La gente amable

Cosas que pasan. Me fui a Barna el otro día a consultar algunos libros que me interesaban en la biblioteca del MNAC y que consideré inencontrables en cualquier otra parte. (Son libros de tema catalán, los más recientes publicados en los años 70 y 80, y los más antiguos de 1937 y 1938; o sea, que no se los encuentra uno así, en cualquier lado.)

Entro en la recepción de la biblioteca. El guarda de seguridad me habla en catalán pero enseguida cambia al castellano (pese a que le digo que no se preocupe, que lo entiendo bien), se alegra de saber que soy de Zaragoza y, más, de las Cinco Villas, pues su padre era de Uncastillo. Nada, que pegamos hebra un rato. Mientras me toma los datos y alucina con mi nombre (qué cruz, toda la vida igual), me fijo en unas vitrinas que tienen libros expuestos allí al lado. Y me quedo de piedra pómez.

¡Son justamente los libros que yo iba a buscar!

Se lo digo al amable segurata, y alucina por segunda vez.

–¡Halaaaa! A ver si te has hecho el viaje en balde…

–No hombre, que habrá más ejemplares, ¿no?

Lo duda. Y se va raudo a decírselo a las de la biblioteca. Sale una señora mayor, menudita, con gafas.

–Hija mía, esto es que no nos había pasado nunca, ¿eh?

Pero no da ni muestras de que haya mayor problema. No pone en duda que yo vaya a poder consultar esos libros. Lo único que me dice es que los de mantenimiento seguramente tardarán un rato en subir a abrir las vitrinas.

Mientras tanto, me pasan otros libros que sí están accesibles. Y al rato, viene de nuevo la bibliotecaria.

–Anda, ven a decirnos cuáles son los libros que quieres.

Acudo. Les digo que éste, éste, este otro… Tres vitrinas para abrir. Sin un mal gesto, sin ápice de fastidio, los de mantenimiento ponen en marcha unos aparatejos a modo de asas que sirven para levantar los cristales de las vitrinas (que pesan un huevo) y… ¡auuup!, mientras ellos las sostienen en el aire, las menudas manos de la bibliotecaria sacan los ejemplares que le he pedido. Éste, éste, este otro… Venga, la siguiente vitrina.

No tuve que rogar, ni suplicar, ni protestar… Hicieron todo como la cosa más natural del mundo. ¡Y no les había pasado nada semejante nunca antes!

Viva la gente amable y dispuesta. Vaya desde aquí un “chapó” sincero a todo el personal de esa biblioteca. Moltes gràcies.

sijena-libro

[En la imagen, una de las fotografías de un libro que pude consultar en el museo: son las pinturas de la sala capitular de Sijena, tras su destrozo en la guerra.]

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