Sijena: unas pinturas fáciles de mover para el MNAC (3)

El Palau Nacional de Montjuic, sede del MNAC, es una patata de edificio que no ha dado más que problemas desde que se inauguró. Muy aparatoso, muy imponente, pero arquitectónicamente una birria. Qué quieren: fue concebido poco más que como “arquitectura efímera” para la Exposición Internacional de 1929 (de hecho se construyó a toda prisa en sólo tres años). El problema es que, acabada la expo, a alguien se le ocurrió que aquello tenía que ser la sede del Museo de Barcelona. Y aunque los técnicos protestaron desde el primer momento, diciendo que aquello no reunía condiciones, allí que se instalaron las valiosas colecciones de arte que ya por entonces la ciudad atesoraba.

Ya vimos en otro post que para su inauguración en 1934 hubo que serrar en varios trozos las pinturas románicas trasplantadas del Valle de Boí hacía poco y trasladarlas de la Ciudadela a Montjuic. Y los nuevos traslados que sufrieron esas pobres pinturas para la guerra. En 1940 ya desde el Ayuntamiento de la Ciudad Condal se planteaba que aquel lugar tenía que ser abandonado y que había que buscar otro emplazamiento más acorde para preservar la colección. Pero nada, no hubo caso: allí se quedó el museo.

A comienzos de los 70 se volvió a hacer un intento de instalación en otra sede, y se llegó a firmar un convenio con las monjas de Pedralbes para la cesión de su convento, donde se instalaría una parte de los fondos, mientras que el resto pasaría a ocupar un edificio de nueva planta. De hecho, una reforma realizada en el museo en aquellos años, donde se tuvo que mover prácticamente toda la colección de románico, se consideró provisional. En la presentación de la guía del museo en 1973 se dice bien claro:

Por cierto que en aquella reforma provisional ya hubo sus problemas con el traslado de los ábsides; eso también lo comentamos en el post anterior. El de Sant Climent de Taull tuvo que ser reforzado sobre la marcha porque se les descoyuntaba.

El caso es que aquel convenio no surtió efecto y al final, en los 80, se decidió que el museo se quedaba donde estaba, fueran cuales fueran los problemas que tuviera el edificio; que eran muchos, pues por entonces el deterioro era tan grave que no se llegaba a poder usar más que un 30% del conjunto.

Se tuvieron que meter allí cantidades ingentes de dinero para poder dejarlo decente en su función de museo. Y se hizo a lo grande, y no sin problemas. Se encargó el proyecto de rehabilitación a la arquitecta de moda en Europa por entonces, Gae Aulenti (que había hecho la reconversión del Quai d’Orsay en París), que planteó una cosa de estas de “arquitecto estrella” que no tenía ningún sentido, aunque aquella idea fue defendida por muchos: pretendía nada menos que convertir el espacio central del museo, el gran Salón Oval, en un lago artificial; y allí, sobre unas plataformas, colocar las piezas emblemáticas de la colección de pinturas murales, entre ellas San Clemente de Taull y Sijena.

El agua, el mejor entorno para unas pinturas. El mejor. Con lo que han alzado la voz algunos por los problemas de humedad de Sijena…

En fin; aquello quedó en nada, afortunadamente. Aunque supongo que costaría sus buenos dineros tirados a la basura. Gae Aulenti tuvo que rehacer su proyecto y dejarlo en algo decente (que, sin embargo, no estuvo exento de críticas porque se cargó partes fundamentales del edificio) y más respetuoso desde el punto de vista de la conservación de las obras, que es para lo que supuestamente tiene que servir un museo.

Y, mientras tanto, ¿cómo afectaba todo aquello a las pinturas de Sijena?

Pues le afectó bastante, la verdad. Cuando todavía parecía que iba a salir adelante el proyecto del estanque, los arcos de la sala capitular fueron desmontados en dos mitades y pasados al piso superior del edificio, que se habilitó como reserva provisional. Con los cambios de proyecto y los retrasos, las pobres pinturas se tiraron en la reserva aquella ocho años.

En ese tiempo, los conservadores del museo se encargaron de hacer un estudio sobre el estado de la colección de pinturas románicas, pero no estudiaron las de Sijena, que ya estaban desmontadas. Se hicieron varios informes, todos los cuales resultaron demoledores: las pinturas se hallaban en un estado lamentable porque hasta entonces el museo no había tenido medidas de control de la temperatura, la humedad, la contaminación… y todo ello en un edificio que estaba tan hecho polvo que por las grietas se colaban pájaros y ratas que hacían sus nidos por doquier y dejaban todo perdido de cagadetas. En los ábsides se habían clavado líneas eléctricas activas, había cientos de tachuelas roñosas que sujetaban las pinturas a sus soportes; grietas, abombamientos, pérdidas de película pictórica… En fin, un desastre. Ya dedicamos a esto otro post.

Pero ah, amigos: el MNAC “es uno de los mejores museos del mundo”, así que todo esto como que no cuenta. Si los problemas hubieran ocurrido en Sijena sería muy otra cosa.

En uno de esos informes , realizado en 1994, se señalaba que era una pena que las pinturas de Sijena no se hubieran estudiado todavía; y que el conjunto de las “pinturas planas”, que eran éstas más las de Cardona y Arlanza, presentaban “levantamientos de película pictórica con peligro de pérdidas de color, formaciones de hongos, sales y una gran acumulación de polvo y suciedad sobre la película pictórica”. Pese a ello, otras conservadoras vinculadas al MNAC consideraron que esas pinturas, sencillamente, no se habían estudiado, como sí se había hecho con los ábsides, porque «se consideraba que la manipulación de estas estructuras sería más fácil durante las operaciones de desmontaje y traslado».

A ver, a ver, volvamos a leerlo:

«se consideraba que la manipulación de estas estructuras sería más fácil durante las operaciones de desmontaje y traslado».

O sea, que lo complicado para los técnicos del MNAC, durante aquella compleja tarea de desmontaje, aserrado en cachos, traslado, arranque de pinturas para colocarlas en soportes nuevos, etc., etc., etc., eran los ábsides. Las pinturas planas, entre ellas las de Sijena, no presentaban mayor problema, y por tanto ni se estudiaban.

Os pongo foto de esta valoración, para que veáis que son las palabras exactas. Están publicadas, o sea, a disposición de cualquiera que quiera comprobarlo. ¿Y dónde fue publicada esta valoración de las conservadoras? Pues en el propio Butlletí del MNAC. En el número 3. Del año 1999. Página 97.

ERAN UNAS PINTURAS CUYO TRASLADO Y DESMONTAJE SE CONSIDERABA “MÁS FÁCIL”.

No sé, ¿lo he remarcado bastante?

Varias cosas más:

  1. Uno de los informes realizados con motivo del traslado de la colección de pinturas murales, en 1989 y por un grupo internacional de expertos entre los que se encontraba Gianluigi Colalucci, dictaminaba lo siguiente:
    El grupo de trabajo de pintura mural manifiesta que los soportes y las capas pictóricas de las pinturas murales del Museo de Arte de Cataluña se encuentran en mal estado de conservación, según se desprende de los estudios realizados, por lo que cualquier movimiento de los ábsides será perjudicial para su estabilidad.

    Por lo tanto, desaconseja el traslado. Sin embargo, el traslado se hizo, porque había que hacerlo: las obras del museo eran inevitables.

  2. También se recomendaba que se aclimatara el nuevo espacio durante un tiempo prudencial antes de que las pinturas fueran trasladadas, pero no se podía retrasar tanto tiempo la apertura del museo, así que esta recomendación no se siguió.
  3. Durante el tiempo que duraron las obras, que fueron varios años, el área de gótico se utilizó como reserva para las piezas muebles de románico. Así que en un mismo ambiente convivieron, almacenadas, piezas de madera, metal, pintura, tela, etc. No hubo problema y nadie alzó la voz ni dijo nada sobre conservación preventiva que imposibilita que todos esos materiales se conserven juntos, puesto que necesitan condiciones ambientales específicas, como sí se ha denunciado reiteradamente en Sijena.
  4. Los traslados de las pinturas murales se hicieron en el 95 a su nuevo emplazamiento. Hubo que derribar los tabiques que simulaban el espacio de las iglesias originales para liberar de allí las pinturas, serrar los ábsides, trasladarlos con estructuras de hierro provisionales clavadas a los soportes (a base de martillazos, supuestamente), y volver a construir los tabiques nuevos que volvían a simular los espacios de las iglesias. Todo ello se hizo sin proteger la película pictórica de cada conjunto, aunque fuera con un poco de papel, lienzo o plástico que las salvara del polvo de las obras.
    Os dejo fotos:

Por cierto, que el de la izquierda con casco blanco, en la sexta foto, es Gianluigi Colalucci.

El número 3 del Butlletí del Mnac, publicado en 1999, está dedicado monográficamente a toda esta operación. Hay datos y fotos muy jugosos, muy interesantes. Al alcance de cualquiera, en cualquier biblioteca. Allí podrán comprobar que todo esto no se consideró una catástrofe, ni una barbaridad, ni se creyó, con todo lo que se lleva aquí contado, que esos traslados pudieran suponer una agresión intolerable a las pinturas, ni se consideró insalvable que las puertas no fueran lo bastante grandes para pasar los conjuntos de pinturas (ya me perdonarán, esto fue de la Simona Sajeva, es que es buenísimo). Todo lo contrario: fue una operación interesantísima, un reto, un gran acontecimiento cultural, una serie de cosas positivas que en ningún caso plantean preocupación o angustia por la situación de las pinturas o los riesgos que podían correr.

De hecho, algunas estructuras utilizadas para el traslado se dejaron puestas en la nueva ubicación de las pinturas, en previsión de futuros traslados. Tal vez en unos años los responsables del MNAC vuelvan a considerar que hay que remodelar la organización de la colección, o el edificio del Palau Nacional siga presentando más problemas, y haya que volver a hacer reformas.

Todo esto “se vale” si se trata del MNAC. Si hay que mover unas pinturas para devolverlas a su lugar de origen, o sea a Sijena, todo son imposibles, los aragoneses solo queremos que se saquen las pinturas de allí para que no las tengan los catalanes y nos da igual que se destruyan.

Y ahora, díganme nosequé de anticatalanismo, que me voy a reír a saco.

 

 

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Sijena: unas pinturas fáciles de mover para el MNAC (2)

El post anterior hacía referencia a traslados sólo de conjuntos completos. En el caso de Sijena, hubo también algunos traslados parciales, de fragmentos del conjunto, que en varias ocasiones salieron del MNAC con destino a exposiciones temporales en Nueva York y Londres. Sé que ya se ha abordado este tema en el blog anteriormente, pero no viene mal un resumen con imágenes de los catálogos correspondientes, la mayoría de los cuales está en red y pueden ser consultados por cualquier interesado.

Los traslados documentados fueron estos:

1970: Siete plafones de las figuras de las genealogías del intradós de los arcos viajaron a Nueva York para participar en la exposición «The Year 1200», celebrada en el Metropolitan Museum. En el catálogo de la exposición aparecen referenciados estos fragmentos en la ficha número 238 bajo el epígra­fe «Seven Prophets from the chapter house of Sigena», y su proce­dencia se identifica como «Spain. About 1200. Fresco. Barcelona, Museo del Arte, Cataluña».

1984: Otros plafones de figuras de las genealogías participaron en la exposición «English Romanesque Art. 1066-1200», celebrada en The Hayward Art Ga­llery de Londres entre el 5 de abril y el 8 de julio. En el catálogo (no accesible online) se indica que ya habían formado parte de la exposición de 1970, pero no se especifica qué plafones se exponían ni cuántos eran; lo único que se muestra en la ficha del catálogo son fotografías de dos paneles anteriores al incendio del 36.

Por otra parte, en la docu­mentación preparatoria del discurso museográfico de 1995, elaborada por el propio MNAC, se indica que el arco de acceso al claustro destapiado durante la operación de arranque en 1960, y que fue menos afectado por el incendio, también participó en esta muestra; se detalla que figuró con el número 87 del catálogo. Pero en el catálogo no aparece ese arco ni se cita.

1993: Un plafón se expuso en Nueva York en la muestra «The art of medieval Spain»: fue el de José (hijo de Matatías, no el padre de Jesús); figuró con el número 104 del catálogo.
*Debo este dato a la información proporcionada por el arquitecto Alejandro Falceto Palacín.

1997: De nuevo tres plafones viajarían a Nueva York para formar parte de la exposición «The glory of Byzantium: Art and Culture of the Middle Byzantine Era», celebrada entre marzo y julio de ese año. En el catálogo aparecen identificadas como Her, Jesse y el Rey David en la ficha n.º 294, «Three Ancestors of Christ».

Además de este trajín, hay que añadir el “descubrimiento” de dos plafones en el propio MNAC por uno de sus técnicos en 1995: el 26 de enero de ese año, desde el Departamento de Documentación se comunica al jefe técnico de restauración el hallazgo en una sala de «dos plafones, con dos figuras cada uno, que decoraban los arcos diafragmáticos de la Sala Capitular». Se trataba de las represen­taciones de Naum y Annos, por una parte, y de Noé y Sem, por otra, y se encontraban origi­nalmente en la parte superior de los arcos tercero y quinto, respectivamente. El técnico se limitaba a informar del hallazgo, añadiendo que, en el caso del fragmento correspondiente a Naum y Annos, «las fotografías de la instalación de la sala 126 y la presencia, todavía, de clavos confir­man que este plafón ya había estado expuesto y que, por razones ahora desconocidas, se reti­ró y almacenó aparte». Ninguno de esos dos plafones había sido enviado a las exposi­ciones en el extranjero mencionadas con anterioridad.

Así que, además de los siete traslados, siete, del conjunto completo señalados en el anterior post, hay cuatro más a exposiciones temporales en el extranjero, la última en 1997, y un par de plafones descontrolados en el museo hasta el año 95. De modo que no estaría mal que el conseller Santi Vila se retractara de lo que dijo en una entrevista en TV3 en noviembre: por dos veces (minuto 3:15) afirmó que no era verdad que las pinturas se hubieran movido del MNAC, y de nuevo (minuto 4:30) insiste en ello diciendo:

Ese argumento de que se han trasladado es absolutamente falso, las pinturas de Sijena jamás en la vida han salido del MNAC. Sí que hay una pieza de las pinturas que es desmontable, porque es la pieza desde donde se hacen las reparaciones, las tareas de mantenimiento, de conservación […], esta pieza concreta sí que se movió, creo recordar que en los años 70, en una ocasión se cedió”.

Bien, sr. Santi Vila, ya ve que de falso nada. Verdad verdadera. Nos debe una disculpa. Una de muchas, porque muchas han sido las falsedades o incorrecciones, vamos a dejarlo en incorrecciones, que ha dicho Ud. sobre este tema; en esta entrevista, sin ir más lejos, hay varias más.

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Sijena: unas pinturas fáciles de mover para el MNAC (1)

Creo que puede tener interés señalar algunos datos sobre los traslados sufridos por las pinturas de Sijena desde que fueron arrancadas en 1936, haciendo especial hincapié en todo lo que supuso el último de ellos, que se produjo como consecuencia de la rehabilitación del Palau Nacional de Montjuic, sede del MNAC, en los años 90. En esa ocasión, cuatro conservadoras del propio museo barcelonés dejaron claro que el desmontaje y traslado de esas pinturas resultaba relativamente fácil, como vamos a ver.

Estas son las ocasiones en que las pinturas de la sala capitular de Sijena fueron movidas de sitio:

  1. 1936: arranque y traslado a Barcelona, a la Casa Amatller.
  2. 1940: traslado de la Casa Amatller al Museo de Arte de Barcelona.
  3. 1943: traslado del Museo de Arte de Barcelona a la Casa Amatller, para su restauración. Cuando salieron del museo se hizo inventario: estaban fragmentadas en 64 trozos, 14 de los cuales habían sido restaurados.

     

  4. 1949: traslado, de nuevo, de la Casa Amatller al Museo, donde fueron instaladas en una sala. Para esta fecha ya habían sido restauradas en su totalidad.
  5. 1961: desmontaje y traslado de la sala donde habían permanecido montadas, pero no expuestas, a otra para su exhibición al público.
    En 1973 se remodeló toda la sección de arte románico del museo, pero no consta que las pinturas de Sijena se movieran.
  6. 1987: desmontaje y traslado a un área de reserva dentro del propio museo, por obras de remodelación del edificio. Dentro de la reserva, según afirmó el propio director del museo, fueron movidas de sitio varias veces.

  7. 1995: traslado y montaje del área de reserva, donde habían permanecido ocho años, a la sala donde fueron montadas de nuevo, y que es en la que ahora están.

Como vemos, fueron al menos 7 los traslados sufridos por el conjunto de las pinturas en 60 años; más de una vez cada diez años. Para no poderse ni tocar por haber sido quemadas y ser muy frágiles, la verdad es que las dejaron parar muy poco.

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El conjunto de pinturas del valle de Boí, entre las que se encuentran las de Sant Climent y Santa María de Taull, que son como las joyas de la corona para el MNAC, llevaron todavía más jaleo:

  1. 1919-1921: son arrancadas y llevadas a Barcelona; se montan en el Museo de la Ciudadela (antigua sede del actual MNAC), pese a que tenía graves problemas para la conservación de obras de arte, tal como queda manifiesto en ocasiones como esta de 1918, en la que la Junta de Museos de Barcelona comenta el lamentable estado del museo ocasionado por la lluvia:

    Lamentable situación que, por cierto, se mantenía en 1923, estando ya en sus salas las pinturas románicas arrancadas de las iglesias del Pirineo. Traduzco:

    “Repetidamente la Junta de Museos ha venido insistiendo […] para que se haga la reparación total de la cubierta de vidrio del edificio del Museo de la Ciudadela. A pesar de que en algunas ocasiones se ha hecho la reparación de algunos trozos, […] quedan grandes áreas sin arreglar, motivando ello, en las épocas de lluvia, una cantidad de goteras que, además de perjudicar la conservación de los valiosos objetos del Museo, en defensa de estos estamos obligados a adoptar medidas que afean las instalaciones, tales como ¿encerats? sobre las vitrinas, montones de serrín y ¿cocis? por el suelo, que producen un visible mal efecto”.

  2. 1934: las pinturas son trasladadas al Palau Nacional, nueva sede del museo. Para ello hubo que serrarlas en varios trozos.

  3. 1936: fueron trasladadas a Olot en camiones, para defenderlas de los posibles peligros de la guerra. Las volvieron a aserrar en varios trozos, operación que dirigió Josep Gudiol bajo las órdenes de Joaquim Folch i Torres.

  4. 1937: fueron trasladadas en camiones a París, al castillo de Maisons Laffitte, donde se prorrogó y amplió la exposición de Arte Catalán que se había organizado en primavera en el Jeu de Paume. Nuevo montaje y nuevo desmontaje en varios fragmentos (en nueve el ábside de Sant Climent de Taull, en diez el de Santa María de Taull). Las pinturas permanecieron allí hasta el final de la guerra.
    *Las fotos y documentos de este apartado están tomadas de la web Las Cajas Chinas.

    Salvaguarda del Patrimonio Artístico catalán durante la Guerra Civil española · Exposición “L’art catalan à Paris” · Museo de Maisons-Laffitte

      
      

  5. 1939: volvieron a España en tren, y en camiones desde la estación al museo. Las volvieron a montar en Barcelona, operación costosa que retrasó la apertura del museo hasta 1942.
    *Las fotos de este apartado están tomadas de la web Las Cajas Chinas.

    Llegada a Barcelona del patrimonio expuesto en Paris · “L’art catalan du xe au xve siècle” · “L’art catalan à Paris”

    Llegada a Barcelona del patrimonio expuesto en Paris · “L’art catalan du xe au xve siècle” · “L’art catalan à Paris”

    Llegada a Barcelona del patrimonio expuesto en Paris · “L’art catalan du xe au xve siècle” · “L’art catalan à Paris”

    Llegada a Barcelona del patrimonio expuesto en Paris · “L’art catalan du xe au xve siècle” · “L’art catalan à Paris”

  6. 1973, se trasladaron dentro del museo por remodelación de la sección de románico. Hubo problemas al moverlas, tal como comentaban en un informe dos de los conservadores del MNAC en los años 80:

  7. 1995: se volvieron a trasladar dentro del museo, otra vez por obras. Y otra vez se volvieron a aserrar en trozos. Ahora, en seis.

La mayor parte de la información y las fotografías proceden de una publicación que hizo en 1999 el propio museo, un monográfico del Butlletí del MNAC dedicado a toda la operación de rehabilitación del edificio del Palau Nacional de Montjuic y traslado de la colección de pintura románica, que se planteó como un reto, una oportunidad, un acontecimiento cultural; jamás como un riesgo inasumible o como una catástrofe, un atentado a las pinturas, una irresponsabilidad, etc.

Pero lo relativo a esta remodelación y a lo que se dijo, antes y después, sobre ella será tema de otro post.

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Las pinturas del ábside de Sijena: ¿otro expolio?

Montserrat Pagès i Paretas, hasta hace poco conservadora de pintura románica del MNAC, publicó en 2012 el libro Pintura mural sagrada i profana, del romànic al primer gòtic. Mas de la mitad de sus 214 páginas se dedican a conjuntos pictóricos aragoneses, sobre todo a Sijena y el castillo de Alcañiz; 30 páginas abordan pinturas europeas y otras 53 páginas estudian conjuntos catalanes. El grueso de la obra está dedicado a Sijena: sala capitular, pinturas profanas e iglesia. Su análisis da mucho juego por diversos motivos, pero hoy nos vamos a centrar en la parte relativa a las pinturas del ábside de la iglesia.

Compré el libro con avidez: consultado el índice, visto que dedicaba tanto espacio a Sijena y siendo la autora una técnica del MNAC, confiaba en obtener una información de primera mano de todo ese caudal de obras y datos que atesora el MNAC y que está vedado a los investigadores externos (al menos, a los aragoneses). Te lees el libro expectante ante lo que estimas una información privilegiada. Pagès PODÍA acceder a ella. Es más: tuvo a su cargo, desde el año 90, la catalogación de todos los fondos de pintura mural románica que custodia el museo. Es más otra vez: DEBÍA aportar esa información. Sobre todo, por el bochornoso hecho de que hasta esa fecha, el MNAC no había hecho nada con todo aquel material, no sabía exactamente de dónde procedía, estaba sin registrar ni catalogar… (ver también este post de APUDEPA):Bueno. Qué desilusión, el libro de Pagès. No da ni un solo dato procedente de los archivos del museo. Es desesperante, por ejemplo, leer lo siguiente (traduzco del catalán)

Las pinturas del coro de la iglesia, es decir las situadas en su pared occidental, a la altura del coro alto [sic], ingresaron en el museo en 1946, procedentes del ayuntamiento de Barcelona. Habían sido adquiridas por el Servicio de Defensa y Conservación de Monumentos de la Diputación de Barcelona en 1946.

En el fragmento mayor, que tiene forma de frontal de altar, se representa el Cristo Juez…

Y ahí, justo ahí, hay una nota. El corazón te palpita: ¿de dónde se ha sacado la información sobre esa adquisición? ¿Está documentada? Pero nada, no hay caso. En la nota pone: “Adquiridas por el Servicio de Defensa y Conservación de Monumentos de la Diputación de Barcelona en 1946”. O sea, lo mismo que se había dicho en el cuerpo del texto y, además, en un punto donde ni siquiera tiene sentido. Aquí, a cualquier historiador, a cualquiera, le dan ganas de cerrar el libro. La cita de las fuentes utilizadas para acreditar las informaciones que se ofrecen en un texto es fundamental, no hacerlo indica una clamorosa falta de profesionalidad. ¿De dónde ha sacado Pagès el dato de la “adquisición” en 1946?

Yo, que soy perseverante, no desistí. Y la llamé. Hace más de dos años. Explicado el motivo de mi llamada, me dijo que no podía hablar conmigo sin previo permiso del director del museo. Me pareció flipante, la verdad: ¡qué férreo control! No poder ni siquiera hablar… En fin, pedí el pertinente permiso, que al cabo de un tiempo se me concedió. Así que volví a la carga. Intenté quedar con ella en Barcelona, no pudo ser… en fin, que finalmente hablamos por teléfono. Y la Sra. Pagès no consintió en decirme nada más de lo que ya aparecía en su libro. No aclaró de dónde había sacado esa noticia sobre la adquisición por el museo de esas pinturas en 1946. No, no, eso es archivo, habla con ellos. Ya. Tot plegat, y en conclusión, que me hicieron perder el tiempo. No era la primera vez: en el MNAC son maestros en esto, es su táctica habitual.

Para entonces llevaba yo una pelea larga por lograr consultar ese archivo, del que se me llegó a negar incluso su propia existencia, y que concluyó con este cruce de mensajes:

En fin, dejemos este tema por ahora. Si lo saco a colación es porque eso impide a cualquier investigador averiguar datos fundamentales (vulnerando la legalidad, pues es un archivo público; pero aunque esto se ha denunciado repetidamente no pasa nada, por aquello de que la ley no es igual para todos). Dicho sea de paso, el hecho de que se niegue la consulta del archivo por el motivo que se me indicó puede constituir, además, delito de ocultación de pruebas.

El caso es que este post iba sobre lo que Pagès publicó acerca de las pinturas del ábside de la iglesia de Sijena. Y, añado ahora, sobre lo que un redactor del Diari Ara publicó ayer sobre el tema.

Disculpen la longitud del artículo. Es un tema complicado y es necesario explicarlo con detalle: se trata de analizar un asunto, no de dar zascas.

Les dejo imágenes de las páginas del libro de Pagès sobre el tema y luego las comento y traduzco:

Como ven, Pagés afirma lo siguiente:

De la decoración mural de la iglesia de Santa María de Sijena se conocen restos del Juicio Final que había en la pared occidental, así como, por fotografías, diversas escenas historiadas que había en el ábside mayor, de las cuales se desconoce el paradero. Aparte de eso, se conservan en la reserva del MNAC diversos fragmentos pictóricos procedentes de la decoración de un tramo de la nave, todavía por estudiar y, la mayoría, por identificar. Lo más destacable es la figura monumental de Santa Catalina. El resto son enmarcaciones y un par de escenas muy estropeadas y fragmentadas.

Las pinturas del ábside

Las escenas historiadas que había parece que al menos eran cuatro, más el Cristo de la bóveda de la ventana absidal, conjunto que se conoce desigualmente a partir de antiguas fotografías y de poco claras descripciones; de todo eso no nos ha quedado nada, lo que como mínimo es muy sorprendente.

Pagès no había estado en Sijena cuando escribió esto, es evidente. De todo eso sí se había conservado algo: para saberlo, solo hace falta entrar en la iglesia y abrir los ojos. Os dejo unas fotografías de Antonio García Omedes para que veáis algunos de esos restos que están in situ, no solo en el ábside sino también en la nave:

 

Además de esta evidencia (podrán ser restos de arranque si es lo que determinan los técnicos, pero ahí están, y dan información que Pagès tendría que haber aprovechado), hay que señalar dos cosas más: 1) Los restos del Juicio Final que nombra Pagès no se encontraban en la pared occidental de la iglesia, como ella afirma; y tampoco “a la altura del coro alto” (Sijena nunca tuvo coro alto); 2) Los restos arrancados procedentes de la nave y en la reserva del MNAC están, según esta autora, “por estudiar y la mayoría por identificar”, lo que debería cubrir de vergüenza a esta institución. Que los den a conocer, al menos; o que dejen que los estudiemos nosotros, ya que ellos no lo han hecho en décadas.

Continúa diciendo Pagés:

A tenor de los fragmentos conservados, es muy difícil de creer que se arrancara solo la ornamentación secundaria y que, en cambio, las escenas historiadas del ábside, lo que realmente era importante, se dejara perder. Más bien parecería que al museo se destinó lo secundaria, es decir, los retajos, que ningún coleccionista habría adquirido.

Esta cuestión, a la que se llega después de analizar las escasas fuentes bibliográficas existentes y su naturaleza, que no ha sido nunca planteada y que evidentemente se habría de profundizar, habría de ser ojeto de una investigación a emprender conjuntamente entre Cataluña y Aragón.

De la segunda frase ya pueden ustedes deducir lo que opino, después de lo que les he contado al principio sobre mis intentos de hablar con esta investigadora; de lo que se afirma en el primer párrafo nos ocupamos a continuación. Pero antes hay que añadir las consideraciones que Pagès añade en nota:

Traduzco, de nuevo:

En la reserva del museo, efectivamente, se conservan 16 fragmentos de pintura traspasada [ahora ya no están en la reserva sino que han vuelto a Sijena, aunque sin documentación], retajos de pinturas todavía inéditos y por estudiar, que ingresaron como depósito de la comunidad de monjas de Sijena en 1960 y que se adquirieron entre 1992 y 1994 por la Generalitat de Cataluña y el MNAC, respectivamente. A partir de esta información se puede deducir que en 1960 toda la decoración del ábside ya debía haber sido arrancada. Pero el hecho de que entre 1958 y 1963 el comisario del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional fuera el prestigioso historiador del arte Carlos Cid Priego, que destapó alguno de los fraudes cometidos en cuestiones similares, quizá impidió la venta.

Por otra parte, que en la reedición del Ars Hispaniae de 1980 se diga que las pinturas del ábside de la iglesia “Se conservan in situ muy destrozadas, aunque poco afectadas por el incendio del real cenobio oscense”, cuando en la edición de 1950, aunque se publicaba una fotografía, no se hablaba de ellas, hace pensar que probablemente aquellas pinturas de las escenas bíblicas todavía no se habían vendido y que justamente se publicaron entonces para acreditar su autenticidad y poderlas vender a buen precio.

Más adelante, en la página 106, la autora insiste en esto último: “En 1950, en el Ars Hispaniae Cook y Gudiol no hablan de ellas, pero publican una fotografía”.

Ñeeeeec, error. En el Ars Hispaniae sí que se habla de estas pinturas, mírenlo:

Sencillamente es que Pagès no lo leyó porque Gudiol denominaba a su autor “Maestro de Artajona”. La suposición de esta autora sobre la venta de estas pinturas, que lleva aparejada un grave delito, se basa por tanto en un error de partida. Gudiol habló tres veces de estas pinturas afirmando que se hallaban in situ: en el Ars Hispaniae de 1950, en la reedición de esta obra en 1980 y en el libro Pintura medieval en Aragón, de 1971, publicado por la Diputación Provincial de Zaragoza.

Por otra parte, Juan Ainaud de Lasarte, director del museo de Barcelona entre 1948 y 1985, también afirmó en 1961, en un informe dirigido a la Dirección General de Bellas Artes, que las pinturas murales de la iglesia necesitaban ser consolidadas, pero que estaban allí, en su sitio, bajo techado (el informe está en el Archivo General de la Administración, caja 65/231, nº 71509/1). Al año siguiente, Ainaud vuelve a referirse a estas composiciones en su libro Pinturas españolas románicas, diciendo lo siguiente: “Esta iglesia estuvo totalmente pintada y en el ábside existen todavía composiciones ejecutadas por un discípulo o seguidor directo del maestro de la sala capitular” (p. 21).

En 1978, finalmente, los profesores  Borrás Gualis y García Guatas, en su libro La pintura románica en Aragón, también aluden a su conservación, muy maltrecha, en su lugar original. Sobre esto último, Pagès considera que “los vestigios que vieron […] ES PROBABLE que fueran solo restos de los arranques”.

O sea, según Pagès (que en 2012 no tenía claro que esos vestigios existieran, o que fueran restos de los arranques), ¿mienten todos estos autores? Gudiol, Cook, Ainaud, Borrás, Guatas… Por otra parte, ¿en qué beneficia a la venta de unas pinturas el hecho de que se diga que estaban in situ si estaban arrancadas? ¿Qué tiene que ver eso con darles mayor o menor autenticidad? ¿Para qué necesitaba Gudiol mentir en 1980 diciendo que se hallaban en la iglesia, si ya lo había dicho en 1950 y en 1971? Yo le recomiendo a esta autora que sea más prudente en sus acusaciones, porque le está atribuyendo un delito a una persona que no se puede defender, basándose en un argumento no solo erróneo sino, además, peregrino. Para acusar tan gravemente, hacen falta pruebas; si las tiene, que las aporte, y si no, que consulte los archivos, que ella sí ha podido hacerlo.

Esta autora, que se ha indignado mucho porque el abogado de Villanueva de Sijena extrajo conclusiones erróneas de lo que ella había dicho (y que, desde luego, puedo jurarles que no es NADA amigo mío), no se ha indignado en absoluto cuando el otro día, en el ara.cat, el periodista Antoni Ribas Tur publicó el artículo antes enlazado, que le salva la cara y le atribuye información que ella no dio. Este periodista me llamó para pedirme datos y esos datos le vinieron muy bien para su artículo, pero no dijo que se los había dado yo. Tras su publicación, estuve dos días persiguiendo al periodista para protestar; cuando finalmente logré hablar con él, sólo me decía: esto ha sido error mío, esto también ha sido error mío… Pero a Pagès esos “errores” ya le deben de parecer bien.

En ese artículo, esa conservadora afirma: “Después de investigar las pinturas y hacer mis deducciones, volví a Sijena para ver cómo estaba el muro, y es evidente que fueron arrancadas”. Y yo le pregunto: Sra Pagès, ¿cuándo fue usted a Sijena, en qué fecha concreta? Porque de lo que escribe en su libro se deduce que no había estado antes de 2012, o que si había estado no había ni mirado la iglesia. Sin embargo, es ella la que se atreve a acusar a otros colegas (aragoneses, claro: Maricarmen Lacarra, en concreto) de no haber ido al monasterio.

Pagès se viene arriba y dice que “Aragón sí que ha perdido los murales del ábside” y que “parece que nadie se había enterado hasta ahora”. Ribas Tur refuerza esta acusación afirmando que “la desaparición del ábside sigue sin ser investigada”, pues Aragón se ha concentrado en el litigio con Cataluña, y que yo, en concreto, digo que no he encontrado nueva información sobre el paradero de estos murales.

Amigos míos, ¿cómo vamos a encontrar ninguna información, cómo vamos a investigar nada, cómo vamos a saber, si el MNAC oculta cuidadosamente sus datos, si no nos dejan investigar sus fondos, consultar sus reservas, acceder a su archivo? No sabemos qué es lo que se guarda en esas reservas: permítanos visitarlas, mirar sus libros de registro, buscar datos gráficos y documentales sobre el patrimonio aragonés que allí se guarda. Y déjense de insidias. ¿Qué es lo que les da miedo que sepamos? ¿Dónde está la transparencia que debe observar un centro sostenido con fondos públicos?

Yo le dije al periodista clara y extensamente por qué yo no había “encontrado nueva información sobre el paradero de estos murales”, pero él no tuvo a bien indicarlo. Mira qué bien. Tampoco explica por qué doy “una visión totalmente diferente de las mismas fuentes que aporta Pagès”. A los que claman por el cumplimiento del código deontológico del periodismo me gustaría verlos ahora quejándose de la misma manera. Ah, pero no lo hacen.

 

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Unas pinturas “intocables” y otras aserradas

Acabo el año, cómo no, con Sijena. Con unos datos sobre esa supuesta imposibilidad de mover las pinturas murales. Como veréis, en los 80 no sólo se movió toda la colección del MNAC, sino que para ello hubo que someter algunos conjuntos a intervenciones muy agresivas. Por ejemplo, el ábside de Sant Climent de Taüll fue aserrado en seis trozos.
Igual es que no les cabía por las puertas.
El año que viene, si os parece, os cuento alguna cosa de las pinturas del Valle de Boí y de las varias veces que las pinturas fueron montadas, desmontadas y aserradas en trozos. Porque fueron más de dos y más de tres.
Por un año nuevo en el que se acaben las mentiras y se respete la justicia. Salud!

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La pertenencia a una diócesis

Me pregunto qué quiere decir “pertenecer a una diócesis”, en qué se traduce eso en la práctica. Me pregunto en qué se tradujo para los pueblos de Huesca que pertenecían a la de Lérida/Lleida. Ya, en que a los curas de las parroquias los elegía su obispo. Supongo, en los ingresos correspondientes por parte de los fieles y el Estado. ¿Y a cambio, en su patrimonio, se notaba algo?

Quiero decir, ¿el obispado de Lérida puso pasta alguna vez para el sostenimiento de las parroquias, de los templos y ermitas?

Me lo pregunto después de ver esta información de la DGA del año 97, sobre las inversiones realizadas en la diócesis de Lérida. Nada menos que 484 millones de pesetas invertidos desde que Aragón tuvo competencias en Patrimonio y hasta 1995, en el mantenimiento y restauración de 30 edificios que “pertenecían” a la diócesis de Lérida pero que estaban en pueblos aragoneses.

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Estoy harta de leer por ahí que “si los catalanes no hubieran cuidado nuestro patrimonio, se habría perdido”. ¿Qué aportó en los pueblos el obispo? ¿Qué hay que decir del dinero invertido por el Gobierno de Aragón? ¿Si no hubiera sido por él, qué habría sido de esas iglesias? ¿Por qué no nos acordamos del obispado para pedir responsabilidades del cuidado del patrimonio? ¿Sólo pertenecían los pueblos a la diócesis para aportar y no para recibir? Si los pueblos pertenecían a esa diócesis, pertenecían para bien y para mal: si se descuidaba el patrimonio, la responsabilidad era del obispo; pero la pasta la ponía el Gobierno de Aragón… y aún nos tenemos que oír lo que nos tenemos que oír.

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Las pinturas de Sijena, desmontadas

Post breve. Entre 1987 y 1994 ó 1995, mientras se hacían obras de rehabilitación en la sede del MNAC, las pinturas de Sijena estuvieron desmontadas en la reserva. Aquí, cuando las desmontaban.

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Aquí, desmontadas en la reserva:

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Si se pudieron mover en 1987 y ahora no, ¿qué les habéis hecho en estos treinta años a las pinturas?

Pongo otra foto del montaje en 1961, para que se vea que son piezas móviles. Que no es necesario “volver a arrancar” las pinturas.

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Mucho me temo que a Gianluigi Colalucci le preguntaron si sería factible “volver a arrancar” las pinturas.  Lo deduzco de las respuestas que da. Y dijo que no, claro. Por eso, cuando le han preguntado que si se podían DESMONTAR, ha dicho que sí. Que es una operación que hay que hacer con infinito cuidado, porque conlleva riesgos serios, pero que sí.

 

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Carta abierta a Sor Virginia Calatayud, comisaria pontificia de los monasterios sanjuanistas en España

Estimada Sra.:

No sé si habrá leído Ud. el artículo que sobre Sijena publica hoy El País-Cataluña en su sección de política… huy, perdón, de cultura. Es un texto construido para tratar de asustar a la comunidad sanjuanista de Salinas de Añana, pues afirma, desde la entradilla, que “Las monjas tendrían que pagar más de 1,7 millones por los 97 bienes y las pinturas, si la justicia les acaba dando la razón” en cuanto a las reclamaciones realizadas para la devolución del patrimonio del viejo monasterio oscense, casa madre de la Orden de San Juan como usted sabe.

Si no lo ha leído, le invito a que lo haga con detenimiento y se lo tome con humor. Porque lo primero que salta a la vista es que quienes han ideado y escrito el artículo nos consideran tontos, en primer lugar a ustedes, las religiosas, que es a quienes va dirigido el artículo; pero en general también a todos los lectores de El País. Es evidente para cualquiera que ahí se han hecho las cuentas del Gran Capitán, así que esta carta, que va dirigida a Ud., en realidad es un poco también para el autor del texto, que no me tiene en mucha estima porque me atreví a criticarle un artículo, también sobre Sijena y sobre ustedes. De todos modos, además de comentar las obviedades creo que puedo aportar algún dato desconocido y útil, así que quizá estaría bien que conservaran esto para el futuro.

1,7 millones de euros afirma el periodista que tendrán que pagar ustedes si se devuelven las obras reclamadas a Aragón. Porque lo diga él. O porque lo diga la Generalitat, que es la parte demandada. La sentencia no dice nada de eso, el propio periodista lo reconoce.

El cálculo de esa cantidad lo ha hecho el diario, según podemos leer. Y la fiabilidad del mismo (del cálculo, aunque con la deriva que lleva El País en los últimos tiempos podríamos decirlo también del diario) es nula. Vamos, es tronchante. Lo mejor de todo es el cálculo del valor de las pinturas, que se cifra en un millón de euros porque en un documento que la jueza no admitió en el juicio a los abogados del MNAC se decía, no sabemos por quién, que su valor “era incalculable, pero en todo caso superior al millón de euros”. Así que anotamos en nuestra cuenta, con buena letra: uuun millooooón de eeeeeuros. ¿Que se debe pagar en concepto de qué? ¿Que lo deben pagar quiénes? ¿Sus propietarias? ¿A cambio de haber recibido qué?

O sea, yo me quedo unas pinturas que completan, y de qué manera, la colección de mi museo; me las quedo en depósito durante ochenta años, sin pagar ni un céntimo en todo ese tiempo por su uso y disfrute, y no las devuelvo cuando las dueñas me las piden; fuerzo a los reclamantes a ir a juicio; la sentencia me obliga a devolverlas, porque juzga que no tengo razón; y finalmente me atrevo a decir que, para devolvérselas a sus dueñas como me ordena una sentencia judicial, les voy a pedir que me paguen ¡¡lo que calculo que las pinturas valen, como si fueran mías y no suyas!!

Pero aquí no termina la cosa. Hay otro asunto que también es sangrante porque deriva de un abuso de Joan Ainaud de Lasarte y que ahora se quiere elevar a justificante de pago. Se lo cuento seguidamente, aunque es un poquito largo (y aunque estoy haciendo, me parece, demasiados spoilers de mi libro), porque es muy jugoso.

Verá, Sor Virginia: para arrancar las pinturas murales de la sala capitular de Sijena, en el otoño del 36 (operación que, eso no hay que ponerlo en duda, las salvó de su completa destrucción), a Josep Gudiol, que fue quien se encargó del arranque, le dieron 4.000 pesetas. Y se las dio la Generalitat.

Gudiol inició también los trabajos de restauración de esas pinturas ya durante la guerra. No sabemos lo que se invirtió en ello, pero quedaron a medio hacer. Lo de ‘medio hacer’ es un decir, porque de los 64 fragmentos en que se habían arrancado, consta que sólo fueron traspasados a soporte en tela 14. O sea, quedaban 50 fragmentos por tratar.

En 1940 se ofreció al Museo de Zaragoza dejarlas allí en depósito si esta entidad pagaba los trabajos que quedaban por hacer, que se presupuestaban en unas 30.000 pesetas.

En 1943, el Estado pagó 3.000 pesetas para que los Gudiol retomaran su restauración, que no podría progresar mucho porque la cantidad, como ve, era muy exigua: el presupuesto ofrecido por los Gudiol ascendía a 38.000 pesetas. Como no se siguió aportando dinero, aquello se quedó en una intentona.

En 1949, el director de lo que hoy es el MNAC, Joan Ainaud de Lasarte, decidió tirar por la calle de enmedio y proponer al Ayuntamiento de Barcelona que pagase la restauración de las pinturas, que por cierto ya estaba realizada (quizá es que Gudiol confió en que el dinero del Estado llegaría tarde o temprano, y se arriesgó a ir avanzando el trabajo). Sólo faltaba el montaje en el museo. El presupuesto que dio Gudiol en esa fecha, que incluía todos los trabajos necesarios, incluidos los de traspaso y reconstrucción de las partes perdidas, así como construcción de bastidores de soporte, su montaje y repaso una vez estuvieran colocadas, fue de 118.800 pesetas.

El Ayuntamiento de Barcelona puso el dinero. Ainaud dijo que tenía permiso de Bellas Artes para hacer esta operación y se comprometió, por su parte (“en el bien entendido”, dice: no asegura, sólo supone), a que si alguna vez las pinturas volvían a Sijena el Ayuntamiento de Barcelona sería compensado debidamente.

Dos años después, sin embargo, Bellas Artes daba permiso a Huesca para restaurar esas pinturas, arrancar las que quedaban en el monasterio todavía y llevarse todo a Huesca para que quedara depositado en el museo de la ciudad. Dejemos ahora a un lado el tema (crucial) de que Bellas Artes hubiera dado a Huesca un permiso que sólo dos años antes había dado, según Ainaud, a Barcelona; y el hecho de que la autorización a Huesca se conserve y la que afirmaba tener Ainaud no aparece por ninguna parte. Vayamos al tema del presupuesto.

Al tener noticia de lo que había dispuesto, esta vez sí, Bellas Artes, el director del museo de Barcelona se puso en contacto con el presidente de la Diputación de Huesca y le dijo que, además de que tenía que contar con una sala adecuada para las pinturas, lo que era del todo razonable, habría que abonar a Barcelona lo que se había gastado en la restauración. Que, por arte de birlibirloque, se había convertido en nada menos que el triple, o casi: Ainaud pedía ahora 334.879 pesetas, con 65 céntimos.

¿Recuerdan que por arrancar las pinturas en el 36 se habían pagado 4.000 pesetas? Pues ahora se habían convertido en 125.287,50. ¿Recuerdan que las había pagado la Generalitat? Pues ahora Ainaud decía que se tenían que pagar al Ayuntamiento.

A esa cantidad se sumaban las 118.800 que realmente se habían pagado, aunque ahora figuraban sólo en concepto de traspaso y restauración. Y se añadían 90.792,15 en concepto de montaje de las pinturas.

¿Se dan cuenta qué barbaridad, qué patraña, qué robo, qué abuso, qué…? En fin, reconozco que es difícil tomarse esto con humor, sí.

Cuando “se descubrió el pastel” por Bellas Artes, Íñiguez afirmó, en un informe confidencial fechado en 1955 y dirigido al Marqués de Lozoya, que era el titular de esa Dirección General, que el trabajo se había hecho “sin encargo ninguno de este servicio”, y que los gastos eran “en gran parte de instalación […] y no encargados por nadie”. Afirma que la situación de las pinturas en Barcelona, desde el punto de vista legal, “no tiene fundamento ninguno”; y califica de “perfectamente clandestino, y por consiguiente sin valor ninguno, el acuerdo con las religiosas, si es que existe”.

Bueno: como para sentirse muy orgulloso de la actuación del MNAC, no es, ¿no le parece, Sor Virginia? Lo inaudito es que se pretenda, o que se insinúe siquiera, cobrar por toda esta historia bochornosa, y hacerlo sobre unas cifras (¡actualizadas, por supuesto!) que deberían causar vergüenza. A quien la tenga.

No sé si el artículo de El País habrá causado en ustedes alguna inquietud. Espero que no, porque ya ven la carencia de fundamento que tiene lo que se ha escrito. Se pretende solo asustarlas con maniobras muy tontorronas. No hagan caso.

Sor Virginia, es usted una mujer valiente que ha contribuido a que se haga justicia en este caso. No sé qué trato he de darle para despedirme, así que permita que le envíe, simplemente, un abrazo.

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Que Barcelona no quiso quedarse las pinturas…

En El Punt Avui de hoy viene otro artículo, con un corte final. Transcribo a continuación, traducida al castellano, la parte final y seguidamente la comento:

“Barcelona no quería quedarse las pinturas”

En Aragón se insiste en que las reclamaciones para el retorno de las obras no son de ahora, sino que comenzaron en la inmediata posguerra. “Barcelona no tenía ningún interés en quedarse las pinturas. Se estuvo esperando hasta que la pieza se comenzó a deteriorar y, para impedirlo, se tenía que traspasar a un soporte definitivo. En 1949 hacía falta colocarla en un sitio u otro, o se perdía”, explica Berlabé. Este lugar fue el MNAC, con el visto bueno de las monjas del monasterio, sus propietarias. Pero habría podido ser el Museo de Zaragoza si hubiera querido. Berlabé, que está desempolvando documentos para difundir la verdad de un conflicto terriblemente endemoniado, aporta una prueba muy clara –y no es la única–. La ha encontrado en el libro Arte y Guerra Civil, de Luis Monreal, agente del  Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que recoge la propuesta que hizo el propio Gudiol: llevar las pinturas al Museo de Zaragoza siempre que fuera esta institución la que asumiera todos los costes. El caso es que el director del museo “se espantó del compromiso económico y declinó la oferta”, revela Monreal en su libro.

INDICACIONES PARA LA SRA. BERLABÉ, QUE ANDA DESEMPOLVANDO DOCUMENTOS PARA “DIFUNDIR LA VERDAD”:

  1. Enhorabuena por haber descubierto un libro publicado en 1999. También Domingo Buesa publicó hace años un artículo sobre el tema. De nada.
  2. Monreal dice que esa historia sucedió en 1943. No fue así. Fue el propio Monreal quien, como comisario del SDPAN en Barcelona, ofreció al Museo de Zaragoza que se quedara las pinturas. Pero eso no fue en 1943, sino a finales de 1940. No pudo ser Gudiol quien le propusiera nada, por tanto, pues en esa fecha estaba en el exilio; y, además, no era quién para ofrecer semejante cosa. ¿Qué autoridad tenía él? Tampoco la tenía Monreal y por eso la oferta al Museo de Zaragoza se frustró. El caso es que Galiay, el director del museo, accedió a lo que proponía Monreal, no rechazó la oferta ni se amohinó por el coste. Varias entidades e incluso particulares aportaron un dinero que el museo no tenía. Se hizo campaña de prensa, perfectamente consultable. Pero Manuel Chamoso, comisario del SDPAN en Zaragoza, no estaba de acuerdo con ese proyecto. Consideraba, como sus jefes en Madrid y otras entidades aragonesas, que las pinturas tenían que volver al monasterio, cuando estuviera restaurado. Por eso se frustró la operación pocos meses después, cuando al museo zaragozano le faltaban unas 8.000 pesetas para alcanzar la cantidad requerida, que fueron 30.000 pesetas y no 6.000, como Monreal dice.
  3. Está fenomenal que busque documentación para “difundir la verdad”, pero el comienzo ha sido regulero, como ve. Trate de ser más prudente. Se lo digo también porque lo primero que ha lanzado a la prensa ha sido su conclusión: “Barcelona no quería quedarse las pinturas”. Tras una investigación de varios años, créame, le puedo asegurar que la conclusión no es esa. Ni de lejos.
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El MNAC, “la UCI de las pinturas murales”

En el enésimo artículo de El Punt Avui contra el traslado del patrimonio de Sijena a su lugar de procedencia, en el que se aprovecha una vez más para pintar un retrato lo más feo posible de los aragoneses, se dice que el MNAC es la UCI de las pinturas murales. Puede que lo sea en los últimos veinte años; antes de eso, era muy otra cosa. Las pinturas allí no estaban bien conservadas en absoluto, y desde luego no les sentó bien el clima húmedo de Barcelona. Me refiero a todas, obviamente, no solo a las de Sijena.

Os dejo aquí un fragmento de mi investigación sobre el particular, del que he eliminado las notas a pie de página (esas, en el libro, que saldrá en un par de meses), para que veáis lo que decían los expertos, incluido Gianluigi Colalucci, sobre el estado de conservación de las pinturas murales románicas en el MNAC en distintos informes realizados entre 1989 y 1994, durante las obras de restauración del museo:

Entre 1987 y 1995, las pinturas de Sijena permanecieron desmontadas en un área de reserva habilitada en la planta alta del MNAC mientras se llevaban a cabo las obras de restauración y renovación del edificio. Los arcos tuvieron que ser desmontados separados en dos mitades. El proyecto de obras había comenzado a idearse en 1985, pocos años después de la última reorganización de las colecciones y cuando se había desechado la idea de trasladar el museo al Monasterio de Pedralbes por considerar el edificio del Palacio Nacional de Montjuic inadecuado para albergarlas. Las obras finalizaron, para la sección de románico, en 1995.

Se aprovechó el cierre del museo en esos años para proceder a la restauración de las pinturas murales, pero no consta que las de Sijena lo fueran, al menos en profundidad. El entonces director, Eduard Carbonell, hace constar únicamente que fueron “consolidadas”. En 1988 y 1989 se elaboraron informes previos sobre el estado de conservación de la colección de pinturas románicas del museo a cargo de Joaquim Pradell y Eduard Porta. Según afirmaban estos técnicos, era la primera vez que se realizaba “una comprobación exhaustiva del estado de conservación de las obras”, y la valoración que hicieron fue muy negativa. Su análisis se centró principalmente en los ábsides, sobre los que, en las conclusiones generales, destacaban como puntos más preocupantes la fragilidad de los soportes de madera, para varios de cuyos traslados realizados hasta la fecha, que desde los años veinte fueron al menos seis, se habían practicado cortes que permitieran su transporte en camiones, y en los que encontraron carcoma activa que hacía precisa una completa desinfección; debilidad también en los tejidos soportes, “que de progresar su deterioración [sic] destruirán completamente las pinturas”; presencia de sales solubles sobre muchas áreas de las capas de color, que las habían degradado y ocasionado su descohesión; numerosas tachuelas de hierro oxidadas en todas las capas pictóricas y en todos los ábsides, que habían provocado la corrosión de las telas y manchas de óxido irreversibles; defectos y alteraciones en las reintegraciones pictóricas; y abundante “suciedad, mugre, polvo y excrementos de paloma y de rata”, debida al “pobre estado de conservación del edificio”. Este último, por “las numerosas aberturas y grietas” que presentaba, permitía “el paso de pájaros y roedores que anidan muchas veces directamente en el interior de los ábsides”. Finalmente, destacaban que “la mayoría de los daños detectados tanto en los soportes como en las capas pictóricas y resto de materiales” habían sido provocados por “la humedad relativa elevada y los cambios bruscos de ésta”, así como, en los últimos años, “por el incremento constante de la contaminación atmosférica”. Y todo ello, en conjunto, por “la ausencia total de sistemas de control del clima desde la fundación del MAC”.

En abril de 1989, una reunión de expertos en la que se integraron varios restauradores del equipo técnico del museo y otros internacionales, determinó varias recomendaciones sobre el traslado e instalación de las pinturas, así como sobre sus necesidades de conservación; entre ellas pedían que el estudio del estado de conservación de las pinturas se ampliase “a las pinturas murales planas que forman parte, también, de las pinturas del Museo”.

En 1992 se encargó un nuevo análisis del estado de conservación de las pinturas a Marcel Stefanaggi e Isabelle Dangas, que expusieron en sus conclusiones que “el estado de conservación de las pinturas murales románicas del MAC puede ser calificado de deficiente”, reafirmando en líneas generales el contenido del informe de 1989 y añadiendo algunos otros problemas, singularmente la existencia de líneas eléctricas activas clavadas directamente sobre la estructura de los ábsides, sin protección, lo que entrañaba graves y obvios peligros.

Pocos meses después, en agosto, se presentaba un proyecto de restauración de los ábsides del MNAC por Gianluigi Colalucci que, pese a que se denominaba “Proyecto ábsides”, no excluía las pinturas planas. En él se recogía el dato de que los ábsides habían sido trasladados al menos cinco veces y que “no queda constancia de que se haya realizado nunca una restauración a fondo; las únicas intervenciones realizadas se han dedicado a una fijación externa de la pintura con resultados poco menos que desastrosos”, de manera que “tanto el estado de conservación como el estético están pidiendo a gritos una restauración”.

Por último, un nuevo informe realizado en 1994 confirmaba todas las patologías señaladas, en algunos casos agravadas. En este caso se hacía una referencia directa a las pinturas de Sijena:

Hacemos una mención especial de las obras que presentan graves problemas de conservación: arcos de Cardona, arcos de Sijena y un fragmento de pintura de San Pedro de Arlanza. Estas presentan levantamientos de película pictórica con peligro de pérdidas de color, formaciones de hongos, sales y una gran acumulación de polvo y suciedad sobre la película pictórica.

Os dejo también un par de fotografías de los documentos en los que me baso.

Es cierto que hoy por hoy no se reúnen las condiciones adecuadas en Sijena para acoger las pinturas. Se están haciendo obras para conseguirlas. Si no se consiguieran, no habría que trasladarlas. Lo primero, en efecto, es su preservación. Pero, con las debidas garantías, puede hacerse. El propio Colalucci desaconsejaba mover los ábsides de San Clemente  de Taull y demás en los años 90, cosa que debía hacerse con motivo de las obras de restauración; pero lo consentía, porque había de hacerse. Se tomaron las medidas correspondientes, y los ábsides se trasladaron, pese a que estaban en un estado de conservación delicadísimo, muy malo. En algunos casos, la intervención propuesta era más radical y, en este caso sí (no como en Sijena), consistía en arrancar de nuevo las pinturas y otorgarles un nuevo soporte, por degradación del que tenían. Colalucci es un magnífico restaurador pero tiene mala memoria.

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Las evaluaciones del personal del propio museo eran mucho más severas:

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Está bien que las cosas las evalúen los técnicos, estoy de acuerdo. Pero que se acuerden de todos los episodios vividos, y que no se limiten a hacer de voceros de la versión de una institución. Que lo cuenten todo, que lo evalúen todo.

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