Un retablo de Binaced, no de Lérida

¿Recuerdan la historia que les contaba aquí sobre el retablo de San Antón, procedente de Villanueva de Sijena, que algunos se empeñan en decir que perteneció a la Seu Vella de Lleida? Pues hoy traigo otro caso similar, el de un retablo que procede de Binaced (Huesca) pero que se pretende hacer pasar como de Lérida sin que haya para ello ninguna base, y digo ninguna base.

El retablo en cuestión, que debió de estar dedicado a la Virgen, se ha datado en el segundo tercio del siglo XV y es uno de los casos singulares en los que se sabe quién fue autor, pues va firmado: “Iacobus Ferrarii”, es decir, Jaime o Jaume Ferrer. Desmontado quizás en el siglo XVIII, cuando se construyó la actual iglesia parroquial, las tablas que quedaban en el pueblo a finales del siglo XIX pasaron a Lérida por orden del obispo Josep Meseguer, que había fundado el Museo Diocesano hacía pocos años. En ese museo siguen. Son tres tablas, una de ellas con dos escenas, que representan el Nacimiento y la Epifanía, la Ascensión y Pentecostés. Solo he conseguido foto medio decente de las dos primeras tablas, es esta (y procede de aquí):

¿Se fijan en que en la parte inferior de la foto está la firma? Huy, eso vuelve locos a los historiadores, mamma mía. De hecho, a partir de ahí se ha podido identificar al autor de otros retablos similares y trazar su personalidad artística, deslindarla de otras similares y establecer una saga de pintores de apellido Ferrer… (bueno, esto último todavía no es una prueba superada: hay muchas discrepancias entre los estudiosos, pero no vamos a entrar en ese tema, que nos desviamos).

La cuestión es que en 1893, por orden del obispo Meseguer, el párroco de Binaced preparó para su envío a Lérida unas tablas góticas que servían como puerta de un armario de la sacristía de la iglesia, una de las cuales, al parecer por culpa de ese uso, estaba estropeada. Tardaron a salir del pueblo porque el alcalde se opuso a que se las llevaran y se creó un conflicto en el que el obispo, indignado, respondió que no pensaba “consentir que ningún alcalde me impida la jurisdicción y derechos que tengo de administrar los bienes de la Iglesia”;* riñó también al párroco por no haber sido más sigiloso con la operación, y éste se disculpó y le echó la culpa al carpintero.

Todos estos datos proceden de la tesis de Carmen Berlabé, conservadora del Museu de Lleida, que está en la red. Iba a poneros un pantallazo del documento en el que el párroco se disculpa y acusa al carpintero de haberse ido de la lengua, pero como se ponen tantas restricciones al uso de esa tesis, tendréis que buscar vosotros mismos el documento (por otra parte, incompleto) para comprobar lo que digo: está en el vol. 2, pág. 134.

Las tablas no llegarían a Lérida hasta 1898 ó 1899, año en el que el boletín eclesiástico de la diócesis da noticia del ingreso de seis tablas procedentes de Binaced. A las dos del armario, pues, se habían añadido cuatro más. Desde 1929 se apuntó como procedencia de esas tablas concretas, por parte de los responsables del museo, la iglesia de Binaced. Y atendiendo, como planteó en los años 90 Berlabé, a que en los inventarios antiguos llevan el número 244, y que las piezas correspondientes a los números 243 y 245, esto es, la anterior y la posterior, son también de Binaced, parece que es altamente probable que esa sea, verdaderamente, su procedencia. Se admite comúnmente, de hecho, que así es.

Pero hay dos problemas. Uno, que, no entiendo por qué motivo, cuando los estudiosos se refieren a estas obras hablan de “las tablas de la Natividad y la Epifanía del Museu de Lleida”, o “la tabla firmada de Jaume Ferrer”, o términos similares que evitan nombrar a Binaced. Y, dos, que se afirma que esas tablas serían originariamente de la Seu Vella de Lleida y que debieron de llevarse a Binaced en el siglo XVIII, cuando la catedral vieja fue desacralizada, pues todo el turó donde se asienta fue destinado para usos militares.

Ya he indicado al principio que esta última afirmación no tiene NINGUNA base. No hay nada que nos permita suponer que fue así. Simplemente, se dice que fue así y punto.

Les recomiendo que echen un vistazo al trabajo escrito por el mayor estudioso de la pintura de los Ferrer, el profesor Isidro Puig, sobre este particular. Así tendrán idea de hasta qué punto esa supuesta procedencia de la Seu Vella es una falacia que no se sustenta en nada. El trabajo en cuestión es este:

En la pag. 230, Puig nos informa de que en 1978, en el catálogo de una exposición que acompañó a la celebración del Congrés de Cultura Catalana, en la Seu Vella, alguien, no sabemos quién, indicó en la ficha de esta pieza: “Correspon a un retaule que segurament fou d’aquesta Seu”. “Corresponde a un retablo que seguramente fue de esta Seo”. Nada más. No se dice por qué ni por qué no. No sabemos quién lo dijo. Simplemente esa frase se puso en un pequeño catálogo de una exposición titulada Què és i què ha estat la cultura catalana. Y a eso se agarraron los demás como a un clavo ardiendo: Gudiol, Alcolea, Yarza admite la posibilidad con interrogante… Ni un solo argumento, documento o base que permita sostener tal afirmación, ni entonces ni hasta hoy.

“Lo más importante es la asignación que desde entonces se hace de estas obras a la Seu Vella de Lleida”, dice Isidro Puig en la p. 231 de su libro. Un origen que él también acepta, aun reconociendo que no hay constancia documental alguna para ello (p. 228). Y lo acepta como acto de fe: “creemos firmemente”, afirma, que tanto estas tablas como otros retablos cuyo análisis se incluye en el libro, “fueron realizados para unas capillas de la Seu Vella de Lleida durante el primer tercio del siglo XV”. Lo único que aporta para secundar esta posibilidad es una apreciación que me abstendré de comentar, porque se comenta por sí sola: la de que

el nivel estilístico y la calidad plástica que exhiben las obras que nos ocupan hace difícil pensar tuviera [sic] otro destino que no fuera la misma Seu Vella.

Ya. Como que no hay obras magníficas por pueblos de todo el país, pequeños, grandes y diminutos. Debieron de ser hechas todas para las grandes catedrales de las ciudades y luego repartidas por ahí.

Que sí, que he dicho que no iba a hacer comentarios. Ya me callo.

Como la atribución infundada a la Seu Vella de estas obras la cortapegan otros autores, va calando como cierta poco a poco; con decir que “lo afirma fulano”, que es experto o profesor, ya está. Pero ya ven ustedes el fundamento con el que se hacen las cosas a veces: ninguno.

Sin embargo, en la web del Museu de Lleida, Diocesà i Comarcal, lo que se indica sobre estas tablas es lo siguiente:

Ya les he dicho más arriba que se busca la manera de llamar a estas tablas de cualquier modo que no sea “retablo de Binaced”. Incluso si se pone en duda su origen, es curioso que con el retablo de Albatàrrec, que se encuentra en la misma situación que el de Binaced, es decir, que de él también se afirma que su origen pudo ser la Seu Vella con idéntico fundamento (ninguno), eso no pasa: este sí es nombrado como “retablo de Albatàrrec”. Me pregunto por qué.

De modo que así se consuma el expolio más radical que puede hacerse: el de negar la procedencia, la pertenencia, el impulso que hizo posible la obra. No es solo que la pieza no esté donde debería estar, que alguien se la llevase a otro lugar, que no se quiera devolver. Es algo más profundo: que te digan que no es tuya, que el nombre del lugar de origen se borre por completo, que se le asigne un origen falso e infundado. Es negar que fue aragonesa. A la brava, sin fundamento, negarlo sin más. Y va calando.

 

*Cosa que, por cierto, es un argumento sólido en favor de la postura aragonesa en la reclamación de los “Bienes de la Franja”, entre los que se incluyen estas tablas; pues el obispo está reconociendo que él es quien dispone a voluntad del patrimonio de la diócesis. Siendo así, sostener que el obispo compraba los bienes para el museo es más que difícil, como han reconocido siempre los especialistas en derecho canónico en este litigio.

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Una respuesta a Un retablo de Binaced, no de Lérida

  1. Pedrito dijo:

    Bueno lo justificaran diciendo que Binaced perteneció a Cataluña o a los Paisos catalans, como hacen muchos historiadores, opinadores de tres al cuarto o mercenarios de la pluma que tienen para la causa ( como ya han hecho con Sigena por ejemplo, diciendo que los limites territoriales estaban alli).

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