Dos por tres calles (II)

Segundo dato: no sé cómo se puede negar la existencia de una venta y a la vez pedir su nulidad. Es tremendo, esto.

1) En 1925, y son datos de nuevo publicados por Berlabé, cuya tesis está en red DESDE HACE AÑOS, las monjas intentaron vender un lote de objetos, entre los cuales solo había, que se sepa, dos piezas reseñables: una arqueta, que hoy está en el Museo Marès, y una tabla de las Once Mil Vírgenes que está en el Museo de Zaragoza.

2) Se me acusó ayer de afirmar, sin fundamento, que esas ventas existieron. Yo lo único que he dicho es que, contra lo que dijeron, en falso (y ya les di cera por eso), los conservadores del Museo de Lérida, NO HAY CONSTANCIA DE QUE SE DIERAN LOS PERMISOS NECESARIOS POR PARTE DE NINGÚN MINISTERIO. Que alguna venta hubo, es seguro. Os dejo, como prueba, la nota de inventario del Museo de Zaragoza, que da fe de que la tabla ingresó en enero de 1927 y fue vendida en diciembre.

De la arqueta del Marés no sabemos nada: opacidad total. En su web solo se dice que es una donación del propio Marés. Una donación del dueño del museo a su museo. Es tanto como no decir nada.

3) Si la arqueta se vendió en 1927 o en 1929, o después de 1929, DA IGUAL PARA EL CASO. Siempre fue después de 1923, que es lo que importa a la hora de efectuar la posible reclamación. Saber que estuvo en Sevilla en 1929 es chulo, pero a los efectos que tratamos ES ALGO COMPLETAMENTE IRRELEVANTE. Lo que hay que averiguar es cómo llegó a manos de Marés. Eso sí sería importante. Si hay dudas de que esa venta se produjo, confírmese, investíguese ANTES DE METERSE EN OTRO PLEITO, POR DIOS.

4) No pretendo mancillar “la santidad” de las monjitas de Sijena (algo parecido dixit Nieto ayer, no me dan ganas ni de comprobarlo, bohjgxz). De hecho, si alguien ha tenido la paciencia de leer todo lo que estos años atrás he escrito sobre el monasterio y el dichoso litigio, se habrá dado cuenta de que las defiendo. Cuando las tengo que defender, cuando tengo argumentos para hacerlo. Cuando no, no. Se llama ser honesto en la profesión, en este caso la mía, que es la de historiador.

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