Incluso se ha dicho si las dichas figuras las tenía Jorba. Se presentó la oportuna denuncia en el Juzgado, pero como si nada, y eso que un frontal no es una pieza que se pueda escurrir con facilidad. En la Seu d’Urgell hay fotografías de dicho frontal. Es una pieza de importancia.

Volvamos a lo de Sorpe.

Para julio estuve allí. La iglesia es románica [describe la iglesia]. Las pinturas, totalmente recubiertas de cal, habían tenido cuidado de que no se viesen más que en las pequeñas raspaduras ya hechas. El aspecto era de que comenzaban sobre los bancos colocados alrededor del coro.

Toda esta gente que se dedica a antigüedades le temen a usted extraordinariamente. Más de una vez se me ha pedido que sobre todo no le dijera nada a usted, pero ahora ya es demasiado.

Le saluda atentamente su affmo…

Joan Sacs no hizo nada, que yo sepa. La carta la encontré entre los papeles de Jeroni Martorell, jefe del Servicio de Conservación de Monumentos de la Mancomunidad de Cataluña y, en esa fecha, del mismo servicio en la Diputación de Barcelona. Tampoco hizo nada. El obispo, tal como había afirmado el cura ante las protestas del pueblo, vendió las pinturas al MNAC. Y allí están hoy, salvo unos fragmentos que se conservan en el Museo Diocesano de Urgell.

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No sé si habrán reparado en que en esa carta se habla de expolio. Que el pueblo no estaba dispuesto a dejarse expoliar sus pinturas, afirmaba Pla. Fue un expolio, en efecto, pese a que se contaba con todos los permisos y bendiciones, porque esas pinturas eran del pueblo y el pueblo no quería que nadie se las llevara. ¿Hablaban de “expolio” por anticatalanismo? No, claro. Pero ¿dónde quedaron todas sus peticiones de ayuda, sus denuncias, sus protestas ante las autoridades? En el cesto de la basura, sin respuesta. O con la respuesta de la Guardia Civil, si hubiera hecho falta. En eso no nos diferenciamos las gentes de más allá y más acá de las fronteras administrativas entre las dos comunidades. Los poderosos lo tenían todo de su parte. Los de los pueblos, a callar. Y hoy, la historia los juzga, encima, como descuidados e ignorantes.

Sigamos haciendo historia oficial, oigan.

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Nunca creas una historia sin fisuras

Hola, Carlota:

He leído tu artículo en mecanoscrits. Me ha parecido tan ofensivo hacia los aragoneses que me he decidido a hacer un escrito de respuesta. Pero, antes, he tecleado tu nombre en Google y he visto que naciste en 1995, o sea, que tienes 21 años y estás aún estudiando. Así que he rebajado bastante mi inicial indignación, que se ha trocado en preocupación. Aún así, quiero contestarte. Disculpa si mi tono te parece paternalista: no puedo evitar tener treinta años más que tú.

Folch i Torres, en efecto, publicó ese reportaje que comentas y afirmó todo eso que dices en cuanto a la conservación de las pinturas de Sijena. Siguiendo la norma de oro de todo historiador, antes de lanzarte a ciegas a defender esas palabras de Folch deberías asegurarte de si eran ciertas o no. Si lo hubieras hecho, te habrías encontrado con otros autores que decían todo lo contrario. Uno de ellos era catalán y tuvo mucho que ver con Sijena: era el propio Gudiol. Gudiol dijo, en repetidas ocasiones, que las pinturas parecían “acabadas de pintar”. Una de esas ocasiones es muy conocida, se trata del relato contenido en sus “Tres escritos”, publicados en los en los años 80, donde narra la impresión que le causó la vista de aquel maravilloso conjunto destruido por las llamas:

Los arcos antes brillantes de policro­mía eran una ruina gris y negra que se perfilaba sobre el cielo. El fuego había transfor­ma­do las maravillosas composiciones, que pocos meses antes parecían recién termina­das, en unas figuras monocromas casi invisibles.

Su hija Eulàlia, en la biografía que publicó sobre su padre en 1997, afirmaba lo siguiente:

Josep estaba enamorado de la sala capitular de este convento, tumba real de Aragón. Decía que era una especie de Capilla Sixtina del siglo XII, con las pinturas perfectamente conservadas a causa de los pocos cambios atmosféricos que se producen en estos edifi­cios tan cerrados.

Otro historiador importante para Sijena, Walter Oakeshott, escribió esto:

Gudiol se quedó atónito por la calidad de lo que vio en la Sala Capitular. Allá no había únicamente fragmentos como los que a menudo constituyen el único premio de los que buscan pinturas murales medievales, por el contrario un gran esquema de decoración, guardando todavía su color espléndido, azules oscuros, rosas y verdes dominaban la impresión que todo ello producía. […] No solamente los arcos, sino también las paredes estaban cubiertas con pinturas, aunque la mayor parte de estas últimas aparecían escondidas por una capa de yeso.

¿Eso “casa” con lo dicho por Folch? En absoluto, como ves. Entonces, ¿por qué lo dijo? Bien, aquí ya cada uno, en función de lo que sepa de historia y de la trayectoria de este personaje, sacará sus propias conclusiones. Yo te avanzo que es lo mismo que hizo cuando defendió el arranque de los conjuntos pictóricos de las iglesias del Valle de Boí para llevarlos al entonces Museo de Barcelona. Era su justificación. Como no voy ahora a extenderme en este caso, que también tiene muchas sombras, no espero que me creas; pero al menos, sabedora de lo que dijeron otros autores de la máxima credibilidad acerca del estado en que se hallaban las pinturas de Sijena, espero que surja en ti la duda sobre la veracidad de lo que afirmó Folch en su reportaje.

Lo que me preocupa, en realidad, es la conclusión que sacas sobre el destino que habría aguardado a las pinturas, a raíz de lo que dijo Folch. Según puedo leer, tú consideras que

Si bien el monasterio fue incendiado el 9 de agosto de 1936, un mes antes ya se estaba padeciendo por su deterioro. El incendio fue el toque de alarma que hizo actuar a los catalanes con una inmediatez total, en claros términos de supervivencia. Así, pues, ante la pasividad y la ignorancia de los otros, qué habíamos de hacer? Pues era muy fácil, actuar con grandes dosis de conciencia y de “seny” con tal de salvarlo. Lo más triste de todo es que si la quema del monasterio no se hubiera efectuado, lo que no defiendo de ninguna manera, habrían dejado en el absoluto abandono todo lo que constituía el monasterio de Sijena. El incendio, contradictoriamente, permitió que muchas de las obras no se perdieran y que las estropeadas pudieran ser restauradas.

Carlota, esto es un despropósito. Vaya, es una barbaridad. Una barbaridad que parte de un prejuicio: según tú, aunque el incendio no se hubiera producido, la ignorancia y la pasividad “de los otros” habría hecho que las pinturas se hubieran perdido igualmente; de manera que, al menos, con el incendio y la actuación de los catalanes, algo se salvó.

¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? ¿Qué te hace pensar que eso habría ocurrido así? ¿Qué datos tienes para sacar una conclusión tan terrible acerca de los aragoneses? ¿Has examinado alguna fuente que te permita saber quién se hizo cargo históricamente de Sijena, quién lo protegió y cuidó, quién lo estudió y lo dio a conocer? ¿O se trata sólo de una idea que tienes grabada a fuego, pero que no sabes en qué se sustenta? ¿Sabes que eso se llama prejuicio?

¿Qué te permite deducir que, de ser cierto lo que decía Folch, ante su llamada de atención no habría reaccionado nadie? ¿Por qué das por sentada la ignorancia, la pasividad, y todos esos epítetos tan cariñosos que nos dedicas, hasta el punto de darlo por perdido aun sin el fuego? ¿Te has parado a pensar que en Sijena se conservaba un conjunto de frescos románicos que no tenía parangón con ningún otro conjunto en Cataluña? ¿Te das cuenta de que lo que se conservó en las iglesias pirenaicas de Boí eran sólo los ábsides y algún fragmento en las naves, y que por contra en Sijena, tal como afirma Oakeshott (poco sospechoso de anticatalanismo) se había conservado ese conjunto completo, durante varios siglos? ¿Sabes que no era el único conjunto que había en el monasterio? ¿Tanta desidia, ignorancia y pasividad… y aquí existía lo que no existía en ninguna otra parte?

Mira, lo siento pero me enciendo. En la última parte de tu artículo afirmas que “vosotros” no habéis hecho nada mal, que sois Abel frente a Caín, que no os habéis de justificar, que “ellos” (por “los aragoneses”) somos “los primeros en construir diques ideológicos hechos de odio y de ignorancia”… Y, sin embargo, en los párrafos justo anteriores has hecho un perfecto alegato, que comparto al cien por cien, sobre la historia construida sin otro criterio que la defensa de las propias posturas. Los transcribo seguidamente, y te pido que, a la luz de la cerrada defensa que haces sobre la actuación de los catalanes en todo este asunto, frente a las graves acusaciones que haces a los aragoneses, les des la vuelta y te apliques esas reflexiones a lo que tú misma has escrito:

Admitir que se ha hecho algo mal, no agrada a todos aquellos que se creen poseedores de la gran verdad y se consideran escritores de una historia que tan sólo existe en su imaginación. Todo eso en un país donde el revisionismo histórico es sinónimo de tabú. Por eso, lo más fácil es culpar al otro, y si es catalán [aragonés] mejor, porque entonces ya no exige justificaciones ni pruebas, porque su historia ha dictaminado que atacar a los catalanes [aragoneses] es un acto totalmente gratuito y, además, sin consecuencias.

La ignorancia es, posiblemente, uno de los peores males de la humanidad, la cual, casi siempre, va ligada a la desmesura, al sinsentido, a la inconsciencia y un ‘todo vale’ que deja la vía abierta a la mentira y a la manipulación histórica. Josep Pla, acertadísimo e incisivo, decía: ‘La falta de memoria es el origen de la ignorancia y de la forma más peligrosa de la ignorancia, que es la demagogia’. Y seguramente no hay frase más actual que esta.

Has construido una historia de buenos y malos, una historia sin fisuras en la que los catalanes lo han hecho todo bien y los aragoneses todo mal. No te creas nunca las historias sin fisuras. Todas tienen matices y, a menudo, sombras muy oscuras. Ninguna historia, ni personal, ni vecinal, ni de países, ni de nada, es perfecta e irreprochable. Cuando te intenten contar una historia perfecta, desconfía profundamente. Cuando intentes contar una historia tú, no te permitas hacerla blanca y negra, plana y sin contrastes. Porque será falsa.

Relee tu último párrafo, que destila un absoluto desprecio hacia los aragoneses. Y no te agarres a la catalanofobia como único argumento: eso, como tú misma dices, culpar al otro no exige ni justificaciones ni pruebas. Y sí, en esta historia hay que dar justificaciones. Tanto por “nosotros” como por “vosotros”. El hecho de que tu artículo esté planteado sobre esa división, el “nosotros” y el “ellos”, ya de por sí debería hacerte reflexionar. Tú misma abominas de las historias de Caín y Abel. Pero afirmas que “vosotros” sois Abel.

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Sí se les preguntó

Cada vez que se habla de la adscripción de las parroquias aragonesas del Aragón Oriental a la diócesis de Barbastro-Monzón en 1995, o de su segregación respecto de la de Lérida/Lleida*, se dice que no había ningún problema antes de esa fecha y que todo el lío del enfrentamiento entre las dos comunidades arranca de una decisión efectuada por las altas jerarquías eclesiásticas (con la mano negra del Opus detrás, eso también se añade; un día de estos habrá que centrarse en ese tema, menudo mantra) sin contar con la población. Que a los de los pueblos nadie les pidió opinión.

Qué útiles son las hemerotecas.

El 17 de junio de 1978, el Heraldo publicaba esta noticia:

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Como la letra es muy pequeñita, les voy a resumir su contenido. Si alguien desconfía de mi resumen, solo tiene que acudir a la hemeroteca. Arriba he puesto la fecha. La noticia viene en la pág. 13 y es de cuando el Heraldo tenía formato sábana.

Al lío: el Departamento de Sociología de la Universidad de Zaragoza había presentado el día anterior a los medios, en la Facultad de Empresariales, los resultados de una consulta hecha a la población de los municipios de la zona oriental de Huesca, sobre su voluntad de adscripción eclesiástica. La pregunta de esa consulta era tan sencilla como “¿Desea usted que, en adelante, esta parroquia pertenezca a la provincia eclesiástica de Zaragoza?”. Y las opciones de respuesta eran “Sí”, “No” y “No opina”. Pregunta clarísima y pocas posibilidades de respuestas confusas.

El equipo que llevó a cabo la encuesta estaba formado por once personas, todas del Departamento de Sociología (ocho profesores y tres estudiantes) bajo la dirección de Enrique Gastón. Se siguieron todos los cánones metodológicos que exige el rigor en este tipo de consultas y se encuestó a 1.183 personas entre 55 poblaciones de Ribagorza, La Litera y Cinca-Monegros.

Los resultados fueron:

  • El 62,97% prefiere pertenecer a la Iglesia de Aragón
  • El 9,49% prefiere seguir adscrito a la Iglesia de Cataluña
  • El 27,54 % no opina

Según el doctor Gastón, en ese elevado número de abstenciones influían varios factores, entre otros “el miedo a que les trasladaran en párroco ‘con el que estamos muy contentos'”.

Gastón afirmaba también que “los encuestadores pudieron constatar en todas partes un gran sentimiento aragonés, hasta el punto que pude ser considerado factor determinante en las respuestas”; un “agudo sentido de pertenencia a Aragón [que] se manifestaba también, tanto en los que deseaban una continuidad como en los que preferían un cambio, en las duras críticas que algunos dirigían contra la Administración aragonesa por el abandono en que, durante tantos años, han tenido a la zona en aspectos sanitarios, educativos, de comunicación, etc.”

Como verán, lo mismo que digo lo uno, digo lo otro.

Me he dejado la guinda para el final, porque es muy divertida. ¿Saben ustedes por qué hizo ese estudio la Universidad de Zaragoza? Pues porque quiso hacerlo la Asociación de Sociólogos Aragoneses por medio de los párrocos de cada pueblo pero esta iniciativa, que se planteó en 1977, “fue desautorizada por el señor obispo de Lérida”.

¿Quién quiso y quién no quiso preguntar a los feligreses?

 

*No tengo ningún problema con el catalán. Cómo iba a tenerlo, y por qué. Uso indistintamente Lérida y Lleida según me viene en gana, sin más. Me da igual cuál sea el nombre oficial de la ciudad, eso no me afecta como hablante. Es una pena tener que aclarar esto, pero hay gente que si ve que escribo el nombre de la ciudad en castellano me considera “sospechosa”. Así están las cosas.

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Atizar el fuego es irresponsable

La última discusión sobre Sijena, esta vez centrada en el pueblo de Villanueva y los sucesos del 36, comenzó en realidad con algo que no tenía nada que ver con esto. El inicio de todo fue un artículo de Guillermo Fatás en el Heraldo que no iba sobre ese asunto (lo enlazo aquí porque en la web del Heraldo no lo colgaron). El catedrático comentaba una noticia aparecida pocos días antes en El País, que recogía declaraciones interesadas de los dos conservadores del Museo de Lérida, y enviaba un mensaje: la historia del expolio de Sijena es una, aunque con muchos episodios y matices, y no hay que caer en la trampa de trocearla “y centrarla cada vez en un episodio suelto”, porque eso “solo es bueno para sus depredadores”.

Siguiendo precisamente esa táctica (lo que no quiere decir que yo lo tache de depredador), en lugar de contestar al tema del artículo, el conservador Albert Velasco respondió en Twitter centrándose en una línea concreta, un comentario absolutamente lateral al asunto de fondo: al referirse a la destrucción del monasterio en la guerra, acotaba Fatás que se produjo “por fuerzas milicianas procedentes de Barcelona bajo la autoridad del gobierno catalán”. Dejo aquí “foto” del artículo y del detalle de ese comentario:

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20160906_211908Hecho: el tema se desvía hacia esa frase y se obvia el tema de fondo. Estos fueron los comentarios de Velasco como reacción, que traduzco y pongo luego en captura. Recuerden que hay que leerlos de abajo arriba:

En el tema de Sijena, hay gente que habla a lo bruto. Hoy, Guillermo Fatás, catedrático de la Universidad de Zaragoza y miembro de la Real Academia de la Historia. El Dr. Fatás publica hoy un artículo de opinión en el Heraldo de Aragón sobre el tema de Sijena. Habla del incendio en la Guerra Civil. Ay.
Desde Aragón demasiadas veces se pone énfasis en que el monasterio fue quemado por una columna anarquista venida de Barcelona. Pero las mismas voces nunca recuerdan que la misma columna, por el camino, dejó un rastro de destrucción brutal en tierras catalanas.
Este académico “de prestigio” va un paso más allá y habla de “fuerzas milicianas procedentes de Barcelona BAJO LA AUTORIDAD DEL GOBIERNO CATALÁN”. Da pena y vergüenza ajena cómo profesionales de la historia, catedráticos de universidad, se prestan a este juego absurdo. Y después dicen que vamos de victimistas y que vemos anticatalanismo donde no lo hay. Si esto no es anticatalanismo, ya me diréis qué es.

velasco sobre fatásComo los comentarios puestos en Twitter por el conservador fueron injustos, Fatás le respondió una semana más tarde, con otro artículo en Heraldo.

CradGeLWYAA0llaLa respuesta de Fatás en el Heraldo del domingo siguiente negaba el anticatalanismo. Su afirmación, dice el catedrático, viene sustentada en el hecho, recogido por la historiografía de todo color, incluida la independentista, que da fe de que el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, dio soporte a la creación del Comité Central de Milicias Antifranquistas. Que nombró a dos delegados para que representaran en él al Govern, uno de ellos como jefe militar, y que eso evidencia que el CCMA quedó vinculado directamente a él. De manera que, sí, esas fuerzas milicianas quedaban, como había dicho en su primer artículo, bajo la autoridad del gobierno catalán.

Velasco se indigna entonces porque entiende que lo que dice Fatás es que la Generalitat apoyaba las destrucciones hechas por las columnas de milicianos que salieron de Barcelona hacia Aragón y, en concreto, la destrucción de Sijena. Anuncia que esa “vergüenza” no va a quedar sin respuesta y varios días después publica, en una suerte de respuesta indirecta, un artículo en la Tribuna de El País. Pero en lugar de contestar al tema, de nuevo se desvía hacia otra cosa. Y no habla de Companys ni trata de desmentir su soporte al Comité de Milicias Antifranquistas, sino que centra el discurso en afirmar que no fueron las columnas libertarias las que quemaron Sijena, sino los propios vecinos de Villanueva. ¿Qué tiene que ver esto con lo anterior? ¿Nada? Nada.

O bueno, sí: es una nueva pieza que añadir en el empeño sostenido de transmitir un único mensaje al personal, y es que todo lo que hace Aragón, o viene de allí, tiene un único origen que es el anticatalanismo.

Así que ya tenemos otra bronca nueva montada en un momento, todo el personal concentrado en defenderse de la acusación infundada de Velasco*, el pueblo de Villanueva ofendidísimo y los catalanes descerebrados (ojo: no digo “los catalanes en su conjunto”, digo “los catalanes descerebrados”, que los hay, como en todas partes) indignados porque fíjese usted qué barbaridad, nos han acusado de incendiarios y resulta que “no fuimos nosotros” sino que “fueron ellos”.

Recordemos la frase de Fatás que encabezaba este post: fragmentarlo todo, desviar la atención en temas parciales, es lo mejor para quien no quiere analizar de verdad el fondo del asunto, ni dar argumentos sólidos que defiendan la postura de la Generalitat, ni abordar el problema que supone incumplir una sentencia en un Estado de Derecho, etc.

Pero todo suma en el objetivo de atizar el fuego. No sabemos quién prendió la mecha en el 36, pero está claro quién tiene interés en provocar incendios en el corazón de la gente ochenta años más tarde. Es una irresponsabilidad alucinante.

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*Infundada, sí: Velasco se basa en la Causa General, que él mismo reconoce que no es fiable, pero que en este caso reconoce como válida porque dice que Julio Arribas Salaberri, secretario de Sijena en el momento de estallar la guerra, y que publicó un libro sobre la historia del monasterio en 1975, refrenda lo dicho en esa Causa. En esta última se responsabiliza de la quema del monasterio a “casi la mayoría de vecinos”, pero Arribas no dice o sugiere, ni por lo más remoto, nada semejante. Si Velasco trabajara con los criterios y metodología de la “ciencia histórica” a la que él mismo alude, analizaría más fuentes (las hay) antes de lanzar semejante acusación, o como mínimo haría una referencia más completa a las dos principales que presenta (la Causa y el libro de Arribas), donde constan más testimonios que resquebrajan una afirmación tan contundente y dañina. Les pongo todas las páginas que hablan de este episodio de la guerra, fotografiados del libro de Arribas. No sé ustedes, pero yo ahí no encuentro nada que permita sustentar la afirmación de la Causa General:

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Ya habrán visto ustedes: en el pueblo les sobraban casas a las monjas para refugiarse, y el duro comité local les permitió marcharse tranquilamente del pueblo. Según Velasco, el pueblo en su mayor parte incendió el monasterio pero dio refugio a las monjitas en sus casas y el comité no les tocó ni un pelo. Muy coherente. Hubo 392 votos de derechas frente a 31 de izquierdas en febrero del 36, pero luego todos juntos se fueron a quemar el monasterio. Y esperaron para ello quince días, según la fecha que aparece en la Causa General (que en la versión de Arribas fue más tarde), sorprendentemente, cuando podían haberlo hecho nada más producirse el golpe militar, que fue lo que ocurrió en media España. Aquí aguardaron, sin embargo, a la llegada de gentes violentas venidas de fuera que, afirma Arribas, “convulsionaron a toda la población”.

Me parece que para armar su artículo en El País, Velasco no acudió al texto original de Julio Arribas sino a la versión sui generis que se da en una web delirante, “Més Vibrant”, cuyo enlace les dejo aquí para que juzguen ustedes mismos el nivelazo. En concreto, hay un artículo sobre Sijena que cuenta lo siguiente:

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Si se toman la molestia en comparar esa seudo-cita con el original, verán que las variantes son sustanciales. En esta web se cargan las tintas contra los del pueblo haciendo ver que es eso lo que escribió Arribas, PERO ESO NO ES LO QUE ESCRIBIÓ ARRIBAS. ¡Está mintiendo! Un historiador tiene que tener criterio a la hora de elegir las fuentes, y procurar que no te nublen el cerebro las ideas preconcebidas: los prejuicios. Ni siquiera la foto que aparece ahí es de Sijena. Flipante todo.

Deduzco que Velasco se basó en esta página porque sigue a pies juntillas otra falacia que se dice en otro artículo, y es que en 1977 el Instituto de Estudios Sijenenses, radicado en Villanueva de Sijena, reeditó el libro de Arribas pero omitiendo, “extrañamente”, los pasajes que supuestamente inculpaban a los del pueblo:

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“Pese a que es el mismo texto, punto por punto, se omite toda referencia a este hecho”, dice Jordi Matilló, administrador de la página, a quien me abstendré de calificar. Velasco dice, en su artículo, que “Extrañamente, en la reedición de su libro por parte del Instituto de Estudios Sijenenses, aparecida solamente dos años después, se suprimieron todos los detalles de los hechos”.

Bien, vean los dos libros, el original y la “reedición”:

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Si comparan esta foto con la que aparece en la página “Més vibrant”, donde se han puesto al mismo tamaño, verán que existe una “pequeña” diferencia: el libro editado en 1977 no es una reedición, sino una versión abreviadísima. No es que desaparezcan esos pasajes pretendidamente incómodos, sino que se reduce el texto a una quinta parte, aproximadamente.

Si el artículo de Velasco, publicado en uno de los periódicos más importantes de España, hubiera sido presentado como trabajo de curso en primero de carrera, el autor se habría llevado un suspenso rotundo y, por añadidura, un rapapolvo más rotundo aún.

Un último apunte: me temo que Velasco, aunque califica de “insigne” al monasterio de Sijena y afirma a cada rato que el discurso museográfico del Museo de Lérida hace un relato de la historia conjunta de los territorios de la diócesis, no ha estado allí. Lo deduzco de la siguiente afirmación, que hace en un artículo de El Punt Avui aparecido ayer:

Incluso se ha llegado a relacionar de forma indigna el incendio del monasterio y el posterior arranque de las pinturas murales efectuado por Gudiol. Y todo junto ha derivado en iniciativas tan esperpénticas como la de incluir esta desviada e interesada versión de los hechos en uno de los paneles informativos del monasterio.

Se refiere a este panel:

panelNo es “uno de los paneles informativos del monasterio”. Es EL ÚNICO panel que hay en todo el recinto. Y solo habla de la Virgen del Coro. Esa es toda la grave acusación que se hace “a los catalanes”.

Ha habido, en estos meses, quien ha dejado caer que la gente de Villanueva no conoce las piezas del monasterio que están en Lérida, pese a que están a sólo 75 km de distancia. De Lérida a Villanueva hay el mismo trecho, y me temo que hay muchos que tampoco lo han recorrido. Pero hacen mucho más ruido.

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No asustéis a las monjitas, que lo gordo son las joyas

Ayer volvió a salir en El País otro de esos artículos sobre Sijena que da gusto leer para luego despellejarlo. Como siempre, información desde Barcelona y de J. Á. Montañés. Se titula “Las monjas de Sijena ocultaron el paradero de 23 piezas” y ya desde el titular es todo un despropósito.

Resumo el contenido: las monjas de Sijena dejaron en depósito 23 piezas en el actual MNAC cuando se trasladaron de su monasterio a Barcelona, en los 70; luego, en 1993, levantaron el depósito y el MNAC se las devolvió, aunque antes las catalogó como bienes culturales. Al estar catalogadas, el propietario tiene que informar del paradero de las piezas, y resulta que eso es algo “que ahora se desconoce”, según aseguran en la Generalitat. Por tanto, las monjas sanjuanistas se enfrentan a una sanción que podría ascender a 138.000 € “si la Generalitat pone en marcha el proceso sancionador”, aunque de momento solo dicen: “Estamos estudiando el tema”. Todo ello es una muestra “de las irregularidades en que han incurrido las monjas de Sijena”, que tampoco informaron “de la salida de las piezas en 1970 desde el monasterio ni de su venta en 1983, 1992 y 1994”.

Afilando las uñas. Por favor, esperen un momentito.

En 1970, en efecto, las monjas de Sijena se trasladaron a Barcelona, para pasar poco después al convento de Valldoreix. No sabemos qué piezas llevaron consigo, pero no fueron todas las que quedaban en su monasterio, ni mucho menos. Hubo otras que se movieron de allí después de que ellas se hubieron ido. En Villanueva de Sijena siempre han dicho que el obispo de Lérida mandó dos camiones a buscar cosas nada más producirse su marcha. Aunque esta tradición oral todavía está por probar documentalmente, hay un dato que indica que tal vez sea verdad, y es que parte de las piezas, bastantes más de las 44 que ahora deben devolverse por sentencia judicial, se llevaron a Lérida y no a Barcelona. Mal pudieron llevárselas consigo las monjitas, sobre todo porque eran muchas, pesadísimas y voluminosas: retablos, cuadros, mármoles, cajas sepulcrales… Todo eso que hoy está en Lérida (no expuesto en su gran mayoría, en contra de lo que afirma el periodista, por cierto).

Sí que se puede probar, sin embargo, que hubo material que se quedó entonces en Sijena y que en 1973 fue el actual MNAC el que mandó a dos operarios suyos a buscarlo para trasladarlo a Montjuic. Véase la factura que pasaron por gastos de desplazamiento, en la que se indica muy bien a qué fueron:

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Efectivamente, era y es necesario notificar a las autoridades cualquier traslado de bienes culturales; más que nada porque, si no se notifica, la cosa puede confundirse con un robo. En este caso, estaría bien saber si se hizo inventario de lo que se llevaron los técnicos del Museo de Barcelona, si se notificó este traslado de bienes a las autoridades y al obispado, cuáles fueron esos bienes que precisaron dos coches para ser trasladados y dónde están. Y, averiguado todo ello, “estudiar” si se promovía expediente sancionador contra el museo.

Los bienes que salieron del monasterio en 1970 fueron más de 120, cifra que calcula el periodista y que le sale de sumar los 97 que reclamó Aragón y los 23 que, dice, depositaron las monjas en el MNAC y se devolvieron después. Hay muchos más depositados tanto en Lleida como en Barcelona, desde luego. Pero me gustaría comunicar al autor del artículo que los objetos depositados directamente por la priora de Sijena, Angelita Opi, en el MNAC no fueron 23 sino algunos más. Concretamente, 116.

Tienen aquí el documento de ese depósito, conocido porque fue publicado por la prensa aragonesa hace ya tiempo. Se formalizó el 10 de abril de 1972 entre la priora, como ya se ha dicho, y el director del museo, Juan Ainaud de Lasarte. Pueden comprobar todo lo que digo si acceden al enlace que he puesto. La priora los entregó “para su custodia” y Ainaud se comprometió “a velar fielmente por su conservación e integridad”. Entre los objetos depositados figuran los que relaciono a continuación.

No pasen la vista por encima, como solemos hacer todos cuando vemos una lista. Presten atención, léansela, porque ahí figura buena parte de las piezas que durante años nos han permitido hablar del “Tesoro de Sijena”:

  1. Corona grande de plata de la Virgen, con aureola de estrellas.
  2. Diadema de plata de la Virgen con una piedra grande engarzada en el centro.
  3. Corona de plata del Niño Jesús.
  4. Ramo de flores de plata, para la mano de la Virgen.
  5. Santa Paz de oro esmaltado y nácar, con piedras; con el Cristo de Piedad en el centro.
  6. Paz de plata con el Buen Pastor y dos ángeles.
  7. Paz de plata con Crucificado.
  8. Lignum Crucis de oro de estilo plateresco.
  9. Relicario de doble tapa para Sagradas Formas, con cruz con pie, grabada.
  10. Relicario de doble tapa para Sagradas Formas, con cruz de Malta grabada

11 a 22. Doce cruces de Malta de oro, de primera clase, sin piedras.
23 a 27. Cinco cruces de Malta de oro, con piedras y esmaltes, de primera clase.
28 a 36. Nueve cruces de Malta de oro, de segunda clase.
37 a 47. Once cruces de Malta de oro, de tercera clase, más un óvalo para cruz, sin ella.
48 y 49. Dos cruces grandes de plata.
50 a 53. Cuatro medias cruces grandes de plata.

Luego vienen relacionadas, con los números 54 a 74, las piezas del Belén, de plata, oro y marfil, que se hicieron famosas este año con el asunto de su salida a subasta, incautación por la policía y traslado a Zaragoza.

Además hay varias piezas de plata, bandejas, cálices, un “gran relicario de oro y plata con esmaltes, de estilo plateresco (al que le faltaban tres de las cuatro figuritas del pie), dos tapas de libro con relieves de plata, relicarios (parte de los cuales fueron vendidos y ha reclamado Aragón, que han sido devueltos), ornamentos y ropas (ídem), fragmentos de vajillas, loza y azulejos (ídem), y un lote de platos negros de madera.

De todo ese lote, en 1993 solo se devolvieron 23 piezas, que el periodista detalla (“según una relación a la que ha tenido acceso” su periódico) y que, dice, están “en paradero desconocido”:

había seis relicarios, uno de ellos con restos que pertenecen, según los católicos, a la cruz de Jesucristo, y otro de San Juan Bautista; dos portapaces de plata, uno con el Buen Pastor y dos ángeles y otro con un crucifijo, dos cajitas eucarísticas, tres platos de cerámica, dos cucharas, un jarro, una tapa de libro, un niño Jesús de marfil, su cuna y varios elementos de un pesebre de plata.

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Dejando al margen que varias de ellas están en paradero perfectamente conocido, o sea, el Museo de Zaragoza, pues es allí donde fueron a parar la cuna de plata archifamosa con sus piezas complementarias (en total, son 14 las que están en Zaragoza; faltarían siete para que estuviera completo, según el documento de depósito), ¿dónde están los demás bienes del depósito que hizo Angelita Opi, todas esas joyas de oro macizo, algunas con pedrería? ¿Se informó de la formalización de este depósito a las autoridades? ¿Qué fue de las 37 cruces de Malta, de oro? ¿Y de las seis de plata? ¿Y de la cunita de ese Belén, que falta y era de oro? ¿Se sabe algo del gran relicario de oro y plata con esmaltes?

En el documento de depósito de 1972 se indica que todas esas piezas fueron inventariadas en los fondos del MNAC, con los números 114.001 a 114.181. Dígannos: ¿siguen en el museo? Yo no es que sea desconfiada de mi natural, pero hay casos, como éste, en los que la desconfianza está justificada. ¿Y por qué? ¿Por anticatalanismo? Oh, qué lástima no dar pie a La Excusa, pero no es por eso. Es porque una de las piezas más valiosas de ese depósito, la reseñada como “Santa Paz de oro esmaltado y nácar, con piedras, con el Cristo de Piedad en el centro”, fue vendida en 1976, es decir, tras la muerte de la última priora de Sijena, al MNAC. Y de allí FUE ROBADA en 1991, en uno de los episodios más bochornosos de la historia del museo, pues tardaron más de un año en notificar el robo y, cuando de él se hizo eco la prensa, se denunció que las gestiones para aclarar lo sucedido habían sido de todo menos claras. Este era el portapaz, que no ha sido hallado aún:

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Y ésta, la noticia que salió en la prensa, en un medio tan poco sospechoso de anticatalanismo como La Vanguardia. También J. Á. Montañés le dedicó un artículo hace no mucho.

Bien, insisto: ¿y el resto? Parte de ese depósito está ahora en Sijena, fue devuelto por el MNAC entre las 53 piezas que entregaron al monasterio en julio, porque figuraban entre los bienes vendidos entre 1983 y 1994: ropas, ornamentos, algunas piezas menores (las que desde algunos ámbitos han sido denominadas “quincalla”). Vale, ¿y lo que no era quincalla, sino joyas valiosísimas? ¿Puede decir el MNAC dónde las tiene, puesto que fueron inventariadas? Y si están ahí, ¿verdaderamente son piezas destinadas a dormir el sueño de los justos durante décadas sin ser expuestas ni estudiadas, ni dadas a conocer? ¡No sabemos ni cómo son, no hay ni una bendita fotografía!

Una cosa más: el depósito en 1993 no lo levantaron las monjas de Sijena, a las que se acusa desde el mismo titular de la noticia de “ocultar el paradero” de esos bienes, sino la priora de Valldoreix, la avariciosa Pilar Sanjoaquín. Parte de esas piezas se las donó a una amiga, Pilar Alcalde, cuyos herederos siguen poseyéndolas, como se puso de manifiesto con la historia de la cuna. ¿Por qué no investigan todo eso? La amenaza de sanción a las monjas sanjuanistas que se hace ahora, ¿es porque se interesan por el paradero del patrimonio o por qué otro motivo?

Si la GenCat, ahora tan escandalizada, se hubiera interesado verdaderamente por el patrimonio, habría tenido que poner el grito en el cielo hace seis años, cuando se descubrió, tras el robo en una masía en Riudecols, que allí había piezas de Sijena y que el propietario de aquellas piezas y denunciante del robo mintió descaradamente cuando dijo que el relicario de Santa Waldesca, que reconocieron en Villanueva de Sijena cuando la historia trascendió a la prensa, no pertenecía al monasterio. En aquel momento, el alcalde de Villanueva, Alfonso Salillas, pidió por activa y por pasiva que se investigara a fondo por la procedencia de las piezas, y por cómo habían ido a parar a manos de ese señor. Pero entonces la Generalitat no dijo nada. Tampoco dijo gran cosa el Gobierno de Aragón, es cierto; pero sorprende que ahora la GenCat amenace con emprender un proceso sancionador contra las monjas sanjuanistas (que no tienen nada que ver con la responsable de este desaguisado, que fue la priora de Valldoreix), y entonces se quedara mudita y mirando hacia la tranquila línea del horizonte.

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Finalmente, y por puntualizar: señor Montañés, no se desconoce el paradero de 23 piezas, sino de 17. Así que la teórica sanción que habría que pedir a las monjitas sería menor de la que usted dice. Haga bien la cuenta, que hasta en eso estamos faltos de rigor.

Y un llamamiento al Gobierno de Aragón: tomen nota de todo esto, por favor. Pidan, que es necesario, que se identifiquen y localicen las joyas aquí mencionadas. Como no aparezcan, la sanción tendría que ser de fábula… y no sólo por un traslado sin notificar, sino por robo.

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¿De verdad se cuenta la historia de la Diócesis?

Otro de los mantras que estamos oyendo este verano es aquello de que en ningún otro lugar, salvo en el Museu de Lleida, se cuenta la historia de un territorio común entre Aragón y Cataluña, por el que se extendió la diócesis de Lérida y que durante ochocientos años estuvo unido, etc.

Bueno, a mí me parece que tanto como eso no es. Reconozco que cuando he estado sólo he visto la planta inferior, pero es ésa la que propiamente puede decirse que aborda esa historia, pues en la de arriba se expone material arqueológico, básicamente. Y en la planta “histórica” se habla, básicamente, de Lleida. De Lérida ciudad y, fundamentalmente, de su catedral y de la (magnífica) “Escola de Lleida” de escultura en piedra. De su irradiación e influencia en el área próxima y a veces no tan próxima (la verdad es que las obras son finísimas, preciosas, muy buenas; no es de extrañar que tuvieran tanto éxito ni que en el museo se le dedique amplio espacio).

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(Ya disculparéis por las fotos. No soy buena fotógrafa y en el Museu hay muy poquita luz. Demasiado poca, diría yo: hay que ser esforzado para leerse los textos.)

Sobre la catedral también se habla mucho. También es un lugar impresionante. Aunque lo que más se dice, y se repite y repite hasta que te cala en las meninges, es que en 1707 fue convertida en “caserna”, o cuartel, y que aquello fue un desastre total. Lo fue, de hecho, aunque ya en la Edad Media había que tomar medidas (como que no hubiera más pilas bautismales en las parroquias de la ciudad) para que los vecinos de la ciudad se vieran obligados a subir hasta allí, porque está verdaderamente en un lugar más defensivo que urbano, en la cima del ‘turó’ más alto, y era fatigoso acudir allí a los oficios:

cat lleida padre villanueva 1 - copia

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cat lleida padre villanueva 2 - copia

(Texto del P. Villanueva en su Viage Literario a las Iglesias de España, de 1851.)

(Que la destrucción fue fuerte, sí. Pero también en la Aljafería de Zaragoza instalaron un cuartel y en cuanto se pudo se echó a los militares y se restauró el edificio. Lo mismo ha pasado con la Seu Vella. Vale.)

En fin, que lo que no se encuentra en el discurso museográfico es atención a los grandes centros artísticos medievales situados en Aragón, ni a su importancia histórica. Ni a Roda de Isábena, ni a Benabarre, y muy poco a Sijena. De Sijena se dice algo; del foco de Benabarre, nada; pero la omisión más grave es la de Roda, que no sólo compartió sede con Lérida durante muchísimo tiempo, sino que, pese a la traslación de la cabecera del obispado primero a Barbastro y luego a Lérida (en 1149), siguió siendo un centro potentísimo de cultura y arte. Pero-no-se-menciona. Nada más se expone una Biblia (preciosa) procedente de allí.

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Hay un solo panel sobre la Franja:

un panel sobre la franja 1

En definitiva, de Aragón se exponen las piezas, pero no se hace ningún énfasis en su historia. Respecto de los frontales románicos, obras singulares de los siglos XII y XIII (Buira, Treserra, Berbegal), no se dedica nada a hablar de lo que la historiografía denomina “Escuela de la Ribagorza” ni a su irradiación. No se menciona la participación de Roda en la creación y consagración de obras capitales del arte medieval europeo, como son las iglesias del Valle de Boí. No se dice que en la segunda mitad del siglo XV el principal foco creador de retablos, con figuras tan relevantes como Pere García de Benabarre, Pere Espallargues y el Mestre de Viella, era Benabarre.

En lugar de eso, las menciones constantes son a “la plana de Lleida”, “las tierras de Lleida” y el arte catalán. Aragón está ahí, en sus piezas, pero no aparece en el discurso museológico. Y debería estar. En lugar prioritario. No hace falta más que ver el mapa, en el propio museo, del territorio que ocupaba la diócesis en el siglo XV y del que quedó tras la segregación de las parroquias en 1995: vean lo que correspondía a tierras aragonesas.

es que era todo aragon, lo siento

Uno ve esos mapas y lo que piensa de inmediato es que era una diócesis fundamentalmente aragonesa con capital en Lleida. Lo siento, no se me viene a la cabeza otra cosa. Sin embargo el discurso museológico, lo que se lee en los textos que acompañan a las piezas, se centra en el arte catalán, Lérida ciudad y la Seu Vella (catedral vieja).

y mas arte catalunya y mas arte catalynyaHabría más cosas que contar, detalles jugosos que dejo fuera para no dispersar la atención. El tema es éste: díganme dónde se habla, en este discurso museológico, de una tierra común, de una cultura común. Lo he dicho más de una vez: las tierras de frontera son especialmente interesantes, especialmente ricas, porque en ellas se mezclan influencias de uno y otro lado. Leyendo la bibliografía que se dedica a esta mezcla en la Franja, sólo se detecta o pone énfasis en la influencia de un lado hacia el otro, adivinen de cuál a cuál. A la inversa, nada. Debe de ser el único caso en la Historia Mundial en el que pasa eso.

La historia de esa historia común está todavía por contar.

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Sijena, el chiringuito, las sobras, las cucharillas y la tesis (II)

De lo que escribió Carmen Berlabé en su post del día 20 en Facebook, hay cosas con las que no me meto, aunque no las comparta, porque son opiniones debatibles desde la razón. Ella da su opinión, la argumenta, ya está. Por ejemplo, cuando afirma que la declaración de Sijena como Monumento Nacional en 1923 no fue instada para salvaguardar su patrimonio artístico y que no se siguiera vendiendo, sino para “obtener recursos para las reparaciones que se estimaran necesarias”. Yo no lo veo así, porque el hecho es que las ventas de patrimonio se frenaron. Hubo una excepción, señalada en el anterior post, pero la sangría de ventas de piezas importantísimas que se había producido hasta entonces se cortó, y la Junta de Museos de Barcelona, que estaba tratando por entonces de comprar las pinturas murales y la techumbre de la Sala Capitular, dejó de insistir en su empeño.

Lo que, desde luego, no es cierto es que las ventas anteriores a 1923 fueran “todas ellas de poca monta”. Vaya que no. Antes de esa fecha (en 1918) se habían vendido a la Junta de Museos de Barcelona nada menos que el retablo de la Virgen de Sijena, también llamado “del Comendador”, pieza importantísima del arte gótico, que se expone en el MNAC como una de las joyas de su colección. La noticia de su compra fue difundida con alborozo por la prensa, que señaló su carácter de obra excepcional. La nota difundida por la Junta de Museos decía:

La adquisición principal es el precioso retablo catalán de Santa Ma­ría, procedente del Monasterio de Sigena, en el Obispado de Lérida, y las tres tablas de la misma procedencia.

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También discute Berlabé que la declaración de Sijena como Monumento, y por tanto su protección legal, incluyera el patrimonio artístico mueble. Yo he rebatido esa opinión ya varias veces porque creo que no se sostiene, pero vaya, cada uno da sus argumentos y ya está.

Hay cosas, sin embargo, que no son argumentos sino recursos que vamos a llamar “raros”. Les transcribo, por ejemplo, una parte de su texto (traducida al castellano):

Es muy discutible que la declaración incluyera los bienes muebles del monasterio, que la sentencia considera inmuebles y partes integrantes e inseparables del edificio […]. Yo no tengo nada claro que el lote de bienes entregados recientemente al monasterio, los que fueron vendidos en los años 1992 y 1994 a la Generalitat y al MNAC, integrado básicamente por palmatorias, tenedores, cucharas, relicarios, tapas de sopera, platos y otra vajilla, libros y pergaminos, además de algunos objetos textiles, tengan la consideración de inmuebles, ni que formen parte consustancial del edificio y de su embellecimiento. En todo caso, serían bienes muebles y consideramos, tal como se ha comentado antes, que estos bienes muebles no estaban contemplados en la declaración de monumento nacional.

Bueno, esto es divertido. Resulta que nos hemos partido el cobre, unos y otros, por un lote de cucharas, tenedores, vajilla, palmatorias y tapas de sopera. ¡Seremos tontos, oiga! Igual de tontos que fueron la GenCat y el MNAC, que pagaron cuarenta millones de pesetas por ese montón de tarros.

Estaría bien señalar, me parece, dos cosas. Una es el hecho de que, como ella misma dice, eran LOTES de objetos, es decir, que iban los más valiosos y los menos en un mismo conjunto cuando fueron vendidos. Si querías unos, habías de quedarte también con los otros. Y otra, que en ese lote había, como parte principal y más interesante, varios fragmentos de pinturas murales al fresco, unas románicas, otras góticas y otras del siglo XVI; unas puertas policromadas datadas en el siglo XIII, las del Palacio Prioral; y algún fragmento de urna funeraria de piedra, del XIV, tallada.

venta bienes 1992

 

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venta bienes 92 anexo derecho compra

Fue eso lo que se quería comprar, lo que se pagó, lo que principalmente interesaba desde el punto de vista de su valor artístico. Es cierto, como dice Berlabé, que las palmatorias y las cucharas o las tapas de sopera no pueden considerarse bienes inmuebles. Pero resulta que van en un lote con varias pinturas murales y con las puertas románicas del Palacio Prioral. Y eso sí es consustancial al edificio, sí forma parte de él. Como ella misma dice: “Una cosa es interpretar y otra, bien diferente, tergiversar”. O callar lo que no interesa. Podemos debatir acerca de si los libros de coro o los pergaminos podían estar protegidos por ley o no, ser considerados así o asá; pero no plantear los hechos como usted lo hace, porque obvia lo fundamental.

Sigo con su texto. Afirma que “no interesa a la parte aragonesa que [estos bienes] sean muebles porque, para serlo, hace falta que se haya declarado así expresamente”, tal como, dice, reconoce la sentencia de julio de 2016 (que es la de la reclamación de las pinturas de la Sala Capitular). “Yo no he leído ninguna mención expresa en la declaración de monumento nacional a estos bienes muebles”, sigue diciendo Berlabé, “y por eso se entiende que interese convertir cucharillas, libros y vajilla variada en bienes inmuebles”.

Señora Berlabé, tiene usted que fijarse en las fechas: la declaración de Sijena se produjo en 1923 y la ley que usted trae a colación para los bienes muebles es de 1985. ¿Le ha pasado desapercibido ese detalle? Sin embargo, en 1923 estaba vigente un ordenamiento legal que decía lo siguiente:

real decr 1923     real decr 1923 2

Terminaremos con una cita más, muy sabrosa para comentar pero que no le hacía falta para defender su postura, por ofensiva.

Creo que la gente de Aragón no habría de estructurar su identidad en las sobras de los catalanes [en el original, “restes de taula”; también podría traducirse como ‘migajas’]. Creo también que se merecen algo más que hacer bandera y bastión de arrancarnos cuatro cucharillas y, en el mejor de los casos, alguna pintura medieval.

Sra. Berlabé, lo que estamos haciendo es tratar de recuperar un lugar emblemático de nuestra historia, de devolverle una parte de su pasado esplendor, de restituir lo que le perteneció y fue enajenado ilegalmente. No rebañamos las sobras de nadie ni esta historia va de arrancarles a ustedes las cucharillas. Si consideran “sobras” o “migajas” ese patrimonio, no sé por qué ese empeño en retenerlo, ahí guardado bien oculto en las reservas, sin enseñárselo a nadie. Si así es como valoran esas obras, van a tener razón los que piden que vaya inmediatamente la policía a buscarlas. Y, más, no creo que sea muy apropiado que hable de construir identidades una de las principales responsables de un museo que, si prescindiera de las obras de procedencia aragonesa, se quedaría temblando. Cuestión que, me parece, es en el fondo su única preocupación.

Como usted misma dice, “Es fácil descalificar sin argumentos y, además, siempre habrá cerca ‘palmeros’ que aplaudirán la gesta y el gesto de ir contra Cataluña”. Convertir todo lo que les molesta o no les gusta en “ir contra Cataluña” es lo que están haciendo ustedes desde el Museu de Lleida, creo yo que con bastante irresponsabilidad. Eso sí, reconozco que es comodísimo. Y que, a juzgar por lo que se puede leer en las redes y en la prensa, y a veces hasta en los políticos, les da resultado.

A mí, señora mía, me produce auténtica vergüenza.

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