Poblet, el puzzle

Estuvimos el viernes en los monasterios de Rueda y Poblet. Una gozada. Surgen muchas historias que contar, pero la primera va a ser la cita de varios fragmentos de un capítulo del libro Arte y Guerra Civil, de Luis Monreal Tejada (1999), publicado por La Val de Onsera, que el autor dedica a la trabajosísima reconstrucción de Poblet y a sus artífices.

Va la cita, que se inicia en el punto en el que, tras la Desamortización de Mendizábal (1835) el monasterio, como prácticamente todos los demás del país, queda abandonado:

En agosto de aquel año 1835 ya se habían dispersado todos los monjes, sin que las autoridades civiles hubieran tomado ninguna medida para la salvaguarda del monumento. El P. Agustín Altisent, en su documentada Historia de Poblet da detallada cuenta de las vicisitudes por las que pasaron los religiosos, a partir del momento en que quedó desierto todo el dominio cisterciense populetano. El archivo trasladado y dividido, la biblioteca saqueada, los huesos de los monarcas sacados de sus tumbas rotas y esparcidos por la iglesia. Más tarde Mosén Serret, cura de la iglesia de Espluga de Francolí, en unión de Pedro Gil, recogieron los restos dispersos, ocultándolos en el templo de la Espluga durante algún tiempo y trasladándolos después para su guarda en la catedral de Tarragona.

En aquel desbarajuste de huesos se ha creído poder reconocer los despojos de dos insignes personajes. Se atribuyeron los huesos más largos a Jaime I, por la fama de su aventajada estatura. Y se supuso que correspondía a Carlos príncipe de Viana un cuerpo momificado al que faltaba un brazo, amputado según se dice por los barceloneses, antes de enviar el cadáver a Poblet, a fin de conservar ese miembro como reliquia.

Durante unos años, trabajaron ávidamente en el sagrado recinto cuantos excavadores clandestinos quisieron, en busca de los supuestos tesoros de los monjes. O bien, aficionados a las antigüedades que arrancaban sin miramiento estatuillas y otros fragmentos escultóricos, visibles hoy muchos de ellos en museos y colecciones de todo el mundo. Se vendían falsos planos de emplazamiento de tesoros, facilitados por algún monje según los timadores. Gente incauta los compraba e invertía más o menos dinero en abrir tumbas y agujerear paredes sin resultado. […]

Todavía hay que mencionar los destructores por saña, que colaboraron en la tarea de convertir en miles y miles de cascotes la riqueza escultórica en piedra y en alabastro que constituía la magnífica decoración de Poblet. […]

En 1844 se crearon las Comisiones Provinciales de Monumentos y la de Tarragona tomó a su cargo la custodia y vigilancia de los monasterios de Poblet y Santes Creus, disponiendo para ello de escasísimos recursos económicos. Aún así, años más tarde había realizado algunos trabajos de limpieza y ordenación de las ruinas.

[…]

La situación fue mejorando paulatinamente bajo los cuidados de la Comisión de Monumentos de Tarragona, cuya presidencia recayó hacia 1925 en un personaje singular, don Eduardo Toda y Güell, que había sentido la llamada de Poblet siendo un niño. Recorrió todo el mundo durante los largos años de su carrera diplomática y regresó a residir la última década de su vida en el propio monasterio, donde murió dando el relevo a los monjes del Císter.

Fue él quien llevó a Poblet al rey Alfonso XIII y consiguió el Real Decreto de 14 de junio de 1930 por el que se creaba el Patronato del Monasterio de Poblet, cuyo presidente fue Toda. […] Ya presidente del primer patronato, empieza su labor reconstruyendo la antigua casa del maestro de novicios, en el jardín de la clausura, ante un bello estanque. Será la casa del Patronato, en la que su presidente se quedó a vivir. Su presencia en Poblet es cotidiana y por ello de máxima eficacia, dedicado por entero a esta obra. Va consiguiendo, poco a poco, ayudas económicas y realizando restauraciones parciales. Sobre todo en los lugares más visibles, como la iglesia y su retablo mayor, el claustro con el templete de la fuente, la gran cocina monástica, etc.

Tiene un ayudante que se ha trasladado también desde Reus para vivir en Poblet. Lo conocí bien y jamás supe su apellido e ignoré todo respecto a su familia. Se llamaba simplemente Joanet. Era un buen picapedrero con habilidades de escultor. De tipo bajo y ancho, casi cuadrado, humilde, callado y sonriente. […]

¿Qué hacía Joanet en el maltrecho monasterio? Recogía trozos de piedra. Había llenado de grandes mesas formadas por tableros sobre caballetes las dobles naves que habían sido, y vuelven a ser, biblioteca y archivo. Sobre ellas ponía y clasificaba, observando materiales y formas, todos los  trozos dispersos. Este del retablo de Forment, el otro del sobreclaustro, uno de las tumbas reales, aquel de las cámaras funerarias de los Cardona, etc. Agrupados así, cada uno en su mesa, Joanet pasaba horas y horas mirándolos y dándoles vueltas. De pronto hallaba dos fracturas que coincidían y al juntar sugerían una figura que acaso posteriores hallazgos iban a completar. Y cuando llegaba a este resultado, volvía a colocar la estatua o el relieve en los lugares para donde habían sido hechos. Nadie que no lo viera entonces puede imaginar la inmensidad de aquel abrumador rompecabezas.

Cuando años más tarde se reconstruyeron los sepulcros reales, la labor de Joanet en años de búsqueda fue decisiva. Del trabajo se encargó el escultor Federico Marés, quien rehizo las estatuas yacentes guiándose por los fragmentos auténticos, que eran incrustados en ellas […]. Delante de Marés no se podía nombrar a Joanet, pues le parecía que la paciente tarea preparatoria realizada por éste ensombrecía su creación de las nuevas tumbas reales.

Joanet fue recompensado con la Medalla de la Orden de Alfonso el Sabio y creo que éste fue el único reconocimiento que obtuvo en su vida. Se la ponía en el pecho, con visible cortedad, cuando venían autoridades a alguna fiesta grande en Poblet.

De hecho, es que todavía no se le reconoce siquiera su existencia. Lo que se cuenta en los libros es más o menos parecido a esto que reproduzco a continuación, que he sacado de esta página (por cierto muy buena y de donde proceden tres de las fotos que aquí aparecen; las demás son mías):

En 1942, el Ministerio de Educación se hizo cargo de la restauración de los sepulcros reales. El proyecto era volver a emplazar los arcos escarzanos y los sarcófagos tal y como se sabía que habían existido. El arquitecto provincial responsable de la obra fue Monravá y el escultor responsable de restituir la escultura fue Federico Marés que hizo una obra insólita trabajando con los 500 fragmentos informes de alabastro que pudo reunir, procedentes de la obra original. Aun siendo tantos los fragmentos, representaban tan solo el dos por ciento de lo perdido. Marés utilizó para la restauración el alabastro procedente de Beuda en Gerona, la misma cantera que había abastecido a los artistas del siglo XIV. Durante diez años estuvo trabajando en este rompecabezas, con gran paciencia y profesionalidad.

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5 respuestas a Poblet, el puzzle

  1. Javier dijo:

    Yo visité también hace tres meses Poblet (no lo hacía desde niño) y me di cuenta del desastre que se hizo en su día con el monasterio. Me vinieron a la mente imágenes de hace treinta años de lugares arrasados como el palacio de la Aljafería, los monasterios de Rueda, Veruela o Santa Fe, los castillos de Montearagón o Cadrete, el pueblo viejo de Belchite… Hemos tenido suerte con algunos, pero otros están ya destrozados o a punto de caer. Salvemos esta parte de nuestra historia.

  2. anagadner dijo:

    Oiga, que bueno:conocía la wikipedia, la frikipedia, pero la urbipedia no.¡menudo hallazgo!

  3. admin dijo:

    Y por lo que he visto es buena, ¿eh?

  4. anagadner dijo:

    Tengo ataque de emoción con la urbipedia, se lo juro.Encima he visto que tiene una entrada un tio abuelo mio…emoción

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