Sijena: unas pinturas fáciles de mover para el MNAC (3)

El Palau Nacional de Montjuic, sede del MNAC, es una patata de edificio que no ha dado más que problemas desde que se inauguró. Muy aparatoso, muy imponente, pero arquitectónicamente una birria. Qué quieren: fue concebido poco más que como “arquitectura efímera” para la Exposición Internacional de 1929 (de hecho se construyó a toda prisa en sólo tres años). El problema es que, acabada la expo, a alguien se le ocurrió que aquello tenía que ser la sede del Museo de Barcelona. Y aunque los técnicos protestaron desde el primer momento, diciendo que aquello no reunía condiciones, allí que se instalaron las valiosas colecciones de arte que ya por entonces la ciudad atesoraba.

Ya vimos en otro post que para su inauguración en 1934 hubo que serrar en varios trozos las pinturas románicas trasplantadas del Valle de Boí hacía poco y trasladarlas de la Ciudadela a Montjuic. Y los nuevos traslados que sufrieron esas pobres pinturas para la guerra. En 1940 ya desde el Ayuntamiento de la Ciudad Condal se planteaba que aquel lugar tenía que ser abandonado y que había que buscar otro emplazamiento más acorde para preservar la colección. Pero nada, no hubo caso: allí se quedó el museo.

A comienzos de los 70 se volvió a hacer un intento de instalación en otra sede, y se llegó a firmar un convenio con las monjas de Pedralbes para la cesión de su convento, donde se instalaría una parte de los fondos, mientras que el resto pasaría a ocupar un edificio de nueva planta. De hecho, una reforma realizada en el museo en aquellos años, donde se tuvo que mover prácticamente toda la colección de románico, se consideró provisional. En la presentación de la guía del museo en 1973 se dice bien claro:

Por cierto que en aquella reforma provisional ya hubo sus problemas con el traslado de los ábsides; eso también lo comentamos en el post anterior. El de Sant Climent de Taull tuvo que ser reforzado sobre la marcha porque se les descoyuntaba.

El caso es que aquel convenio no surtió efecto y al final, en los 80, se decidió que el museo se quedaba donde estaba, fueran cuales fueran los problemas que tuviera el edificio; que eran muchos, pues por entonces el deterioro era tan grave que no se llegaba a poder usar más que un 30% del conjunto.

Se tuvieron que meter allí cantidades ingentes de dinero para poder dejarlo decente en su función de museo. Y se hizo a lo grande, y no sin problemas. Se encargó el proyecto de rehabilitación a la arquitecta de moda en Europa por entonces, Gae Aulenti (que había hecho la reconversión del Quai d’Orsay en París), que planteó una cosa de estas de “arquitecto estrella” que no tenía ningún sentido, aunque aquella idea fue defendida por muchos: pretendía nada menos que convertir el espacio central del museo, el gran Salón Oval, en un lago artificial; y allí, sobre unas plataformas, colocar las piezas emblemáticas de la colección de pinturas murales, entre ellas San Clemente de Taull y Sijena.

El agua, el mejor entorno para unas pinturas. El mejor. Con lo que han alzado la voz algunos por los problemas de humedad de Sijena…

En fin; aquello quedó en nada, afortunadamente. Aunque supongo que costaría sus buenos dineros tirados a la basura. Gae Aulenti tuvo que rehacer su proyecto y dejarlo en algo decente (que, sin embargo, no estuvo exento de críticas porque se cargó partes fundamentales del edificio) y más respetuoso desde el punto de vista de la conservación de las obras, que es para lo que supuestamente tiene que servir un museo.

Y, mientras tanto, ¿cómo afectaba todo aquello a las pinturas de Sijena?

Pues le afectó bastante, la verdad. Cuando todavía parecía que iba a salir adelante el proyecto del estanque, los arcos de la sala capitular fueron desmontados en dos mitades y pasados al piso superior del edificio, que se habilitó como reserva provisional. Con los cambios de proyecto y los retrasos, las pobres pinturas se tiraron en la reserva aquella ocho años.

En ese tiempo, los conservadores del museo se encargaron de hacer un estudio sobre el estado de la colección de pinturas románicas, pero no estudiaron las de Sijena, que ya estaban desmontadas. Se hicieron varios informes, todos los cuales resultaron demoledores: las pinturas se hallaban en un estado lamentable porque hasta entonces el museo no había tenido medidas de control de la temperatura, la humedad, la contaminación… y todo ello en un edificio que estaba tan hecho polvo que por las grietas se colaban pájaros y ratas que hacían sus nidos por doquier y dejaban todo perdido de cagadetas. En los ábsides se habían clavado líneas eléctricas activas, había cientos de tachuelas roñosas que sujetaban las pinturas a sus soportes; grietas, abombamientos, pérdidas de película pictórica… En fin, un desastre. Ya dedicamos a esto otro post.

Pero ah, amigos: el MNAC “es uno de los mejores museos del mundo”, así que todo esto como que no cuenta. Si los problemas hubieran ocurrido en Sijena sería muy otra cosa.

En uno de esos informes , realizado en 1994, se señalaba que era una pena que las pinturas de Sijena no se hubieran estudiado todavía; y que el conjunto de las “pinturas planas”, que eran éstas más las de Cardona y Arlanza, presentaban “levantamientos de película pictórica con peligro de pérdidas de color, formaciones de hongos, sales y una gran acumulación de polvo y suciedad sobre la película pictórica”. Pese a ello, otras conservadoras vinculadas al MNAC consideraron que esas pinturas, sencillamente, no se habían estudiado, como sí se había hecho con los ábsides, porque «se consideraba que la manipulación de estas estructuras sería más fácil durante las operaciones de desmontaje y traslado».

A ver, a ver, volvamos a leerlo:

«se consideraba que la manipulación de estas estructuras sería más fácil durante las operaciones de desmontaje y traslado».

O sea, que lo complicado para los técnicos del MNAC, durante aquella compleja tarea de desmontaje, aserrado en cachos, traslado, arranque de pinturas para colocarlas en soportes nuevos, etc., etc., etc., eran los ábsides. Las pinturas planas, entre ellas las de Sijena, no presentaban mayor problema, y por tanto ni se estudiaban.

Os pongo foto de esta valoración, para que veáis que son las palabras exactas. Están publicadas, o sea, a disposición de cualquiera que quiera comprobarlo. ¿Y dónde fue publicada esta valoración de las conservadoras? Pues en el propio Butlletí del MNAC. En el número 3. Del año 1999. Página 97.

ERAN UNAS PINTURAS CUYO TRASLADO Y DESMONTAJE SE CONSIDERABA “MÁS FÁCIL”.

No sé, ¿lo he remarcado bastante?

Varias cosas más:

  1. Uno de los informes realizados con motivo del traslado de la colección de pinturas murales, en 1989 y por un grupo internacional de expertos entre los que se encontraba Gianluigi Colalucci, dictaminaba lo siguiente:
    El grupo de trabajo de pintura mural manifiesta que los soportes y las capas pictóricas de las pinturas murales del Museo de Arte de Cataluña se encuentran en mal estado de conservación, según se desprende de los estudios realizados, por lo que cualquier movimiento de los ábsides será perjudicial para su estabilidad.

    Por lo tanto, desaconseja el traslado. Sin embargo, el traslado se hizo, porque había que hacerlo: las obras del museo eran inevitables.

  2. También se recomendaba que se aclimatara el nuevo espacio durante un tiempo prudencial antes de que las pinturas fueran trasladadas, pero no se podía retrasar tanto tiempo la apertura del museo, así que esta recomendación no se siguió.
  3. Durante el tiempo que duraron las obras, que fueron varios años, el área de gótico se utilizó como reserva para las piezas muebles de románico. Así que en un mismo ambiente convivieron, almacenadas, piezas de madera, metal, pintura, tela, etc. No hubo problema y nadie alzó la voz ni dijo nada sobre conservación preventiva que imposibilita que todos esos materiales se conserven juntos, puesto que necesitan condiciones ambientales específicas, como sí se ha denunciado reiteradamente en Sijena.
  4. Los traslados de las pinturas murales se hicieron en el 95 a su nuevo emplazamiento. Hubo que derribar los tabiques que simulaban el espacio de las iglesias originales para liberar de allí las pinturas, serrar los ábsides, trasladarlos con estructuras de hierro provisionales clavadas a los soportes (a base de martillazos, supuestamente), y volver a construir los tabiques nuevos que volvían a simular los espacios de las iglesias. Todo ello se hizo sin proteger la película pictórica de cada conjunto, aunque fuera con un poco de papel, lienzo o plástico que las salvara del polvo de las obras.
    Os dejo fotos:

Por cierto, que el de la izquierda con casco blanco, en la sexta foto, es Gianluigi Colalucci.

El número 3 del Butlletí del Mnac, publicado en 1999, está dedicado monográficamente a toda esta operación. Hay datos y fotos muy jugosos, muy interesantes. Al alcance de cualquiera, en cualquier biblioteca. Allí podrán comprobar que todo esto no se consideró una catástrofe, ni una barbaridad, ni se creyó, con todo lo que se lleva aquí contado, que esos traslados pudieran suponer una agresión intolerable a las pinturas, ni se consideró insalvable que las puertas no fueran lo bastante grandes para pasar los conjuntos de pinturas (ya me perdonarán, esto fue de la Simona Sajeva, es que es buenísimo). Todo lo contrario: fue una operación interesantísima, un reto, un gran acontecimiento cultural, una serie de cosas positivas que en ningún caso plantean preocupación o angustia por la situación de las pinturas o los riesgos que podían correr.

De hecho, algunas estructuras utilizadas para el traslado se dejaron puestas en la nueva ubicación de las pinturas, en previsión de futuros traslados. Tal vez en unos años los responsables del MNAC vuelvan a considerar que hay que remodelar la organización de la colección, o el edificio del Palau Nacional siga presentando más problemas, y haya que volver a hacer reformas.

Todo esto “se vale” si se trata del MNAC. Si hay que mover unas pinturas para devolverlas a su lugar de origen, o sea a Sijena, todo son imposibles, los aragoneses solo queremos que se saquen las pinturas de allí para que no las tengan los catalanes y nos da igual que se destruyan.

Y ahora, díganme nosequé de anticatalanismo, que me voy a reír a saco.

 

 

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4 respuestas a Sijena: unas pinturas fáciles de mover para el MNAC (3)

  1. Antonio López Menero dijo:

    Señora Menjón: Sigo con especial interés todo lo que nos cuenta sobre Sijena (cada artículo suyo “más sabroso” que el anterior) y solo me queda que FELICITARLA por su buen hacer.
    Ahora “a rezar” para ver si TV3, El Punt Avuí y demás medios apesebrados catalanes “se dignan” incluirlo en alguno de sus comentarios.
    Gracias por su excelente trabajo.

    • Inde dijo:

      Muchas gracias, Antonio. En los medios de comunicación que usted cita esta información no saldrá por mucho que se rece ni que se pongan velas ni aunque baje la Moreneta a echarles instancia. Simplemente, no les interesa publicar datos ni abrir debate: su labor es otra.

      Gracias por sus palabras. Nuestro único problema es que no tenemos tanta repercusión como sí tiene la “versión catalana”; de eso se valen, es su única baza, porque los argumentos están todos de nuestro lado.

      • Antonio López Menero dijo:

        Iluso de mí. Como van a recoger ningún artículo suyo, si usted no existe, o mejor dicho, usted “no es nadie”, según el ínclito Don ALBERTO VELASCO (amigo suyo según tengo entendido)
        Mándele una foto (de cuerpo entero), a ser posible dedicada, junto con su título de historiadora a ver si le pasa como a San Pablo cuando cayó del caballo y vio la luz.
        Y, ya puestos, otras copias a Don SANTI VILA, el acatador que no cumplidor de Sentencias.
        Cordialmente,
        Antonio

        • Antonio López Menero dijo:

          Perdón. Donde he escrito “Como” debí poner “Cómo”.
          Me he comido y nunca mejor dicho, el acento.
          A perdonar, eh.
          Antonio

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