Me falta un Cristo para completar la colección

Alfonso Salillas recordaba el otro día, cuando se produjo el traslado de la cuna del Belén de Sijena al Museo de Zaragoza, cómo las monjas le dejaban jugar cuando era niño con las minúsculas campanillas que tiene esa pieza. Es un recuerdo sencillo, una simple anécdota, pero ilustra muy bien la enorme diferencia que existe en el trato que se da al patrimonio por parte de quienes lo tienen como suyo, la gente de los pueblos a los que esos bienes pertenecieron, y por parte de quienes sólo ven en él su valor artístico o material, desde un enfoque meramente académico o técnico. Qué distinto es decir “Esa Virgen era la patrona de mi pueblo” o “Esa talla románica completa nuestra colección”.

Uno ve en un museo, cualquiera de ellos, una vitrina llena de vírgenes románicas y se pregunta qué hacen ahí, de qué sirve acumular unas tallas que al formar parte de una serie han perdido su sentido. “La Virgen de tal lugar” se convirtió en “una pieza escultórica del siglo XIII” metida con otras compañeras en una vitrina, una más. Los turistas pasan delante de ellas, les dedican una mirada durante unos segundos, quizá escuchan un comentario genérico en la audioguía, y pasan a otra cosa. A la siguiente vitrina, esta vez llena de cruces y cálices, o a la decimoséptima pared con retablos colgados.

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Los museos de arte antiguo han ejercido un papel importantísimo en la conservación del patrimonio en épocas en las que sufrió peligro de deterioro, venta o desaparición por distintos motivos. Es cierto, es incuestionable, y es su mayor mérito. Pero llevan cumpliendo esa función unos cien años, algunos mucho menos, mientras que los pueblos han conservado ese patrimonio durante siglos y siglos. Los eruditos, académicos y coleccionistas no valoraron, por ejemplo, el arte románico hasta tiempos relativamente recientes; por el contrario, lo despreciaron y tacharon como “arte bárbaro”. En los pueblos, sin embargo, aquellas toscas imágenes fueron respetadas siempre, permanecieron inmunes a los variables criterios académicos porque eran suyas, formaban parte de su identidad, habían sido veneradas durante generaciones y a su intercesión se acudía en la zozobra. Daba igual que fueran feas o bonitas, valiosas o no, de un siglo o de otro, de madera o metal, denostadas o ensalzadas en los libros. Se trataba de otra cosa más honda y auténtica. Los mejores guardianes del arte fueron esos pueblerinos que no entendían de criterios estilísticos y que invariablemente han sido y son denostados, menospreciados por los ámbitos cultos.

Tan menospreciados que, a menudo, ni siquiera pusieron el nombre del lugar de procedencia de las piezas que iban entrando a los museos: qué más daba, qué importaba, era una buena tabla gótica, o una preciosa cruz procesional, o un relicario… que acrecentaban la colección. Hay cientos, miles de piezas expuestas en los museos cuyo origen se desconoce.

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Quizá el caso más extremo sea el del Museu Marès, del que proceden las fotografías que ilustran este texto, cuyas colecciones son excesivas, mareantes, resultado de una acumulación obsesiva de su dueño, que llegó a las 66.000 piezas. Alli, las esculturas románicas comparten espacio con series inacabables de llaves, pipas de fumador, bicicletas antiguas, bastones, abanicos, pianolas, clavos… Pero, en el fondo, la impresión de collage absurdo tarda en olvidársenos tras la visita a la mayoría de los museos.

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Una periodista de El Punt Avui en Villanueva de Sijena

Artículo publicado hoy en “El Punt Avui” sobre Villanueva de Sijena: “Un poble que espera“, escrito por María Palau. La periodista se sorprende de no ver a nadie por la calle a las cuatro de la tarde. Ella misma señala que hace calor. Búscame un pueblo, donde quieras, en el que haya gente a finales de julio por la calle a las cuatro de la tarde, con el calor. Todos los de pueblo nos descojonamos vivos con las recomendaciones que hacen las administraciones públicas sobre cómo protegerse de la chicharrina para el verano: estamos convencidos de que solo les hacen falta a los urbanitas.

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Anécdota aparte (bueno, anécdotas: la de que solo encuentre hombres en el bar echando la partida a esa hora también es para enmarcar), debo decirle a esta periodista que cuantos más artículos se escriban con el tono de éste, más reticencias se encontrarán los de su gremio a la hora de entrevistar a la gente de Villanueva. Acabarán diciendo que los de los pueblos somos gente oscura que no quiere hablar; y no se preguntarán por qué.

Hay material abundante en su reportaje para señalar y comentar en este sentido (todo lo referido a las obras en el monasterio es muy sabroso, por ejemplo), pero solo me centraré en una cosa: los vecinos, dice María Palau, reconocen que solo han visto las 44 obras que se guardan en el Museo de Lérida “por fotografías”; y Lérida, apostilla, está “a menos de una hora”.

La interpelo yo ahora directamente a ella: María, ¿tú has visto esas obras? Porque si es así, te felicito: los mortales comunes y corrientes, aunque seamos investigadores de Historia del Arte, no podemos hacerlo. Los vecinos de Villanueva, que efectivamente tienen la ciudad de Lérida y su museo a menos de una hora, tampoco. Excepto siete, el resto están en las reservas, ocultos a la vista del público y de los estudiosos (que tampoco pueden acceder al archivo), desde que entraron allí en 1970. La mujer del bar a la que has entrevistado, seguramente no habría nacido en esa fecha. Y los villanovanos que nacieron antes, solo las pudieron ver (y no todas) en 1993, en el corto periodo en que fueron expuestas en una muestra denominada “Pulchra” que conmemoraba el centenario de la fundación del Museo del Seminario de Lérida, adonde fueron a parar.

Ese museo, por aquellas fechas, ni siquiera podía denominarse tal. Tenía algunas piezas expuestas en las escaleras y el primer piso del Palacio Episcopal, sin horario estable de apertura al público ni condiciones. Un museo como tal, en Lérida, solo lo hubo de 1920 a 1936, aproximadamente. Y ahora, desde 2007. Menos lobos. Había que ver a los vecinos de Villanueva de Sijena, esos que no tienen a nadie por la calle en julio a las cuatro de la tarde, y donde no se ve a las mujeres jugar la partida de cartas en el bar a esa misma hora, y que fían su desarrollo a la llegada de unas piezas que serán el maná que les va a rescatar de la miseria, que ni las Hurdes, a un monasterio que abre solo unas horas los sábados, donde todo el mundo es sospechoso, donde hay un solo operario que está preparando a correcuita la sala donde se han de recibir las piezas, etc.; decía, había que ver a esos vecinos yendo a Lérida en 1993, en la única ocasión que se les dio de ver las piezas que había en ese sedicente museo procedentes de Sijena, identificándolas por la memoria o por lo que decía el catálogo, porque sí, algunas ni siquiera los nacidos antes de 1970 habían visto, pues eran de las monjas y no todas estaban a la vista.

Siguieron sin estarlo. Siguen sin estarlo hoy. Las hay que llevan más de 45 años sin exponer, muchos más, aunque solo se reclaman las que salieron del monasterio en 1970 y fueron vendidas ilegalmente en 1983, y que la mayoría, es verdad, nunca han visto. Pero no porque los de Villanueva de Sijena no quisieran: el desinterés, la desidia, la dejadez en su misión de divulgar las piezas del patrimonio de uno de los monasterios más importantes de nuestra historia, ha sido cosa de los del Museo de Lérida. Ciudad en la que, por cierto, tampoco se ve mucha gente por la calle en julio a las cuatro de la tarde. También ellos saben resguardarse del calor.

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Los costes de mantenimiento de las obras de Sijena

Un comentario muy repetido desde que se inició la reclamación de los bienes de Sijena en los juzgados viene a decir: “¡Que paguen los gastos de mantenimiento y conservación durante todos estos años!”. No creo que hubiera inconveniente en hacerlo, siempre y cuando hubiera habido alguno. No lo sabemos, puesto que la mayor parte de las obras no pueden verse. No están expuestas al público y tampoco se permite el acceso de los investigadores a las reservas ni a los archivos que guardan la documentación correspondiente (pese a que son públicos; sobre esto, hay tema para ooootro post).

Decía antes que, de lo poco que indirectamente sabemos, parece ser que mucho dinero no se ha gastado en ese mantenimiento. El Pantocrátor arrancado del coro de la iglesia de Sijena está, según afirma la conservadora de arte románico del MNAC, en un estado de conservación “muy precario” a día de hoy (bueno, en 2012, que es cuando lo dijo). Y del estado de otras pinturas murales arrancadas del monasterio y conservadas en la reserva, tenemos solo una noticia, un pequeño detalle, y es que han servido para que hagan prácticas con ellas los estudiantes de restauración.

Bonita manera de cuidar el patrimonio. Y costosa, sobre todo muy costosa.

Os dejo las imágenes, sacadas de la propia web del MNAC. Gracias a esto sabemos cómo son algunos de los fragmentos arrancados del ábside de Sijena, porque cualquier otra forma de acceso a estas piezas está vetada. Ya ven qué prodigio de transparencia y buenas prácticas muestra uno de los museos más importantes del mundo.

El PowerPoint lleva colgado varios años allí, pero un día de estos supongo que lo quitarán. Quede aquí constancia:

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Sobre los motivos del Museu de Lleida y del MNAC en defensa de sus colecciones

Leo en totlleida.cat el artículo “Motivos del Museo de Lérida y el MNAC en la defensa de sus colecciones“, firmado por Josep Maria Forné i Febrer, diputado de Junts pel Sí. Y encuentro tantos errores en esas motivaciones que recomendaría a Junts pel Sí que busquen otras nuevas. Las comento seguidamente, para que se vea por qué digo esto.

Las obras provenientes de Sijena han sido conservadas y están excelentemente expuestas en los dos museos, con una posibilidad de visita y difusión excepcionales“. Sólo está expuesta una pequeña parte de esas piezas. La mayoría están en los almacenes, sin haber visto la luz en 45 años (las que entraron en 1970) o en 80 (las que lo hicieron en 1936). Tanto como excepcional esa difusión no me parece, la verdad. Y en cuanto a la conservación, pues no se sabe, porque no se dejan ver ni a público ni a investigadores. De alguna cosa que sabemos, escribiré más tarde.

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Pintura del coro de Sijena arrancada en 1936, conservada desde entonces en la reserva del MNAC, jamás expuesta, y cuya conservación es “muy precaria”, según una técnica del propio museo.

Las obras de arte provenientes de Sijena tienen dos propietarios, el MNAC y la Generalitat de Cataluña. La propiedad está documentada y bien trazada: por un lado la protección después de la quema del monasterio en los primeros momentos de la Guerra Civil (mayoritariamente las pinturas murales que se encuentran en el MNAC) y en segundo lugar la compra de las obras que se encuentran en el Museu de Lleida“. Bueno, propietarios exactamente no son, ni la propiedad está documentada; si lo estuviera, no habría sido negada por los Tribunales y tendríamos los documentos publicados y, estos sí, excelentemente difundidos por la prensa. Por un lado, las pinturas salvadas (sí, salvadas) tras la quema del monasterio figuran en el MNAC en depósito, y un depósito no prescribe: ha de levantarse en el momento en que su dueño lo diga, haya pasado el tiempo que sea. Por otro lado, las ventas hechas a la Generalitat y al MNAC entre 1983 y 1994 han sido declaradas nulas de pleno derecho por sentencia judicial.

Hay que recordar que el monasterio fue abandonado por las monjas sanjuanistas en 1970 siendo un monasterio [que se hallaba] dentro del ámbito territorial de la diócesis de Lleida, y por eso se depositaron en el Museu de Lleida 44 obras, que se sumaban a unas anteriores donaciones que ya habían hecho“. (Aquí, una pequeña colleja al redactor de esta frase.) Las monjas no abandonaron el monasterio en 1970: se trasladaron porque se estaban haciendo obras en la parte que ellas habitaban, y su intención era volver cuando estuvieran terminadas. Su regreso no se produjo nunca, sin embargo. Por eso el depósito fue provisional; y precario al menos en el caso de Lleida, pues no consta ningún documento que lo formalice por parte de las monjas. Simplemente, las piezas se llevaron allí y allí han estado guardadas. Las “donaciones que ya habían hecho” con anterioridad las monjas de Sijena se reducen a la silla de Doña Blanca, que figura como donación de 1904, aunque esa donación nunca ha quedado clara, a falta, también, de documentación que la certifique.

Museu de Lleida

Silla de Doña Blanca, donada, al parecer, en 1904. No se reclama.

Entre 1983 y 1994 estas obras fueron compradas por la Generalitat, encontrándose las propietarias de las obras, las monjas sanjuanistas, en Valldoreix donde está su casa madre“. Mira que es corta la frase, y la de errores que contiene. Entre las fechas indicadas no fueron compradas todas las obras que se van mencionando en el artículo, aunque así pueda entenderse por cómo se ha escrito, sino sólo las que salieron del monasterio en 1970. Son 97 obras, 53 de las cuales están en Barcelona. Y no fueron compradas solo por la Generalitat, sino que uno de los lotes lo adquirió el MNAC. Las monjas propietarias se encontraban en Valldoreix, sí, pero ese monasterio NUNCA FUE SU CASA MADRE. Y lo pongo así en mayúsculas porque eso es una barbaridad del quince. La casa madre de la orden femenina sanjuanista siempre había sido y seguía siendo Sijena. Las ventas las hizo la priora de Valldoreix afirmando que ambas comunidades se habían fusionado, lo que no era cierto (han seguido siempre, hasta hoy, registradas como entidades diferentes). Ella no tenía derecho a disponer de esas obras y por eso se han anulado las ventas.

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En 1998 se consuma la división de la diócesis de Lleida que se había iniciado en 1995. Es entonces cuando el Monasterio, y muchas otras parroquias antes adscritas al obispado de Lleida desde hacía más de 800 años, pasan al obispado de Barbastro-Monzón“. El monasterio era un monasterio, no una parroquia. Y estuvo adscrito a la diócesis de Lérida desde 1873. Antes de esa fecha, las orgullosas dueñas de Sijena al obispo de Lérida no lo dejaban ni entrar. Pelearon como jabatas para mantener siempre su independencia. De modo que para relatar la historia de los 800 años de esa diócesis, a lo que menos se tiene que acudir es precisamente a Sijena.

El Gobierno de Aragón pide el derecho de retracto en la compra de las obras provenientes de Sijena. Esta demanda todavía está en los Tribunales.” Pues no, no señor. Esa demanda, que estuvo pendiente en el Constitucional 14 años (en el caso más excepcional de la historia de ese Tribunal) fue objeto de un fallo emitido en 2012. Vaya metedura de pata.

“…el Constitucional también falla rápidamente en favor de la validez de estas sentencias [se refiere a las más recientes, de 2015 y 2016], cuando en 2012 había dicho que no era aceptable el derecho de retracto. Pero eso no es técnicamente posible llevarlo a la práctica tiene, ni justo políticamente [sic]”. En la última frase, a saber lo que se habrá querido decir. Hay que ser un poco más pulido con los textos y no escribirlos al desgaire, sobre todo cuando tratan de cosas tan importantes. ¿Ve? Aquí hace referencia a la sentencia de 2012 del Constitucional, pese a que acaba de decir que todavía estaba la demanda en los Tribunales. En fin, que no parece tener muy claro de qué está hablando. De hecho, lo que se rechazó fue el derecho de retracto que pretendía Aragón, pero se dejó muy claro que se podía acudir a los Tribunales ordinarios para que se pronunciaran sobre la legalidad de las ventas. Que es lo que se ha hecho. No hay ninguna contradicción.

Cita a Joan Reñé, presidente de la Diputación de Lleida, que afirmó: “No es comprensible que un Museo, con una colección legal y legítima, ejemplo de buenas prácticas, por lo que hace a la forma de ingreso de los objetos […] se vea sometido al arbitrio de unos poderes políticos y los de una diócesis, la de Barbastro-Monzón, cuya historia no se remonta ni a un cuarto de siglo“. A ver, la diócesis de Barbastro-Monzón no tiene nada que ver en esta historia de Sijena. Nada. Todo ese montón de sonoras palabras (sometierse, arbitrio, poderes políticos, etc.) no “pegan” aquí en absoluto. La reclamación de los bienes de Sijena la hace el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Villanueva de Sijena para que las piezas vuelvan al monasterio, su lugar de origen. ¿Qué pinta aquí Barbastro? Diócesis que, por cierto, tiene una historia muy larga; ha sido como los ojos del Guadiana, sí, pero se remonta al siglo XII y es anterior, incluso, a la creación de la de Lérida.

Al único argumento del interés y el beneficio que aporta el hecho de que Sijena hoy territorialmente pertenezca a la administración aragonesa…”. ¿¿¿??? ¿Hoy? ¿A “la administración aragonesa”? Sijena está en los Monegros, en esa comarca por algunos tan denostada. ¿Saben ubicar la localidad en un mapa? Lo digo porque en la abundante documentación de todo el siglo XX que sobre los bienes de Sijena he consultado en estos últimos años, desde Barcelona no se sabía: decían que estaba “en el Bajo Aragón”, “en el Bajo Cinca”, pero ni una sola vez la localizan bien. Y ha sido aragonesa a lo largo de toda su historia.

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“…se contraponen los argumentos de la legalidad en los procedimientos de adquisición de los bienes (compra aprobada por el obispado de Lérida, el arzobispado de Barcelona y el mismo Vaticano, y que anteriormente el Ministerio ya había realizado con otras obras de Sijena)”. Todas esas aprobaciones eclesiásticas lo fueron para vender PATRIMONIO DE VALLDOREIX, no de Sijena. Así que no valen ni el papel en el que están escritas. Y lo de que el Ministerio hubiera aprobado ventas con otras obras de Sijena no es cierto: esa afirmación viene de una venta (pendiente de reclamación) de dos piezas que se hizo al parecer en 1927 y que, precisamente, no contó con ninguna autorización ministerial. Una pieza está en Zaragoza y la otra en el Museu Marés de Barcelona.

Termino ya, porque me canso y me figuro que estaré cansando a los posibles lectores. Este comentario es bastante más largo que el propio artículo. El resumen final de este último es que la defensa se basa “en la legalidad del procedimiento de adquisición [que ha sido rechazada por los Tribunales], en la obediencia a las leyes catalanas [que no a las del Estado, a las que están obligados mientras formen parte de él, como todos los ciudadanos], y en la legitimidad de una historia de más de 800 años, hilo argumental del Museu de Lleida [solo que Sijena, ya lo hemos dicho, solo dependió del obispado durante poco más de cien años], o en el hilo argumental de uno de los museos más importantes del mundo en el románico como es el MNAC [que si no es propietario de las obras, y el dueño las reclama, debe devolverlas porque así lo dice la ley]”.

Lo dicho: recomiendo a Junts pel Sí que busquen otros argumentos de defensa, porque estos no se sostienen.

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Carta abierta a Albert Velasco, conservador del Museu de Lleida

Hola, Albert:

Hoy he leído los tuits que has escrito sobre las obras de Sijena que Aragón no reclama. Ha sido una serie exitosa que rápidamente ha pasado a la prensa. Los he leído, fíjate qué curiosidad, mientras me tomaba un refresco en el bar del Museu de Lleida. Pero he preferido llegar a casa para responderte comme il faut, porque el móvil es un rollo para escribir y yo sentía que tenía muchas cosas que decir.

Todos esos tuits tienen un objetivo: hacer ver que Aragón reclama sólo las piezas que están en Lérida o en Barcelona, pero no las que están “escampadas” por otros museos del “estado español”. De forma que la conclusión es sencilla y evidente: se trata de una reclamación política que se fundamenta solo en un rollo anticatalanista. A ver por qué, si no, lo demás no va a juicio.

Bueno, yo te lo explico. No porque no lo sepas, que lo sabes perfectamente, sino porque es menester que conste. Empezamos. Pero antes voy a dejar aquí unos datos para que se entienda todo lo que sigue: lo que se ha reclamado en los recientes juicios celebrados en Huesca son, por un lado, las pinturas de la Sala Capitular de Sijena y, por otro, las 97 piezas de este mismo monasterio vendidas entre 1983 y 1994 a la Generalitat y al MNAC de Barcelona. La reclamación de la devolución de ese patrimonio se sustenta en varios motivos, uno de los cuales es el hecho de que el Monasterio de Santa María de Sijena fue declarado Monumento Nacional en 1923, por lo que su patrimonio quedaba protegido por ley. Quedémonos con la fecha: 1923. Sé que no aceptas ese argumento, pero no nos vamos a poner ahora a discutir sobre ello; sólo me atengo a explicar el porqué de esa reclamación. Se reclaman las piezas que desaparecieron del monasterio con posterioridad a esa fecha.

Y ahora, vamos con tus tuits. Los pongo todos seguidos, aunque no sé si en orden, y luego te los comento.

retablo mayor museo prado subasta 2002

retablo mayor museo huesca

retablo mayor museo zaragoza

caja sepulcral zaragoza

retablo san juan zaragoza y huesca

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(pongo la foto:)

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Una buena serie, sí. Incompleta, eso también. Faltan un montón de piezas: Sijena tuvo, como monasterio real de Aragón, un patrimonio extraordinariamente rico que desgraciadamente se “escampó” por distintos lugares, sí; aunque, si te fijas, en su mayoría radica hoy en cuatro lugares, principalmente: Lérida, Barcelona, Zaragoza y Huesca. Pero hay más piezas en Palm Beach, al parecer, y en Londres, también al parecer. Y, como señalas, alguna cosa en el Prado y en Toledo. En efecto, no todo se reclama. Y algunas cosas no se han reclamado AÚN.

La cuestión es sencilla y tiene que ver con la fecha que te señalaba antes, 1923, porque marca un antes y un después. Las piezas vendidas ANTES no se reclaman. Por eso no se dice nada de algunas de las piezas que has señalado en tus tuits, a pesar de que conoces perfectamente la razón.

La caja sepulcral de María Ximénez Cornel, que está en el Museo de Zaragoza, fue adquirida en 1922.

En la misma fecha se compraron, por el mismo Museo, las dos tablas del retablo de San Juan. El MNAC tiene otras tres, compradas en 1918, que no se reclaman. Fíjate en la fecha. Y las que del mismo retablo posee el Museo de Huesca entraron en 1873, procedentes del legado de Valentín Carderera. ¿Te has fijado en la fecha?

Con el antiguo retablo mayor pasó algo parecido: se desperdigó desde mediados del siglo XIX. En 1873, también donadas por Carderera, ingresaron las tablas que hay en el Museo de Huesca. A principios del siglo XX, en 1910, se vendió otra al coleccionista barcelonés Muntadas, que pasó al MNAC en 1956. Las de Zaragoza ingresaron también en 1922, después de haber pasado por el Museo de Barcelona, que no tuvo problema en esa fecha para desprenderse de algunas piezas de su colección. Otras están en paradero desconocido porque se malbarataron durante la Guerra Civil: algunas fueron adquiridas en 1959 por un barcelonés, Xavier de Salas, que había sido director del Museo de Arte de Barcelona entre 1940 y 1948, aprox. La adquisición se hizo con Orden Ministerial en una subasta en Londres y se destinaron al Museo de Santa Cruz en Toledo. Huesca intentó recuperarlas, sin éxito. Y es probable que se vuelva a intentar su devolución. En el Museo de Lérida hay otras dos tablas, llegadas en 1970 pero no compradas, así que siguen en depósito. Esas no se reclaman. Pero es interesante el dato que das de que en 2002 (¿seguro? En su web dice que en 2003) fue adquirida en subasta una tabla por el Museo del Prado: gracias por el dato, no me constaba y es una pieza candidata claramente a ser también reclamada.

Me he dejado un tuit, que es este, porque tiene tu sello inconfundible: no dar datos.

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Fragmento inédito “del retablo de Sijena”, como si no hubiera habido más que uno, y subastado “hace poco”, no dices dónde ni cómo. Es evidente que la protección del arte no es lo que más te interesa; como dijiste acerca de aquella tabla sobre la que mantuvimos una discusión hace varios veranos, “si llegas a saber que se la iba a quedar Aragón, no levantas la liebre”. Habrías preferido que se la hubiera llevado cualquier chamarilero antes que verla por estos pagos.

Albert, tu serie está incompleta, como sabes. Faltan muchas otras piezas que están en Barcelona y en Lérida, que tampoco se reclaman y que no has incluido porque no te encajaba. Te pongo unos ejemplos. El retablo de la Virgen del Comendador, míralo qué chulo:

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No se reclama porque fue vendido legalmente en 1918. ¿Te fijas en la fecha?

O las tablas de San Juan, San Fabián y San Sebastián:

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Tan majos los tres, vendidas las tablas en 1918. ¿Te fijas en la fecha? Vendidos a Barcelona. Y no se reclaman. ¡Anda!

O las tablas del retablo de la Piedad, el de la capilla de San Pedro, que fue quemado parcialmente en 1936 y que acabó en Lérida en 1970, con otras muchas piezas de cuando las monjas fueron trasladadas a Barcelona, pero que, con la excepción de las tablas de la predela, no se reclaman porque no fueron vendidas, siguen en depósito en Lérida.

También sigue en depósito la silla prioral de Doña Blanca, maravillosa pieza del siglo XIV, hoy he tenido el gusto de verla de nuevo, qué cosas:

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Pues nada, no se reclama tampoco, y eso que está en Cataluña… ¿Será porque fue donada en 1906, y no entraba en el lote vendido después de 1923?

En fin, no sigo que esto se está alargando demasiado. Pero te recuerdo que hay más piezas en Cataluña, ¡en Cataluña!, que no se reclaman, como el retablo de San Pedro Mártir de Verona, en el MNAC, vendido en 1906. ¿Te fijas en la fecha?

Otras no se pueden reclamar, al menos de momento, como el relicario (llamado “portapaz”) que regaló el conde de Urgel a su hija, religiosa de Sijena, en el siglo XV. Era una pieza maravillosa, única, que fue vendida al MNAC en 1977, tras la muerte de la última priora del monasterio, y robada en 1991 de la caja fuerte del museo. Es uno de los episodios más bochornosos de la historia de los museos en el mundo, pero quizá no se ha aireado lo suficiente. Algún día le dedicaremos un post. Mira qué bonito era, cuajado de piedras preciosas estaba, quién sabe dónde estará después de haber sido conservado en un monasterio de los Monegros durante siglos, y eso que se conservaba en uno de los museos más importantes del mundo:

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¡Ah, se me olvidaba! Hay dos piezas más, vendidas después de 1923, cuya reclamación también nos planteamos. Una es fácil porque está en las reservas del Museo de Zaragoza y no creo que haya problema para restituirla a su lugar de origen: es un cuadrito vendido en 1927 (no, no en 1925); la otra es una arqueta preciosa que está en el Museo Marés de Barcelona y probablemente será más complicado recuperarla, habrá que ir a juicio y esas cosas. No sabemos, aún, en qué fecha se vendió, pero desde luego no en 1925, como alguien ha dicho por ahí. Es esta. Y la venta se hizo sin permiso ministerial, así que por eso cabe reclamarla:

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Termino ya, con un reconocimiento y una recomendación:

El reconocimiento: Josep Gudiol, en efecto, salvó las pinturas de la Sala Capitular en el 36 y lo hizo por encargo de la Generalitat, no por afán de lucro personal ni por su cuenta. No solo lo reconozco yo, lo reconoce la sociedad aragonesa en su conjunto desde hace décadas. Mírate las publicaciones de la Universidad, o las del Museo de Jaca, y dime. Solo pone en duda su actuación el abogado de Sijena, él sabrá por qué. La jueza de Huesca que emitió la reciente sentencia sobre el caso de esas pinturas se limita a valorar los datos que le fueron aportados durante el juicio y no se pronuncia, sólo duda.

La recomendación: pese a que adviertes en tu página de Twitter que ahí solo viertes “opiniones personales”, no dejas de ser el conservador del Museo de Lérida, y como tal son recogidas esas “opiniones personales” por otras personas y por la prensa. Del cargo que ocupas se esperaría que fueras más riguroso y que no se te notara tanto que desprecias la postura aragonesa y sus reclamaciones. Te quejas de la politización de este tema pero tú contribuyes notablemente al barullo. Todo esto que te he dicho aquí lo sabes; por eso te hago esta recomendación de ciudadana sin cargo alguno que solo expresa su opinión y no representa a nadie, pero creo que te habla sensatamente.

Saludos.

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“El único problema está aquí”

El 11 de octubre de 2005 entrevisté en Barcelona al entonces director del MNAC, Eduard Carbonell, para la revista Qriterio. Aquella entrevista formó parte de un reportaje publicado al mes siguiente, titulado “Monasterio de Sijena: lo mejor del arte sacro no vuelve” (nº 47, nov. 05, pp. 49-53).

Carbonell me mostró el libro de registro de las obras ingresadas en el museo, deteniéndose en las procedentes de Sijena, en las principales. Señaló el retablo comprado en 1918, junto con tres tablas más que llegaron en esa misma fecha, y afirmó:

Lo único que está en depósito de todas las piezas que posee el MNAC son estas pinturas. Hay documentos de la voluntad de darlas firmados por las monjas, ya cuando ellas estaban instaladas aquí, más o menos por la época en que se hicieron las ventas de los años 90. Pero esto no se llevó a efecto, porque está pendiente del obispado de Barcelona, que no se llegó a pronunciar sobre las pinturas. Recuerdo que las monjas, dos, ya muy mayores, venían a las reuniones con un abogado del bufete Piqué y Vidal y con una mujer laica, una señora que se llamaba Alcalde, creo recordar… Pero no se llegó a formalizar nada. Es lo único que está pendiente de las obras que el museo posee de Sijena”.

“El único problema está aquí”, me decía, señalando la línea donde figuraba el registro de entrada de las pinturas.

Si el director del MNAC decía esto en 2005, no sé cómo se puede afirmar ahora, por su actual gestor, que hay “un comodato” o “una cesión permanente” de las pinturas por parte de las monjas.

Dijo más, y lo transcribo ahora de la entrevista grabada, directamente y tal como lo dijo:

Lo demás es posterior y está todo adquirido, aunque de lo vendido ellas pidieron posteriormente una serie de piezas sin apenas valor artístico, como recuerdos personales o cosa así, que las pidieron y se les devolvió, para su uso aquí. Aparte de las adquisiciones del 18 y del depósito de las pinturas, todo lo demás son adquisiciones del 93, 94, 76 del Ayuntamiento de Barcelona, y del 82, 94… ya son adquisiciones del propio museo.

Ingresan muchas piezas en los años 70 en forma de depósito, pero luego cambian de forma de ingreso, de depósito a adquisición, años después, a partir de los 80 y sobre todo en los 90. Hay alguna pieza también adquirida por la Generalitat, una cerámica en concreto.

Lo único que está en depósito son las pinturas, donde hay documentos también de la voluntad de darlos: hay un documento firmado por las monjas con la voluntad de darlas, las pinturas murales; primero eran un depósito y después otro documento con la voluntad de darlas, pendiente del obispado, que el obispado entonces es el de aquí, el de Barcelona, porque las monjas ya están instaladas aquí. Y esto no se llevó a efecto, te lo cuento claro, no se finalizó, está así aún. El papel del depósito es del año 40, y el de la voluntad de darlas es muy posterior, ya estaba yo aquí, más o menos cuando la compra de las últimas piezas. Que es un acuerdo que se compra todo lo que ellas habían traído; son cosas de poco valor artístico, que se hace más como un favor para que subsistan y se hagan su casa, que no… Esta historia viene de depósitos hechos en los años 60 y 72. Hay dossieres preparados de todo esto. […]

El obispado de Barcelona no se ha pronunciado sobre las pinturas. […] Y lo único que está pendiente son las pinturas murales, lo demás está adquirido, todo. Por el ayuntamiento o el MNAC. Había mucho de instrumental que podríamos decir no artístico, en el lote, que se adquiría más bien para hacerles un favor, y que posteriormente ellas del lote reclamaron algunas piezas que necesitaban, sin más.

Lo dejo aquí por si a alguien le puede parecer útil. Porque sobre estas piezas últimas, las depositadas ya en los 70 por las propias monjas, se afirma, como se ve, que lo que se les devolvió eran ” piezas sin apenas valor artístico, como recuerdos personales o cosa así, que las pidieron y se les devolvió, para su uso aquí”. No me imagino que entre esas piezas “para su uso aquí” estuviera un belén de plata, tal como se afirma últimamente desde fuentes del MNAC. En cualquier caso, demuéstrese: el documento de depósito existe y se puede consultar en la red, pero el del levantamiento del depósito no es accesible, así que, mientras no lo muestren, las afirmaciones verbales se quedan en el limbo de los supuestos. Y chocan con lo que dijo Carbonell.

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Una opinión frente a un hecho

Una opinión, la de Mercè Ibarz

Hoy se publica en VilaWeb, y se reproduce en otros medios en la red, un artículo de opinión de Mercè Ibarz, Sixena i l’Aragó, en el que la autora, escritora y periodista, se pregunta “por qué Aragón no se ha ocupado nunca de su arte religioso”:

La pregunta, una altra volta, és la mateixa: per què no se n’ha ocupat mai, l’Aragó, del seu d’art religiós? La pregunta no és per què l’ha comprat o se n’ha fet càrrec Catalunya. Sinó per què l’Aragó no ho ha fet. Sense exagerar, es pot dir que l’Aragó no protegeix ni té cura, només reclama.

[La pregunta, otra vez, es la misma: ¿por qué Aragón no se ha ocupado nunca de su arte religioso? La pregunta no es porqué lo ha comprado o se ha hecho cargo Cataluña. Sino por qué Aragón no lo ha hecho. Sin exagerar, se puede decir que Aragón no protege ni cuida, solo reclama.]

Se pueden oponer, a estas preguntas retóricas que traslucen un decidido desconocimiento, una voluntaria ignorancia, la intensa labor que por la conservación y protección del patrimonio ha llevado a cabo el Gobierno de Aragón desde que tiene competencias en ello, como también las diputaciones provinciales, las comarcas y los ayuntamientos. ¿Que falta mucho? Sí. ¿Que se podía hacer más? Sí. ¿Que tenemos borrones en nuestro expediente? Sí. Claro que sí. Pero como se suele decir: si en mi casa cuecen habas, en la tuya a calderadas. Como si Cataluña, o cualquier otra tierra en el orbe entero, no tuviera fallas a mogollón en este campo. A una de ellas haremos referencia luego.

Pero el artículo de la Sra. Ibarz dice más cosas. Y está lleno de errores. Los vamos a ir detallando uno por uno.

Afirma la autora que el “conflicto legal” que se dirime estos días en el Juzgado de Huesca viene de “la demanda presentada por el gobierno aragonés contra el gobierno catalán y el mismo museo [el MNAC] sobre la propiedad de los frescos del monasterio románico de Sijena. Dos errores ya en la primera frase. La demanda se ha presentado contra el MNAC; la Generalitat no ha sido demandada, interviene en este juicio porque se añadió a él voluntariamente. Y no se trata de aclarar la propiedad de los frescos, que todo el mundo (excepto la Sra. Ibarz) tiene claro que es de la Comunidad Sanjuanista, sino de establecer si deben ser devueltos a sus dueños o no, pues están en el museo en calidad de depósito.

“Vale la pena hablar”, prosigue la autora, “de las irresponsabilidades, históricas y presentes, de la Diputación General de Aragón respecto del patrimonio cultural de sus tierras, que a menudo ha desatendido y que, encima, emplea desde hace años como herramienta contraria al diálogo con los vecinos que los han preservado, Cataluña casi siempre”. Bueno, valdría la pena hablar de ello, sí, a ver qué salía de cierto en todo eso: pero ella no lo hace. En lugar de eso, se lanza a hablar de un libro de Juan Pedro Quiñonero sobre lo mala que es España, a partir de algo que debe de tener que ver con el cuadro “Duelo a garrotazos”, de Goya (cuyo verdadero significado, dicho sea de paso, casi nadie entiende), y de la torpe denominación que se dio hace poco al catalán que se habla en Aragón.

Vuelve por fin a Sijena para decir lo siguiente:

“El monasterio de Sijena es un referente íntimo, el lugar que visito desde hace un montón de años y que […] he dado a conocer en Zaidín y a las amistades de fuera, de tanto como les he hablado de él”.

Vaya con los de Zaidín, que no sabían nada de Sijena hasta que no les habló de él la Sra. Ibarz. Es lástima, además, que se lo haya dado a conocer ella, porque, como se puede deducir de lo que escribe a continuación, sabe más bien poco de ese lugar, y lo que cuenta lo cuenta mal. Para ser su “referente íntimo”, podía haber puesto un poco de empeño en estudiarlo. Habla a bulto.

Actualmente es más visitado, gracias sobre todo, por descontado, a la promoción turística que las mismas instituciones comarcales por fin hacen.

El monasterio solo se puede visitar los sábados por la mañana, porque así lo quiere la comunidad de monjas que lo habita, que por cierto no es la dueña del monasterio, sino una Orden nueva, francesa, que nada tiene que ver con su historia. Hace tiempo que el Ayuntamiento de Villanueva de Sijena y la Comarca de los Monegros pelean por que se establezca un horario más amplio. No sé de dónde se ha sacado la Sra. Ibarz eso que dice.

Tiene una planta románica en palmera, una preciosidad muy poco habitual en toda Europa. Un espacio espléndido que hace tiempo que no se puede visitar porque es objeto de restauración. Que, si no yerro, paga La Caixa.

¿¿¿Una planta románica en palmera??? ¡¡Arquitectos de todo el orbe, venid a estudiar esta maravilla!! Aquí, lo reconozco, me he partido de risa. A mandíbula batiente. La planta de Sijena es ésta:

monasteriodesigenaplano01

Díganme ustedes dónde ven ahí una palmera, que les pagaré una cena. La “palmera” a la que se quiere referir esta señora, sin conseguirlo, es ciertamente un motivo constructivo singular, no una planta (¡jajajajjajajaa! Ay, perdón), que se puede ver en el ángulo noreste del claustro, en lo que eran los antiguos dormitorios de las monjas. Los arcos que sustentan las bóvedas en ese punto, y que se disponen en forma radial, descansan sobre y junto a un único pilar esquinero, y ello hace el efecto de una palmera con sus ramas. Tomo la foto prestada de A. García Omedes.)

Monasterio de Sijena, Villanueva de Sijena- Archivo del Gobierno de Aragón

Pero sigamos, que en tres frases hay tres fallos de bulto y solo hemos comentado el primero. El segundo: no “hace tiempo” que ese espacio no se puede visitar por motivos de restauración: se ha estado acondicionando este otoño-invierno, solo unos meses, para recibir las piezas del monasterio que han de volver de Cataluña. El tercero: sí, señora Ibarz, yerra; la restauración no la paga La Caixa, sino el Gobierno de Aragón. ¿He dicho algo antes sobre lo de hablar a bulto?

Añadamos aún que el monasterio no es propiedad de la DGA sino de la comunidad de monjas que allí vive.

Otro error. Uno detrás de otro. El monasterio es propiedad de la Comunidad de Monjas de Sijena, extinguida y cuyos derechos han pasado a la Orden de San Juan del Hospital o de Jerusalén. La comunidad de monjas “que allí vive” ya hemos dicho que no tiene nada que ver con esto: son las Hermanas de Belén y no son propietarias de nada. Simplemente, el Gobierno de Aragón las autorizó a instalarse allí.

 

El resto del artículo se dedica a reproducir y comentar lo que la autora leyó en las páginas de La Vanguardia el otro día, un artículo de Josep Playà Maset, que más o menos se guía por la narración que hizo Josep Gudiol acerca de su participación en el salvamento de las pinturas de Sijena. Pero incluso así mete la pata la Sra. Ibarz; aunque en este caso, no porque introduzca errores en los datos, sino por lo que calla o malinterpreta. Veamos.

Dice que los frescos estuvieron a punto de desaparecer

a causa del incendio provocado por las milicias anarquistas. Ah, el pasado. Sijena estaba en el frente de Aragón, aquel terrible y esplendoroso paisaje y escenario de la confrontación más fuerte de la guerra del 36. Este es, apunto, uno de los puntos más débiles y deteriorados de la cultura aragonesa presente, la relación difícil, por no decir esquizofrénica, que mantiene con el pasado anarquista al que tanto contribuyó.

1.- La columna anarquista que prendió fuego al monasterio vino de Barcelona.

2.- El frente de Aragón no estuvo en Sijena, sino bastante más al Oeste.

3.- La relación de Aragón con el anarquismo tiene sus altibajos, sí; pero la esquizofrenia absoluta se produce, precisamente, en el tratamiento que le dan los historiadores catalanes, algunos de los cuales se enorgullecen de que Barcelona fuera poco menos que su cuna en España, mientras otros reniegan de ello como de la peste. Revise la bibliografía, por favor.

Y termino ya con los últimos párrafos:

Dos mesos després de l’incendi, l’arquitecte i historiador Josep Gudiol […] se’n va anar a veure’n el resultat. Davant del desastre del monestir i en particular dels frescos […], Gudiol va tornar a Barcelona per recaptar diners i salvar-los. El conseller de Cultura, Ventura Gassol, li va proporcionar 4.000 pessetes (un bon pessic) i dos tècnics que ja coneixien l’aleshores moderníssima tècnica de l’strappo, com extreure frescos de parets medievals. […] El 1940 les obres ja són al MNAC, protegides.

Els frescos són restaurats més a fons el 1943, sota la direcció de Gudiol mateix, tornat ja de l’exili. El 1949 tornen al museu de Montjuïc. Anys després, el 1960, el director aleshores del museu, Joan Ainaud de Lasarte, promou el rescat dels fragments que encara hi havia a Sixena. D’acord amb les autoritats polítiques del moment, són traslladats també al MNAC.

–“La modernísima técnica del strappo” llevaba inventada y aplicándose casi cien años en Italia.

–En 1940 las pinturas quedaron protegidas en el Museo de Barcelona (actual MNAC) porque las depositaron allí las autoridades de patrimonio franquistas, a la espera de que se restaurara el monasterio para devolverlas a su lugar.

–En 1943 los frescos fueron restaurados por Gudiol a iniciativa del comisario del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional en Zaragoza, Manuel Chamoso Lamas, y con el dinero que aportó la Dirección General de Bellas Artes, en Madrid. Como no fue suficiente, lo terminó de pagar el Ayuntamiento de Barcelona, sin permiso.

–En el 49 se retornaron las pinturas al Museo, sin permiso.

–En el 60 se arrancaron las pinturas que quedaban en Sijena, una vez más, sin permiso. El permiso fue otorgado al año siguiente para regularizar lo ya hecho, pero con la indicación de que habían de quedar en depósito hasta su definitivo traslado a Zaragoza o Huesca.

Y ahora viene el hecho

Ayer se derrumbó el campanario de la iglesia leridana de Rosselló. ¿Por qué? Porque en los años 90 le pusieron un remate de hormigón y en el 2000, aprox., tiraron la casa que había junto a la iglesia y que le servía de contrafuerte. Si pones peso y quitas apoyo, es lo que pasa.

¿Qué cabría decir, en opinión de la Sra. Ibarz, sobre el cuidado, responsabilidad y eficacia de la administración catalana en la protección de su patrimonio?

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El libro de Jánovas, en la página de la Ronda

Bueno, pues como de lo que se trata es de que la historia de Jánovas llegue a la mayor cantidad de gente posible, y como el libro que hice hace unos años está agotado, hemos decidido ponerlo en la web para su libre descarga en pdf. Y como los amigos de La Ronda de Boltaña son los mejores, lo han alojado en su página. Gracias a ellos se pudo sacar la edición que hoy os ofrecemos, y durante todos estos años no han dejado de tener un apartado para Jánovas en su web. Allí lo encontraréis. Gracias, Rondadors, sois lo más majo que puede haber.

 

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Sobre la injusticia

Hace justo un mes estuvimos en Jánovas celebrando su fiesta. Fue un día emocionante y divertido, muy entrañable. Su gente sigue adelante a pesar de la desidia de la Administración y de las añagazas y sinsabores que les procuran los de siempre, porque han decidido que la mejor manera de combatir todo eso es no dejar de construir. Destruir es lo fácil. Construir, lo noble. Y tener un proyecto común para hacer que algo “tire p’arriba”, lo más sano del mundo.

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La escuela, la Casa del Pueblo, está casi terminada (sólo faltan las ventanas, “alicatar” algunas cosas por dentro y poco más) y el fuego de su hogar tira que se las pela, haciendo salir esa rondadora bandera de humo por la chimenea que tanta alegría da ver. También han terminado el horno, porque Jánovas no se concibe sin lifara.

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En el balcón más alto de la Casa del Pueblo, una pancarta anunciaba la fiesta y allí salió Toni Garcés a dar un divertido pregón que contenía una dosis de agradecimiento y otra de leña para quienes la merecen; eso sí, con la retranca que caracteriza a este hombre de humor, valentía y nobleza envidiables. Félix Buisán lanzó seguidamente el cohete que iniciaba la fiesta y allí corrió el vino, las cervecicas, las charradas y las risas.

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Y empezó a rondar La Ronda. Entretenida en mil capazos alcancé a los músicos cuando llegaron a cantar “La casa caída” delante del que había sido hogar de los Garcés y pude asistir así a uno de los momentos mágicos del día: tantas voces entonando juntas aquello de “Si se nos cae la casa, se vuelve a levantar” llegaban al corazón de una forma especial y reafirmaban el empeño por no darse por vencidos jamás.

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Mi familia y yo nos sentimos como en casa en ese pueblo maltratado pero nunca vencido. Es como si nos hubieran adoptado. Joaquín, mi marido, dice a cada rato que quiere ser de Jánovas. Tiene gente verdaderamente genial y aunque hay de todo, como en todos los pueblos, predomina allí un espíritu noble y generoso, animoso y socarrón que confiere al grupo una personalidad especial. Tienen… no sé cuál puede ser la palabra: magnetismo, quizá.

Lo llamemos como lo llamemos, fue eso lo que atrapó a Jordi Évole y a todo el equipo del programa “Salvados” cuando este verano fueron a grabar el programa que han dedicado a contar su historia. Évole ya ha manifestado en alguna entrevista que se enamoró de Jánovas y que éste es su programa favorito de esta temporada. Hasta tal punto es así que han querido demostrarlo organizando un pase previo y una fiesta en el pueblo, hasta el que se desplazaron ayer domingo todos quienes forman parte de “Salvados” con sus familias, las parejas, los chiquillos y unas enormes ganas de pasarlo bien y confraternizar con el personal. Hoy se hacía, además, también en Jánovas una rueda de prensa de presentación exclusiva de este reportaje.

Qué de preparar, qué de nervios. Évole notó tal nivel de expectación que, cuando presentó el programa, en la planta baja de la Casa del Pueblo, llegó a excusarse por si echábamos algo en falta o no nos gustaba tanto como esperábamos.

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Pero no fue así: “Salvados” ha hecho un trabajo impecable y ha condensado en 55 minutos las claves más importantes de este drama, en un relato perfectamente hilado, que avanza naturalmente, tejiendo con las palabras de sus protagonistas la cruda urdimbre del atropello, la dureza, el abandono, la crueldad, el turbio funcionamiento del poder, el uso corrompido de la fuerza, el olvido de la legalidad en favor de los intereses de las grandes empresas. De la injusticia. Pero también de la importancia tan grande que tiene la dignidad de las personas y de lo decisivo que puede llegar a ser el comportamiento honesto de quienes tienen en sus manos el funcionamiento de la Administración y la aplicación de las leyes. La denuncia que hace el que fue Secretario de Estado en el tiempo en que se hizo la Declaración de Impacto Ambiental negativa para el proyecto del embalse de Jánovas, en el año 2000, te deja con la boca abierta. Y no digo más porque tenéis que verlo. Veréis en pantalla el empuje y la fuerza de Toni Garcés, enraizados en él con fuerza los valores de sus padres, decidido a volver a Jánovas, levantando las paredes de Casa Castillo porque no quiere que se le vaya la vida esperando mientras las soluciones se atascan en los despachos; y, como a nosotros, os asomarán las lágrimas escuchando, como contrapunto, a su madre, la heroica Francisca, que ha renunciado a contagiarse de la ilusión de su hijo porque a sus 88 años declara su absoluta falta de fe en la justicia.

El aplauso que cerró la proyección debió de resonar en todo el valle. Évole y sus compañeros sonreían satisfechos. Ya podíamos todos entusiasmarnos de verdad y albergar la esperanza de que esta historia, símbolo de la injusticia y del desdén de los poderosos hacia la gente, prenda en el alma de mucha gente, sea conocida en toda España y haga despertar conciencias dormidas. La Administración puede hacer mucho. Y deben hacerlo. No pueden escabullirse. Apoyaron en su día a la hidroeléctrica y tienen que apoyar ahora a los vecinos. No valen excusas, no las hay. Si les queda un mínimo de vergüenza, no podrán consentir esta situación ni un minuto más. Políticos, responsables de organismos todos: dejad de transmitir noticias falsas con anuncios de falsas inversiones y dejad de inhibiros en esta historia que os cubre de vergüenza. Y si no lo hacen los grandes jefes, alzad la voz los funcionarios, los técnicos: no contribuyáis a que las cosas sigan igual con vuestro silencio. Plantaos, hablad, denunciad, demostrad que sois honestos. Haced como Muriel. Ayudad a que la historia de Jánovas deje de ser un símbolo de la barbarie irracional y se convierta en el de una nueva manera de hacer las cosas por parte de los poderes públicos, porque ya basta.

Teníais que haber visto ayer a los jóvenes periodistas del equipo de Évole hablar con pasión de cómo se involucraron, uno a uno, en este reportaje; cómo les costaba reducir las entrevistas al minutaje necesario porque habrían querido sacar más, contar más, hacer un programa más largo; explicar cómo entienden ellos el periodismo, cómo quieren trabajar. Ésa es la gente que necesitamos, porque el periodismo ¡es tan importante!

Volvimos de Jánovas, una vez más, llenos de esperanza y de fe en la gente, envueltos por la música de La Ronda que volvió a tocar en la calle para contagiarnos su alegría reivindicativa. La vida es esto y queremos ser de Jánovas porque ellos son, como los niños, lo verdadero.

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Las pinturas de Sijena

A finales de octubre entregué la investigación sobre las pinturas de Sijena que he realizado gracias a una beca del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Estoy satisfecha del resultado y, hoy, muy orgullosa de esta página en el Heraldo. Esperemos que el libro se publique pronto. Creo que puede ser muy útil.

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